Opinión

El futuro se hace entre todos

Un no al retorno al pasado, otro no al fracaso presente

13|10|19 17:40 hs.

Por Esteban Marranghello


La democracia a través de la política es la legítima herramienta constitucional para buscar las soluciones reales y posibles, sin mencionar ni “poner límites” de tiempo, que serían, estos límites, una vez más, una nueva mentira política errónea y decadente de la mediocridad de todos los sectores dinámicos de la sociedad, que proponen tiempos para llegar al éxito, cuando todavía no han demostrado este éxito en sus respectivas gestiones en el tiempo.

La dirigencia nacional debe terminar con las improvisaciones mediáticas, sin base de sustentación real para evitar empujar la Argentina por el irreversible destino del no logro de la normalidad deseada y reclamada por la sociedad. 

Ha llegado la oportunidad de que la demagogia del pasado y el fracaso del presente, abandonen lo negativo demostrado de una época y de la otra, para adecuar acciones, planes y propuestas que busquen: primero, estabilizar las variables descontroladas de las diversas dinámicas productivas del país y posteriormente la distribución de esa producción, con acceso a las mismas a todos los sectores de la población. 

En esto es fundamental la armónica decisión de los poderes del Estado para establecer leyes que regulen con precisión y alcance, lo más equilibrados posible, el acceso de todos los habitantes a los bienes y servicios, conjuntamente con los productos básicos de la canasta familiar, que permitan subsistencia de vida digna, de mínima, a las familias de todos los sectores, especialmente los más vulnerables. 

Esto debe ser la resultante de decisiones de gobierno, consensuadas, oficialismo – oposición, con el resto de las actividades del país, para decidir las políticas que convengan hacer con producción, distribución y posterior comercialización. Ha llegado el momento y no debería demorarse más, la realización de los “ajustes” donde corresponde, principalmente en la “intermediación”. 

Basta de “mirar para otro lado”, con “distracción” interesada. No se debe permitir una logística donde las más perjudicados sean los que producen y los que consumen, los verdaderos actores que motorizan la economía real, por la gravitación de sus potencialidades. 

En esta situación se debe poner dedicación y continuidad. 

Importancia del Estado 
El Gobierno debe regular cada actividad, no suplantarla, sugiriendo y controlando los índices de rentabilidad, a través de reglamentaciones consensuadas de aplicación obligatoria. Lo hacen “todos” los países organizados del mundo, con diferentes estrategias, sabiendo que sin ellas, la equidad es “sólo” una palabra hueca.

Un ejemplo, laboratorios extranjeros en la Argentina, venden medicamentos a 500 dólares y 200 dólares, los mismos fármacos, en otros países, a 200 y 50 dólares y este y otros gobiernos anteriores no controlan, o lo que es peor, consienten esta agresión a la salud del país. 

Los que “niegan” la presencia del Estado en el control de determinadas variables de la economía con “falsos” reclamos sobre la “libertad de comercio”, son los eternos soldados del ejército de la “viveza criolla”, que tanto daño le ha infringido a la economía real y a los sectores más vulnerables de la población, conjuntamente a las Pymes y economías regionales, prisioneros de las grandes cadenas y empresas multinacionales, que aprovechan la debilidad y muchas veces la complicidad de un Estado “bobo”, inoperante e inepto, complicado con la corrupción, invasora de todos los controles, no cumplidos o lo que es peor, por no implementarlos. 

Campaña electoral 
Estamos en el final de una contienda electoral cuyo resultado decidirá la conducción del país por los próximos cuatro años. Las PASO parecieron definir un resultado parcial, casi irreversible, en el futuro político de la Nación. 

El peronismo ha obtenido un sólido respaldo en toda la geografía argentina, en caudal de votos que podrían suponer un prácticamente irreversible destino de su conducción de la Argentina en los próximos cuatro años. 

El oficialismo, ante el resultado de las urnas, reaccionó, primero con errores garrafales de apreciación político y después, tarde, en el reconocimiento a su fallida estrategia electoral y reconocimiento, que el resultado era la respuesta a su gobierno y sus consecuencias negativas en la vida del país y vastos sectores de la población.

Frente a la demostrada unidad de la oposición, que en la actualidad, tiene todo los sectores “adentro”, limadas las diferencias y con respuesta positiva de todos los convocados. En la oposición “no hay grieta”. En notas anteriores, lo habíamos señalado, el “fino olfato” del peronismo unificó la tropa y la posibilidad de regresar al “poder”, es el más fuerte incentivo que no equivocó la estrategia electoral

Lógicamente que los desaciertos oficialistas, no esperados pero sí bienvenidos, le sostuvieron “la escalera”. La coalición gobernante sufrió en carne propia, lo pretendió trasladar a la oposición. 

Se encontró con un paredón sin fisuras, mientras su propia tropa comenzó una diáspora, que no hace falta enumerar. La dispersión fue inevitable en Cambiemos, desencuentros, discusiones, enfrentamientos que marcaron estrategias propias territoriales del radicalismo.

Las actitudes de Carrió con importantes figuras del Gobierno como: Monzó, Massot, Frigerio y otros, desarmaron el trabajo electoral. 

El enfrentamiento Vidal – Peña irreductible con Rodríguez Larreta, cerca de la gobernadora y preocupado por el crecimiento en la capital federal de Matías Lammens. 

Cornejo ganó la elección provincial en Mendoza, con la UCR, con no presencia de Macri. Candidatos del Pro en el Conurbano, intendentes, sin la presencia del presidente en sus campañas. 

Los innegables “fallidos” del candidato a vicepresidente Pichetto, con un discurso que no defiende nadie en Cambiemos. Y favorece a los Fernández. 

Cambiemos sufre, no es el primero ni será el último, los resultados de su derrota electoral en las PASO, una realidad señala en estos casos que cuando se pierden elecciones, “el exitismo” te cobra para mal en el futuro. Lo mismo le pasó al peronismo cuando perdió Scioli.

El oficialismo pareciera encerrado en la soberbia de sus fracasos “quiero ganar para hacer lo mismo”. La oposición, probable gobierno, debe pensar en el futuro de sus acciones. El pasado es un mal consejero que lo condena a la incertidumbre. 

La realidad única verdad 
Frente al actual panorama político, nada fácil de desentrañar con calificaciones de la gente de regular, malo, patético, las disyuntivas no están en buscar culpables, que los hay, de todos los sectores. Está en ponerse a decidir planes y estrategias, entre todos los involucrados con poder, utilizando la experiencia y el conocimiento de todos los sectores gravitantes del quehacer nacional para contribuir, ejecutando las políticas de Estado que el país necesita. 

Esto no será fácil porque la situación es acuciante. La Nación únicamente saldrá de una actualidad preocupante recurriendo a sus reservas morales que apuntalen su recuperación económica, custodiando su soberanía y sus recursos, sin dejarse atrapar por la “falsa” globalización que nos quieren imponer los “poderosos”, que -no por casualidad- en sus países “no la practican”. 

Sólo apostando al futuro, donde cada uno aporte lo suyo, como corresponde, sin retorno a los errores del pasado, tampoco a los fracasos del presente, deberá encontrarse el rumbo esperado. Las generaciones futuras nos lo agradecerán por haber garantizado sus posibilidades de vida sustentable, que es nuestra obligación. 


Esteban Marranghello