Opinión

Psicología

Un mal de esta epóca…

04|08|19 20:50 hs.

Por Claudia Torres (*)


Vivimos en una sociedad altamente competitiva, con muchas exigencias de los otros y de nosotros mismos, cumplimos con varias tareas a la vez, vivimos hiperconectados a las diferentes tecnologías, no podemos perder un segundo. Este contexto exige a las personas mayor grado de autonomía, flexibilidad, capacidad de iniciativa, seguridad en sí mismo y capacidad para moldearse a situaciones nuevas. 

Vamos y venimos hasta que nuestro propio cuerpo nos dice: “Basta”. Por eso creo que es más que importante, sobre todo a esta altura del año, retomar un tema que parece no pasar “de moda”. ¿Cuántos de uds. se ven reflejados en el siguiente párrafo? 

"No doy más… no puedo… siento que me voy a morir. Tengo un peso acá en el pecho que no me deja respirar. Nuevamente, siento que me voy a morir… me mareo y comienzo a transpirar, tengo un hormigueo en mis manos… ¿me estoy volviendo loca? Me da mucho, mucho miedo salir y hacer las cosas que antes hacía sin problemas y cuando se me pasa… tengo miedo a que se repita”. 

La ansiedad es una manifestación esencialmente afectiva, es un mecanismo humano de adaptación al medio en que vivimos y nos ayuda a superar ciertas exigencias del mismo. 

Es una emoción normal, que se experimenta en situaciones en las que el sujeto se siente amenazado por un peligro externo o interno. Habría que diferenciar entre miedo (el sujeto conoce el objeto externo y delimitado que le amenaza y se prepara para responder) y ansiedad (el sujeto desconoce el objeto, la amenaza es interna y existe una dificultad en la elaboración de la respuesta).

El miedo es el resultado de la percepción de un peligro conocido, la ansiedad es el resultado de la percepción de un peligro fantasmático inconsciente. Se tiene miedo a ser atacado por un león, hecho que posiblemente no ocurra en nuestra sociedad, porque allí hay un peligro real, pero se puede estar ansioso en situaciones sociales en las que no hay ningún peligro “real”. La ansiedad es fundamentalmente el resultado de sentir un peligro desconocido en una situación objetivamente no peligrosa, o menos peligrosa de lo que uno siente que es. 

Las “crisis de angustia” o “ataques de pánico” suelen tener como factor más relevante, altos niveles de estrés a los que estamos expuestos cotidianamente. 

La ansiedad es anormal cuando es desproporcionada y demasiado prolongada en relación con el estímulo desencadenante. La diferencia básica entre la ansiedad normal y la patológica, es que ésta última se basa en una valoración irreal o distorsionada de la amenaza. Cuando es muy severa y aguda, puede llegar a paralizar al individuo, transformándose en pánico. 

¿Que pasa cuando este estado afectivo se torna negativo y nos impide realizar nuestras actividades diarias? Comenzamos a experimentar diferentes sensaciones que nos angustian, algunos de los síntomas físicos que podemos sentir y que generalmente son los que más nos preocupan, pueden ser: taquicardias (nuestros latidos cardíacos se aceleran) opresión en el pecho, sudoración, molestias digestivas, tensión muscular, hormigueo y esos mareos o inestabilidad tan molesta. 

Hay otros síntomas que también debemos tener en cuenta, esa sensación de agobio, de sentirnos amenazados, de estar frente a un peligro inminente que no podemos distinguir y nos imposibilita tomar decisiones. Estos síntomas psicológicos producidos por una ansiedad negativa, provocan alteraciones en nuestras conductas, a nivel intelectual y social afectando nuestro rendimiento en el trabajo, en el estudio y en nuestros vínculos con los demás. 

Podemos observar manifestaciones a nivel conductual, como esas posturas corporales rígidas, dificultad para estar quietos o expresiones faciales de asombro. A nivel intelectual y cognitivo, podemos presentar dificultades en la atención, concentración o memoria, confusión y el recuerdo solo de cosas desagradables. 

Es aconsejable tener presente que estos estados se pueden revertir. Deberíamos aprender a relajarnos y respirar, hablar de aquello que nos esta pasando, aceptar e identificar las emociones que sentimos y reeducar los pensamientos. Buscar ayuda de un profesional es el primer paso para mejorar nuestra calidad de vida.

“Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas”. Sigmund Freud 

(*) Lic. Claudia Eugenia Torres
M.P.:40256 
Lic.claudiatorres@outlook.com 
En Facebook: Licenciada Claudia Eugenia Torres