Sociales

Según Víctor Villadangos

“La guitarra me lleva”

08|09|19 19:01 hs.

La visita de Víctor Villadangos a nuestra ciudad se dio en el marco de este IV Festival de la Guitarra. El diario tuvo oportunidad de ver una parte de su concierto brindado en el auditorio del Consejo de Profesionales de Ciencias Económicas tresarroyense. Y luego de esto tuvo la gentileza de acercarse a la redacción para contarnos su experiencia. 


Para Villadangos esto es algo que “lo hago hace 35 años. Recorro el interior tocando, donde puedo, me gusta. Lo disfruto, salgo de Buenos Aires, es otro aire, otra gente. Por otro lado es mi trabajo. Vivo de esto pero también es un placer”. 



Su vida transcurre de lunes a viernes en el conservatorio trabajando, “no tanto como lo hace un periodista en esta redacción. Lo hago unas seis horas diarias, en el Estado, a veces menos y otras más. Como trabajan los maestros acá -dice en referencia a Sergio Troiano y Matías Liva, que lo acompañaron-, en este año bastante más porque ya casi me estoy jubilando. Y después siempre que puedo salgo a tocar y una vez al año voy a Europa para hacer algunos conciertos”.

Vivir de esto 
Explica que la vida de un músico se puede diferenciar entre quien lo hace propiamente de esto y el que lo mecha con la enseñanza. Destaca que en nuestro país no hay mucho trabajo por ser el mercado más chico, hay muy buenos ejecutantes “pero en Europa como hay tantos países y nosotros tenemos un plus, por parte de la gente de admiración, porque ‘viene un argentino y toca música argentina’. Entonces eso nos sirve. En general yo últimamente toco música sudamericana porque tiene un plus, a pesar de ello hay muy buenos en Oriente –Japón y China- y en el este europeo hay chicos que te pasan el trapo, cuenta sonriendo. Pero uno va con lo suyo y gusta porque también hay mucho de virtuosismo en esto; entonces va uno que toca Piazzolla y gusta. De eso vivo”, dice riéndose.



Explica que la guitarra criolla tiene eso del intimismo, algo que, como cuenta, se pudo dar en la bonita sala que tienen los contadores públicos en el 300 de calle 1810. Un lugar “chiquito, con poca gente y que suena lindo. Muy linda la sala donde lo hice, más en esta cuarta edición del festival de guitarra que organizan los maestros y al que vienen a tocar artistas como Eduardo Isaac o Quique Sinesi, al cual yo me adhiero”.  

Recorrido 
El recorrido que hace Villadangos generalmente se divide entre el dictado de alguna masterclass y un concierto, algo que en esta oportunidad, por una cuestión de tiempo, no se pudo dar. Para Víctor esto de recorrer ciudades “es reencontrarse con gente que hace lo mismo que yo, como el caso de Matías Liva que conozco de capital y Joaquín Etcheverry quien ha venido a tomar algunas clases conmigo. Es estar con un montón de amigos en diferentes lugares con los que nos sentamos a una mesa, comemos algo, charlamos de cosas que no son sólo la guitarra”. 



Aquí cuenta una vivencia de hace unos días que había ido a Chilecito, La Rioja, a dar clases y un concierto, y el vuelo de Aerolíneas se canceló. Entonces en ese tiempo pudo conocer una vieja mina de oro que habían explotado los ingleses y ahora está cerrada. “Pasé un día impresionante, entonces aprendo, charlamos, conozco. La guitarra me lleva…”. 

Si bien la guitarra criolla logra en todos los ámbitos un ambiente intimista, para Víctor es indistinto pues él siempre fue guitarrista. Para Villadangos el que se aproxima a un instrumento, el violín o el piano, en todos los casos sucede lo mismo, se trata de una cuestión personal. En su caso tocó guitarra eléctrica, el laúd, música renacentista, todo lo que fue haciendo le gustó siempre, pero la vida lo fue llevando “y fui dejando la guitarra eléctrica, el rock, todo esto. También el laúd o me fue dejando por la guitarra criolla, tengo amigos violinistas a los que les fue pasando lo mismo con su instrumento”. 



Sueño cumplido 
En el camino recorrido en su vida siente como cumplido el sueño que tenía, a pesar de que cuando entró en el conservatorio sólo quería tocar. Pero cuando conoció el ámbito refiriéndose a los festivales en Europa, una gira o la presión de tocar en un lugar. Como en una oportunidad en “el Festival de Upsala (Suecia), es un homenaje a Leo Brouwer donde se tocan temas de él. Yo iba a hacer ‘Elogio de la danza’, subo al escenario y Brouwer se sienta al lado mío a ver cómo lo hacía. La presión y todo eso es bastante grande, yo de chico -17 ó 18 años- quise sentirla y creo que lo que logré está acorde a las expectativas que tenía. Primero es vivir de esto, que no es fácil. Después conseguir trabajo como profesor también es difícil y después conseguir trabajo tocando, es aún más difícil. Porque implica un montón de cosas, una es tocar bien pero la más difícil es que la gente te llame para tocar. Ese es un laburo de toda la vida” señala en el final. 


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La suerte de conocer a Guastavino
Villadangos cuenta que tuvo la suerte de conocer a Carlos Guastavino y en una oportunidad, durante uno de los seminarios de Victoria, en los años 80, Víctor logra “contactarse con Guastavino y hacerle una entrevista que fue grabada en un video VHS. Algo que me lo recortaron bastante, porque hablaba mal de Perón. El tipo que yo contraté, que me vino a filmar con toda una parafernalia que ahora no existe, era durante el gobierno de Menem. Cuando me entregó el video faltaba todo lo que Guastavino hablaba sobre los gobiernos peronistas, que hablaba mal… Entonces le pregunto por qué faltaban partes y el me dijo que lo había sacado porque ‘vos lo vas a mostrar públicamente y vas a quedar pegado, no te conviene’. Yo le contesté: ‘Ahh claro, tiene razón, Domingo’, pero nunca lo recuperé. Después me enteré de que Guastavino no daba entrevistas. Cuando él muere me lo pide Víctor Hugo Morales para sacarlo en el Canal A, que tenía un programa de música y durante un mes pasó el video en pequeñas secuencias”. 





Esto alguien lo vio y se lo dijo a un periodista musicólogo argentino, que trabajaba en Alemania y que hizo una nota sobre Guastavino. En esto, un musicólogo estadounidense que estaba haciendo su tesis sobre Guastavino un día me llama desde Austin -Texas- pidiéndome el video. El vino a casa y yo estaba con Sergio Moldavsky comiendo un asado, le presté el video para que hiciera una copia y al otro día cuando me lo devolvió me dijo: ‘usted es una persona muy gentil y yo lo voy a recompensar’. Se fue y a los tres meses me volvió a llamar para decirme que ya había hablado con el editor artístico de la Naxos, quien se contactó conmigo. Con ellos grabé cuatro discos sobre música de línea latinoamericana y a partir de eso comencé a tener difusión a nivel mundial con un sinnúmero de anécdotas, todas a través de personas que habían comprado mis discos grabados en Naxos”. 

Cuenta algunas muy cómicas, como la ocurrida en el metro neoyorquino, en una playa de Brasil o en el micro 60 porteño que lo han reconocido por sus discos. “No es que soy un actor de televisión, somos los cuatro locos que tocamos la guitarra y andamos por el mundo”, dice riéndose.