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El reconocido bajista Willy González

“Quiero la música que escuchaba en el auto de mi viejo”

12|08|19 13:59 hs.

Los músicos de nuestra ciudad y quienes tienen gusto por los grandes instrumentistas tuvieron dos días a full en nuestra ciudad. 


Es que desde el jueves por la tarde, en una clínica abierta en La Casona, y el viernes por la noche, durante el concierto en la Fundación Campano, quienes concurrieron a una o las dos de las propuestas pudieron encontrarse con un músico de excepción. 

LA VOZ DEL PUEBLO pudo presenciar el ensayo general realizado antes del concierto, en un ambiente más que intimista y lógico para esta previa. 



Allí -junto a Sergio Troiano, Juan Subranni, Manuel Aguinaga, Facundo Medina y mate de por medio mientras ejercitaban la rutina-, Willy González se prestó al diálogo con el diario. 

Obviamente que la primera intriga surgió del porqué su cambio de jazz a la música latinoamericana o nuestro folclore, algo que “también se preguntaban todos”, dice Sergio Troiano. 



“O a raíz de qué -agrega el propio González-. En realidad te lo contestaría al revés, ¿por qué si a mí siempre me gustó el folclore y el tango toqué rock y jazz? Y la respuesta a eso es que cuando empecé con el bajo las respuestas que había eran que todos en el 78-79 tocaban rock sinfónico”. 


La previa del concierto de Willy González


“Escuchábamos King Crimson, Yes; pero yo venía con la idea de la música de Hugo Díaz o de Astor -mi viejo era fana de él- o de La Negra Sosa. Mi vieja era profesora de danzas folclóricas y le gustaba mucho; ellos no eran tan populares eran como una vanguardia. Entonces mi desarrollo musical fue primero dentro del rock sinfónico; después con el jazz tuve la oportunidad de compartir con algunos de la escena mundial. Un día me acuerdo -en el barrio de Saavedra donde yo vivía- me levanté y dije ‘no quiero tocar más esta música’. Después que lo habíamos hecho con Scott Henderson en el 92-93 y con otros más pensé: está fenómeno pero a lo más que puedo aspirar es a sonar como ellos y no quiero eso. No por una cuestión de notoriedad, sino que empezó a pesarme otro sonido”. 



Mutación 
Allí y durante los primeros tiempos del 94’, es que Willy cambia abruptamente y “el primero con el que me vinculo del folclore es con el Chango Spasiuk. El tenía un quinteto muy poderoso –con los dos hermanos Villalba, Gabriel y Sebastián-, con ellos yo grabé el primer disco que hicimos; entré a un lenguaje en el que me sentía como en casa”. 

A partir de allí comienza un nuevo derrotero tocando con el acordeonista correntino Néstor Acuña, conoce a Liliana Herrero. Luego a Rodolfo Sánchez y al percusionista de Raúl Carnota, con quienes graba en trío “Reciclón”. 



Es cuando decide dedicarse pura y exclusivamente a la música argentina y latinoamericana. “y de ahí no solté más el hueso. La última cosa más jazzística que hice fue ‘Soundances’ el disco nominado al Grammy Latino y Norteamericano en 2005 junto a Diego Urcola, el Pollo Raffo y Hernán Merlos, entre otros, fue música con un tono latinoamericano”. 

Identificación 
En cuanto a su presente, Willy sostiene que “no digo que en mi el jazz fue; pero hoy no tengo nada que ver con eso. A pesar de esto Mil Evans es un tipo que emociona, Johnny Michels me vuela la cabeza, el mismo Jaco Pastorius. Yo no voy a ser tan estúpido que, como no toco jazz, digo no me gusta. Simplemente, mi música pasa por otro lado, que yo quiero contar otra historia. Incluso, como divertimento, el otro día hicimos en casa una juntada con Jorge Araujo y el Pollo Raffo, en un cumpleaños, y me cagué de risa. No es que yo me pongo ninguna pilcha y digo es ésto. Simplemente yo quiero que suene la música que escuchaba en el auto de mi viejo cuando era chico”. 



Todo esto comenzó cuando le preguntamos a que se debía este cambio y la respuesta fue más que simple: “Yo empecé a tocar la música que tenía a mano. Y en el año en que lo hice estaba más a contrapelo que ahora. Recuerdo que en una entrevista en Radio Nacional me dijeron: ‘¿Qué te pasó, se te rengó la hormona?’ al aire”, dice entre risas recordando ese momento. 

Después, vino el momento de continuar el ensayo, del que grabamos una parte. 

La noche del viernes, en la Fundación Campano, marcó la llegada que tiene hacia el público previa presentación de Juan Subranni. Allí, junto a Manuel Aguinaga en flauta, Sebastián Piatti en percusión, Juan Tito en guitarra y voz, Juan Subranni en bajo, Sergio Troiano en guitarra y Facundo Medina en cajón, desandaron el camino de la música. 



Se tomó el tiempo para explicar el sentido de cada tema a ejecutar, destacó la voz de Juan Manuel Tito “porque este sí que canta fenómeno una zamba o una chacarera” y el acompañamiento de los músicos locales. 



Para demostrar que tanto una zamba, una chacarera o algún ritmo peruano tocado su bajo de seis cuerdas “hecho por un luthier argentino, porque todos me preguntan de dónde lo traje”, suena de manera incomparable. 

Y que tanto verlo arrancar con un malambo a puro bajo puede terminar con un aplauso cerrado, con todos de pie pidiendo otra, aunque Willy González admita que “no ensayamos más”, todos los presentes se quedaron con las ganas… 


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Cómo empezó todo

Willy recuerda que fue con un compañero de secundaria a ver un recital de jazz en el Luna Park, y que después de esto “vine a veranear a Necochea y tenía un radiograbador tipo hip hop y me pasaba escuchando 830 en la playa. Estaba reloco con eso. Después disfruté con esa música, lo sigo disfrutando hoy pero no la subo al escenario como mío. Pasó a ser como una amante ocasional con la que te divertís un ratito”. 

Sostiene que si nuestro país hubiera tenido políticas culturales de mantener nuestra música “tal vez de chico hubiera tenido mucho más acceso a tocarla con los de folclore. O hubiera tenido una escuela donde estudiarlo como hoy existe el Avellaneda o el De Falla. Yo en ese tiempo sólo podía verlo a Dino Saluzzi con Matías González y Quique Sinesi y eso me influenció mucho”. 

Falta de apoyo 
Respecto de la clínica que dictó en La Casona lo que más lo impresiona es “que la gente tenga curiosidad, tenga 20, 30 ó 50. 

Hay como una educación que no está dirigida a la música popular, sí a la clásica o el jazz. Hace unos 12 a 15 años atrás estuvo como vanguardia la Escuela de Música Popular de Avellaneda o el Conservatorio Manuel de Falla donde doy clase. Sobre todo en el interior, vos vas a Chaco o a Corrientes y querés estudiar chamamé y no sabés dónde. Tenés que hacerlo con algún músico, no hay una institución que lo dé. 



No hay apoyo del Estado; por ejemplo en Brasil si querés estudiar choro hay escuelas gratis para los pibes. Eso es lo que yo hubiera querido tener de chiquito y por ahí no tocar rock; pero por otro lado me sirvió mucho. El sonido de King Crimson sigue en mí y fue lo que me sirvió para darle a la chacarera un toque diferente. Es mi granito de arena que puedo aportar. 

Hay lugares donde uno va y siente que la gente te conoce por quien sos. Que tocás el bajo de seis cuerdas, que grabaste con fulano, con mengano y que estás presentando un nuevo disco. O sea, tiene la información y eso es trabajo de hormiga no sólo de los músicos, de los docentes, de los periodistas… 

Hay muy poca información de cómo nace la chacarera, la zamba, creo que está muy abandonado todo eso y no sólo en la Argentina. En Perú son peores que nosotros. A mi lo que me hizo amar el folclore era que había radios que lo difundían todo el día, en los 70 y los 80 escuchabas un buen chamamé, una zamba o a Troilo. 

La música popular eran Troilo, Roberto Grela, Edmundo Rivero, pero por la moda se olvidan de los artistas nacionales. Nosotros no creemos en lo que nosotros tenemos. Descuidamos lo nuestro y por supuesto que no cuidamos las joyas de la abuela”, dijo, refiriéndose puntualmente a que nuestra música nacional en muchos aspectos está más que olvidada del apoyo oficial.