La Ciudad

Jorge Adrián Herbstein Director de la Morgue Judicial

“El cuerpo no habla, están escritas circunstancias que debemos leer”

25|08|19 12:08 hs.

Por Alejandro Vis


Cuando era muy joven, Jorge Adrián Herbstein solía veranear en Reta, donde permanecía en la casa de un primo. Conoció por esta razón Copetonas y la eligió para una experiencia como médico, poco tiempo después de haber obtenido el título en la Universidad de Buenos Aires, ciudad donde nació.

“Es un pueblo entrañable para mí. Todavía era soltero y emprendí mi aventura como médico rural, por decirlo de alguna forma”, recuerda sobre Copetonas. 

En la localidad trabajó aproximadamente tres años hasta que en 1982, surgió la oportunidad de incorporarse como médico de policía en la Comisaría de Tres Arroyos. Cita, en este sentido, un viejo refrán: “el médico no elige la especialidad, sino que la especialidad elige al médico”. 

Desde hace 37 años, desarrolla esta tarea y en mayo asumió como director interino de la Morgue Judicial, que depende de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En una entrevista con LA VOZ DEL PUEBLO, realiza un análisis de su profesión y deja en claro que “cuando uno entra en la morgue, nunca sabe con lo que va a encontrarse”. Agradece a la docencia y al posgrado que brinda en la Universidad de Buenos Aires, porque lo obliga a estar actualizado. 



No hace referencia puntual a ningún caso, reglamentariamente no puede hacerlo. El pronunciamiento de los médicos forenses hay que buscarlo en el contenido de los informes periciales. En Tres Arroyos, intervino en la causa de Nair Mostafá, la pequeña asesinada el 31 de diciembre de 1989 cuando tenía nueve años de edad. 

Es discípulo del perito forense Osvaldo Raffo, un referente de una trayectoria notoria como criminólogo, cuya desaparición física tuvo lugar el 18 de marzo del presente año.  

Descubrimiento 
Las actividades como médico de policía en Tres Arroyos constituyeron el inicio de un camino que no dejó de transitar. “Descubrí la medicina legal, sobre todo la parte de investigación forense, investigación criminal”, señala. 

Motivos personales lo llevaron a partir de nuestra ciudad en 1990. Su mujer, también médica, la doctora Mónica Moral, “falleció por una enfermedad desgraciada –indica-. Teníamos dos hijos chiquitos, Damián y Martín. Me tuve que mudar a la capital federal”. 

Quedaron amigos a los que sigue teniendo presentes. “Como Oscar Garrido, que era fotógrafo de policía, sé que está jubilado. Y otros colegas que he vuelto a ver, tuve la suerte de dar clases muchos años en la ciudad de Bahía Blanca, nos reencontramos porque fueron a hacer la especialidad, intercambiamos ideas y recordamos aquellos tiempos”, valora. 

Continuó su carrera como médico de policía en San Martín y posteriormente en Quilmes. En la siguiente etapa profesional, logró incorporarse como médico forense de la Justicia provincial y en Lomas de Zamora, dirigió la Morgue Judicial Bonaerense. 

El paso posterior, en una síntesis reducida de sus funciones, consistió en el ingreso a la Morgue Judicial de la Nación como médico obductor, que realiza la disección y apertura de los cadáveres. Explica que “participé en un concurso abierto que hizo la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Los cargos de médico forense son concursados, se postularon 140 médicos del país a diferentes especialidades y gané el cargo de médico forense de la Justicia nacional. Estuve desde 2017 hasta mayo de este año, cuando me designaron director interino de la Morgue Judicial que depende de la Corte Suprema de Justicia de la Nación”. 

Regresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, como docente de un posgrado. “Enseño toda la parte de tanatología de autopsias, en un curso superior de posgrado -sostiene-. Es el estudio de los cadáveres y de las muertes producidas en circunstancias violentas, que es un poco la actividad que realizamos nosotros. Hay que cursar dos años y medio en la UBA para obtener el título de especialista en medicina legal”. 

Un desafío 
Herbstein expresa que “los cuerpos no hablan” y agrega: “Se lo voy a cambiar por otro paradigma. Están escritas una serie de circunstancias que nosotros tenemos que leer. Somos lectores de cadáveres, no los escuchamos. Requiere de mucho estudio y práctica, para poder adquirir las habilidades necesarias que permitan interpretar lo que está escrito sobre los cadáveres”. 

La datación de la muerte es uno de los aspectos más importantes, sobre lo cual admite que “resulta sumamente difícil. No hay un momento exacto, que uno pueda decir esta persona se murió tal día y hora. Fijamos un rango de tiempo que depende de muchos factores”. 

Como auxiliares de la Justicia, entregan a los fiscales y jueces toda la información que obtienen en la autopsia. “Ellos la procesan y buscan resolver el caso no solamente con lo que nosotros aportamos, sino también otras disciplinas y otras metodologías de estudio”, manifiesta. 

¿Cuántas autopsias hizo? No lo sabe, porque “hace mucho tiempo dejé de contarlas –responde-. Son varios miles. En la morgue de la nación se hace un promedio de 3800 autopsias por año. Todavía esta disciplina tiene el desafío de que cuando uno entra a la morgue, nunca sabe con lo que va a encontrarse. Tampoco lo he visto todo, por suerte hay cosas que me siguen sorprendiendo y tengo que volver a los libros, continúo estudiando, creo que lo haré hasta el último día de mi vida. Es lo que tiene de fascinante la medicina y esta especialidad”. 

Ojo entrenado 
La evolución tecnológica contribuye en ampliar las alternativas y recursos. “En la morgue incorporamos elementos de laboratorio, radiología, toxicología, fotografía, diagnóstico por imágenes –enumera-. Sin embargo, quien está al lado del cadáver haciendo la autopsia es el que realmente marca el rumbo. El ojo del médico forense bien entrenado no va a ser reemplazado por ningún aparato”.

Habla de las series filmadas en Estados Unidos sobre medicina forense, que a su entender “dan una imagen muy fantasiosa de la realidad. Estuve estudiando en Norteamérica un tiempo en 2009, los colegas allá a veces se ven presionados porque la gente cree que las cosas son como suceden en las series. No es así, la realidad es otra. Ni tan sencillo ni tan rápido”. 

Se trata de una investigación en equipo y reitera que “el fiscal siempre es el que comanda el barco. Estamos a disposición de la Justicia, hoy por hoy el médico estrella dejó de existir, la estrella es el equipo”. 

La docencia tiene un espacio fundamental en su vida, porque lo obliga a mantenerse “informado y formado”. Argumenta finalmente que “le doy clases de mi especialidad a médicos, cuando hablo de traumatismos de cráneo a lo mejor lo estoy haciendo ante profesores de neurología o neurocirugía de la UBA que cursan la carrera de médicos legistas. Me lleva a estar actualizado, el estudio y la capacitación médica continua es una necesidad”. 

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“Un hito muy importante”

El lunes 5, martes 6 y miércoles 7 de agosto se realizó la primera edición de las Jornadas de Patología Forense de la Morgue Judicial nacional. Jorge Adrián Herbstein siente una gran satisfacción por el alcance de la propuesta y afirma que implica “un hito muy importante. Asistieron una gran cantidad de profesionales de Argentina y también de Uruguay”.



En 111 años de historia, es la primera vez que la Morgue Judicial desarrolla un encuentro de tales características. 

Como disertante invitado asistió el doctor Manuel Salguero Villadiego, director del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de Sevilla. 

En el rol de coordinadora, intervino la doctora Adriana Claudia D’Addario, jefa de laboratorio de Histopatología de la Morgue Judicial. 

Las jornadas no tuvieron arancel y únicamente se requirió inscribirse. Estuvieron destinadas a médicos legistas, forenses, médicos de policía y patólogos.

Algunos de los temas analizados fueron antropología forense, asfixias, diagnóstico por imágenes en el ámbito forense, femicidio, maltrato infantil y del adulto, muerte en custodia y muerte súbita de causa cardíaca en personas jóvenes. 

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