La Ciudad

Ganadores Nacionales en Programación y Robótica

Estudiar, la primera regla para ser

29|09|19 12:59 hs.

“No tiene precio tener un hijo tan buena gente. Es lo más hermoso”, dice Verónica Galeano la mamá de Bruno Blas Galeano, de 17 años, quien junto a Axel Pade y Valentina Paguegui viajará a la Universidad de Los Angeles a capacitarse luego de ganar la Maratón Nacional de Programación y Robótica con el proyecto de invernadero automatizado. 


Bruno llegó a este mundo durante un contexto social y político de nuestro país en el que los presidentes se sucedían uno tras otro. El 10 de enero de 2002 Verónica Galeano tenía 18 años recién cumplidos y vivía en Tres Arroyos con su papá. El sol apretaba fuerte, igual que la emoción contra su pecho cuando lo vio por primera vez.

“Fue muy raro y lindo a la vez, en mi inocencia -porque quedé embarazada a los 17 años- siempre lo defendí. Ni bien supe que lo esperaba quise tenerlo, incluso a costa de la opinión de mucha gente que decía que un chico me iba a arruinar la vida. Sin embargo lo defendí desde el principio. Me decían que lo pensara, me recomendaron no tenerlo, pero yo ya le había elegido el nombre, sabía que se iba a llamar Bruno”, cuenta Verónica a LA VOZ DEL PUEBLO. 

En su relato, la mamá del alumno de la EES N° 1 abre un paréntesis para reflexionar y dice que “algunas de esas cosas trágicas que mencionaron los adultos antes que naciera mi hijo fueron ciertas, por lo que me di cuenta de que no era tan sencillo ser mamá a esa edad, la misma que Bruno tiene ahora”. 

Verónica quedó embarazada de su primer hijo a los 17 años, estaba en el último año del Secundario en el ex Colegio Nacional, turno tarde. Cuando cursaba el tercer mes de gestación falleció el papá de su hijo que tenía 24 años, razón por la que Bruno lleva el apellido de su madre. “No era una relación estable porque yo era chica. Con todo, en contra igual decidí seguir adelante, aunque ni siquiera tenía trabajo”. 

Verónica admira el presente de su hijo y recuerda el trayecto transcurrido: “Miro para atrás y no sé cómo lo logré, pero siempre me mentalicé para terminar el Secundario, porque me di cuenta de que sola, con una criatura en brazos, necesitaba estudiar. Algunas materias que no pude cursar embarazada -como educación física- las rendí en febrero del año en que él nació, lo llevaba en brazos y la profesora lo cargaba mientras yo hacía el examen”. Si bien la vida de la familia tuvo estas dificultades, no se cerraron las puertas. “Hice cursos de todo tipo y muchas veces iba con él, de Auxiliar Docente en el Centro de Formación Profesional, la carrera de Psicología en el CRESTA, que abandoné cuando ingresé en la Policía”. 

Desde su nacimiento Bruno fue compañero de su madre, incluso cuando tenía que estudiar. “A los tres años escribía su nombre, era muy activo y por eso siempre le daba lápices, lapiceras y colores para entretenerlo, le regalabas un juguete y lo desarmaba para ver cómo era por dentro, siempre fue así”. 

La trayectoria escolar del joven comenzó en el Jardín N° 916 de Villa Italia y en el Jardín N° 912. La primaria la cursó en la Escuela N° 16 y la Secundaria Básica en la N° 5 que tenía hasta tercer año, por lo que siguió sus estudios en la Escuela de Educación Secundaria N° 1. “Siempre fue muy despierto a pesar de ser un nene tan inquieto de correr, saltar, trepar; desde chiquito tenía razonamientos de persona adulta”, explica Verónica. “También solidario, perrito que encuentra, lo levanta y lo trae a casa para que lo curemos”.

Para poder asistir a la escuela también Bruno pasó por ciertos sacrificios. Mientras vivieron en la localidad de San Mayol la familia se levantó hasta dos horas antes del ingreso escolar para poder llegar a tiempo. “Bruno se tenía que quedar hasta la noche en Tres Arroyos para hacer lo que le gustaba a contraturno, como deportes u otros estudios”. 

El adolescente sigue tan inquieto como antes o más, estudia en la Escuela de Cadetes de los Bomberos Voluntarios; en el Conservatorio Provincial de Música, donde toca el violín que su mamá le pudo comprar este año; en el Centro de Formación Profesional, donde hace un curso de programador. “A los seis años le regalé la guitarra, pero cuando llegó al Conservatorio y conoció el violín eligió este instrumento”. 

Del trabajo del invernadero automatizado que les dio el primer premio en la Maratón de Robótica la mamá de Bruno dice que “nunca tuve dudas de que iban a ganar. El cableado lo hicieron con celulares en desuso, los ventiladores de computadoras rotas, el piso con recortes de madera, todas las vacaciones de invierno la pasaron adentro de la escuela. Les tenía una fe bárbara”, señala Verónica al final de la entrevista. “Me dicen: ¡Qué divino es tu hijo! Algo que sé, es desprendido, generoso, muy buena persona, eso no tiene precio”, finaliza.