La casa del Barrio Norte, en Orense, fue escenario de una nueva tragedia

Policiales

Escribe Enrique Mendiberri

Cuando la muerte acecha

01|09|19 15:18 hs.

Por Quique Mendiberri


Muchas veces una relación aparentemente normal encierra enormes peligros para una de sus partes. La investigación de la reciente tragedia de Orense, en la noche del último domingo, permitió conocer que entre Aylín y Nicolás no existieron denuncias previas o exposiciones personales que permitan identificar la posibilidad de un desenlace semejante. 

Sin embargo, el homicidio de la joven y el posterior suicidio del novio con el que quería cortar la relación, sacó a la luz una circunstancia que exige, sobre todo a los adolescentes, estar atentos a ciertas conductas de sus parejas. 

Es por ahí donde aparecen las redes sociales como indicadores de conductas posesivas o actitudes de control en la relación que, pueden o no, generar inquietudes y consultas cuando se tiene cerca a un profesional. 

Maximiliano Palmieri, titular de la Comisaría de la Mujer y actual orador en instituciones educativas sobre temática para prevenir hechos de violencia de género, subrayó que, “no hay que olvidar que la violencia no es solamente física. Hay psicológica y monetaria. Por eso, por ejemplo, cuando los jóvenes arrancan con eso de compartir contraseñas de redes sociales privadas porque en la pareja uno se lo exige al otro, nos estamos olvidando de la existencia de la confianza que uno tiene en una relación con alguien. Entonces, también vemos que hay un control extra. ¿Por qué si las redes sociales son nuestras, nuestra pareja debe ejercer un control extra sobre ellas? El hecho de que te pida la contraseña, significa que esa persona no tiene la confianza necesaria en el otro”. 


Subcomisario Maximiliano Palmieri


Según Palmieri, ése puede ser el comienzo de una relación enfermiza. “Si la persona a la que se le exige vulnerar su privacidad lo entiende como un ‘solamente me pidió las claves’, empezamos mal, porque empiezan las conductas de violencia psicológica”. 

“Hay veces que recibimos mujeres con semejantes lesiones, o fracturadas, o heridas con un arma de fuego, que nos llevan a pensar que ‘zafó por poco’. Hay casos de hombres que han desfigurado a trompadas a mujeres y no terminan en tragedia. Y hay otros, como el de Orense, donde nunca existió una denuncia, y el desenlace es el peor”
Subcomisario Maximiliano Palmieri (titular de la Comisaría de la Mujer) 


Lesiones y denuncias 
De acuerdo a la visión del subcomisario encargado de atender casos de género en la sede policial de la calle Chacabuco, también existen otros aspectos ajenos a la tecnología, que suelen desatar casos violentos, “no todas estas conductas pueden derivar en hechos trágicos. Pero sí en la posibilidad de que alguien golpee al otro y le provoque lesiones”. 

Así, Palmieri reconoce que no hay un patrón en las denuncias, “a nosotros acuden una vez que se produce el hecho. Cuando empiezan a perturbar a la pareja, a decirle que todo lo que hacen está mal. Que a determinada persona o amigo tienen que dejar de verlo o a desarrollar cualquier relación con otra persona”. 


Aylin y Nicolás. Protagonistas de una tragedia que no se pudo leer con anterioridad


En esa senda es como se llega al aislamiento, “y comienzan las observaciones acerca de si está gorda o fea, o cómo se viste. Ahí arranca otro tipo de violencia”. “En la Comisaría de la Mujer se toman mayormente denuncias de mujeres que han sido vulneradas psicológicamente por la conducta de los hombres, que no siempre la violencia que desarrollan es la física”, agregó. 

Para ello, Palmieri pide especial atención a pequeñas actitudes que pueden derivar en cambios sorpresivos. “Hay ciertos parámetros de la normalidad que no hay que dejar pasar. Lamentablemente, en estos tiempos se ven tantos ejemplos de este tipo, que normalizan cosas que no son normales”, aunque asegura que, a veces a través de una denuncia que nos haga imaginar un desenlace trágico eso no sucede, y en otras la muerte flota en medio de relaciones tranquilas. 

“Hay veces que recibimos mujeres con semejantes lesiones, o fracturadas, o heridas con un arma de fuego, que nos llevan a pensar que ‘zafó por poco’. Hay casos de hombres que han desfigurado a trompadas a mujeres y no terminan en tragedia. Y hay otros, como el de Orense, donde nunca existió una denuncia, y el desenlace es el peor”. 

“Quédate conmigo” 
En la ONG Construyendo, desde 2013 se atienden consultas con el objetivo de prevenir la violencia de género. Su presidenta, la doctora Rocío Liébana, advirtió aquellas circunstancias qué pueden verse para darnos cuenta que estamos en peligro. 


Rocío Liébana


“Lo que más se da y nos preocupa es la violencia en el noviazgo. Muchas veces, lo peor que le puede pasar a un adolescente es pensar que la persona que tiene al lado puede transformarse en un futuro agresor físico de ella”. 

En el uso de las redes sociales es donde pueden detectarse futuros peligros, “saber dónde está o dónde no está el otro, subir todo el tiempo lo que estás haciendo, pueden ser indicadores de la existencia de control. Como eso de ver lo que se está poniendo. Si va a usar tal o cual ropa. Ya se conocen, pero cuando los adolescentes se ponen de novio, empiezan a modificar sus conductas. A eso hay que estar atentos”. 


“Los chicos usan mucho el celular para contarte tu vida y tienen poco diálogo con la familia. Entonces, esto de estar todo el tiempo conectado con su amigo, teniendo al padre cerca, les hace sentir que no cuentan con él” 
Rocío Liébana (presidenta de ONG Construyendo) 


“Cuando uno conoce a una persona no se muestra tal cual es. En la primera muestra de un control o de un límite que se pone al otro, ya uno se tiene que poner a repensar si esa persona es la que yo quiero de mi lado”, agregó. 

En ese sentido, ejemplificó, que el “quedate conmigo” cuando va uno va a salir con sus amigos un día que, normalmente, un adolescente tiene para salir, puede actuar como una señal de posesión. “Ese primer ‘si’ de quedarse con él, es una marca, una posibilidad de poder decir ‘no’ al límite que te quiere poner el otro. Obviamente, no todos son potenciales agresores, pero si se debe no permitir el límite del otro o el control del otro”. 

Cambio y riesgo 
En la visión de Construyendo, una actitud que denote una personalidad violenta o celosa pude corregirse, aunque demanda mucha voluntad y el riesgo siempre está presente. 

“Si la mujer puede poner ese límite y la persona seguir estando al lado, va a haber un 50 y un 50. Uno que no pueda ceder y el otro que pueda aceptar. Cambian, pero con un riesgo todo el tiempo. El riesgo de alguien que tiene conductas violentas, sino acepta que las tiene, por más que su pareja lo quiera ayudar, es muy difícil de salir. No imposible” 

De esta manera, Construyendo termina siendo un canal muy usado por los jóvenes para tomar contacto con sus profesionales y evacuar dudas de una manera que, tal vez, en su casa no logran hacer, “nos pasa que vienen chicas a plantearnos situaciones de celos. Surgen los interrogantes a pesar de los contactos y la comunicación en las redes sociales” 

Es en las recorridas de Construyendo por las escuelas donde se presenta la posibilidad no desaprovechada de evacuar dudas por parte de muchos alumnos. Ahí es cuando chicos y chicas reconocen el uso y efecto de las redes sociales en sus relaciones, “los chicos usan mucho el celular para contarte tu vida y tienen poco diálogo con la familia. Entonces, esto de estar todo el tiempo conectado con su amigo, teniendo al padre cerca, les hace sentir que no cuentan con él”, dijo antes de indicar que los casos que más se consultan tienen que ver con situaciones de control. 

“Primero porque ellas se sienten culpables y hasta piensan en dejar la escuela porque su pareja se los exige. A partir de ahí empiezan a cuestionarse y se acercan”, una actitud que también suele manifestarse en los adultos, “a ciertas mujeres se les hace un clic hasta después de 30 años de casados. Pero ese es otro problema, porque es más difícil salir. Un adolescente tiene que saber que su caso es distinto”, distinguió en el cierre.     

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Para tener en cuenta
Si creés que compartís tu tiempo con una persona peligrosa y necesitás un consejo podés comunicarte con la ONG Construyendo al teléfono 15-555583 las 24 horas. Personalmente, también podés hacerlo en las oficinas de la Secretaría de Acción Social, en la calle Domingo Vázquez 460.



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