Deportes

Deportistas reconocidas del Club Argentino Junior

El Bicho las recibió Sin Anestesia

27|10|19 12:15 hs.

Por Valentina Pereyra 


Dejan rodar la pelota… Corren y gambetean, dan pases, la hacen circular, un caño, de la izquierda hábil a la derecha y así hasta llegar al arco. 

Empezaron a jugar en los potreros de los barrios con sus hermanos, primos, compañeros de escuela, fueron una más en aquellos equipos. Llegaron desde las canchas improvisadas de cualquier descampado a la de Argentino Junior. 

Recorren más de cincuenta cuadras para entrenar en el predio de la avenida Almafuerte al 1400. La distancia es lo de menos. Llegan en moto, en bicicleta, las que viven más cerca lo hacen caminando. No quieren perder el entrenamiento. No importa el frío, el viento, o la cancha embarrada. Todo es corazón y sonrisas, fuerza y entrenamiento, sólo vale jugar. “Si te gusta venís de cualquier manera”, dicen en el portón de la cancha del Bicho. La pelota tocó sus pies en el barrio de los Ranchos, en Olimpo, Fonavi, en Tandil, Bahía, Chaves… La pelota rodó y las enamoró. 

Quedan pocas horas para que termine el lunes y las futbolistas ya están en el predio. Forman una ronda enorme cerca del centro del campo de juego. Una en el medio tira los pases mientras las demás tratan de hacer lo propio con la mayor precisión posible. 

El director técnico José Bravo está a cargo de la práctica con firmeza, y las jugadoras entreveran cargadas con buenos augurios, frases animosas y referencias bien futboleras. 

La lluvia del día anterior embarró la cancha, sin embargo luce impecable y lista para el picadito después del entrenamiento. 

El frío se empieza a sentir, así que apuran la charla con LA VOZ DEL PUEBLO para seguir metiendo horas de práctica. Yesica Sosa, Florencia Martínez, Yanina Ibarlucía, Lorena Colantonio, Ester López, Ivana Moyano, Candela Martínez, Tatiana Lema, Brisa Bustos, Romina Colantonio, Vanesa D’Annunzio, hacen el círculo virtuoso de compañerismo y voluntad mientras pegan saltitos para sacudirse el frío. 

Algunas no están ese día, pero las mencionan sin olvidarlas: Abril Henríquez, Romina Alzúa, Lucero Burgos, María Almirón, Camila Burgos, Victoria Salinas completan el grupo. 

En los primeros entrenamientos de Sin Anestesia no había puestos bien definidos, se paraban en cualquier parte de la supuesta cancha del predio de la Fiesta del Trigo. Todas querían tener la misma posición porque lo importante era patear, correr, llegar al gol y, sin querer, les daban la razón a algunos varones que decían que las mujeres no jugaban al fútbol sino que corrían atrás de la pelota. “Yo jugaba de defensa, me aburrí y me pasé al medio”, confiesa Yanina muerta de risa. 

En el banco de suplentes hay mochilas, camperas, botellas de agua, un bidón, algunas rodilleras y varios niños que acompañan a sus madres al entrenamiento. 

En la carrera como futbolistas se encontraron con muchos varones que las dejaron jugar a pesar de que no era algo tan común en sus infancias. “Somos mellizas y jugamos de chicas en el barrio. Somos tres hijas mujeres, les faltó el varón entonces jugamos nosotras”, cuenta Lorena Colantonio hermana de Romina que es la goleadora. 



Están orgullosas de la formación que tienen y de los progresos. No se olvidan lo felices que las hacía sólo jugar aunque perdieran todos los partidos. Recién hace un tiempo que se pusieron más exquisitas y le tomaron el gustito a ganar. Esto empezó junto con la propuesta del club Argentino Junior que las invitó a formar parte de la institución. “Nunca nos imaginamos en nuestra vida que un club ponga fútbol 11 femenino y ganar el campeonato, ¡fue genial!”, confiesan. 

A todas les dijeron que el fútbol no era un deporte de mujeres y que estaba mal visto que lo practicaran, pero desde muy chicas les tiró la N° 5 por eso resistieron cualquier intención de sacarlas del área chica. 

Algunas abandonaron esta pasión cuando quedaron embarazadas, pero ni bien pudieron volvieron a calzarse los botines. Otras, como Candela entrenan sólo hace un mes.

Sin Anestesia es el nombre que las convocó y define su juego en cada partido sin importar el rival que tengan enfrente. Yésica Sosa es la dos y admite que le gusta ordenar la defensa, “las exijo mucho, y me hacen caso… a veces”. Florencia, su capitana confiesa que no le importa si se cae o lastima, “sólo pienso en la pelota y el arco”. 

Ivana Moyano es la arquera de este equipo y también de otro de hockey sobre patines. Romina es la goleadora, estuvo ternada en la Fiesta del Deporte, es la que tarda más tiempo en acomodar todo lo que lleva a cada partido, tres o cuatro pares de medias, dos o más vendas, rodilleras, no termina nunca de meter cosas en el bolso, y la más fanática. 

Romina Alzúa estrenó la portería en los últimos partidos, juega de cinco pero un día faltó la arquera y quedó, “me pusieron los guantes y me mandaron”. Brisa cuenta que antes de jugar al fútbol era muy tímida pero una vez que arrancó enseguida tuvo amigas.

La oscuridad abraza la cancha, pero los rostros de las jugadoras de Argentino iluminan la ronda con anécdotas, chistes, intercambios. Tienen ganas de contar, trasmiten felicidad, emoción, deseo de superación y orgullo, mucho orgullo. 

Unas jugadoras están de pantalones cortos, otras con buzos de diferentes equipos nacionales, la indumentaria para entrenar, sin dudas, es lo de menos porque lo que realmente importa es seguir para adelante, más metas, más desafíos.

Llegaron Sin Anestesia 
Los lunes y miércoles a las 19 tienen una cita en Almafuerte al 1400 con ellas mismas. “A casi todas nos queda lejos, acá tenemos el espacio, compartíamos, acá es nuestro lugar”. 

No esconden la felicidad que les dio el triunfo obtenido el último fin de semana en el Torneo Relámpago en el que intervinieron entre ocho equipos: Villa del Parque, River de Azul y Unión en una zona y en la otra, Huracán, Olimpo, El Complejo y Orense. 



La copa que trajeron es un verdadero trofeo, la gloria, lo mejor que les pasó, la justificación de las cincuenta cuadras que separan a la gran mayoría de sus hogares a la cancha. 

Las ganas giran alrededor de la ronda que formaron para la charlar con el diario, está en la piel de las jugadoras que reconocen un pasado con malos resultados y un presente más auspicioso producto de la formación. Hablan todas juntas y coinciden en la opinión que deja caer Lorena: “No hay ningún deporte destinado para ningún sexo. Podemos hacer cualquier deporte, cualquiera puede hacer lo que les guste”. 

Como un torbellino de ideas desordenadas tiran frases al pasar que resuenan en la cancha y cobran nuevos y novedosos sentidos para estas enormes mujeres. “En el fútbol encontramos distracción, es una terapia, nos divertimos, te despejas, salís de lo normal, esto es más importante”. 

Reconocen no ser perfectas, tener diferencias, pero al mismo tiempo no esconden el bienestar que les provoca jugar, viajar, pasarla bien, compartir. 

Las jugadoras animan con ampulosos gestos y frases cargadas de convicción a otras mujeres: “Antes estaba mal visto, pero te tiene que gustar tener mucho entrenamiento, cuando hace frío o calor, hay que venir siempre, conducta y constancia. No hay que tener miedo, hay que jugar a lo que quieran”.

En el centro del campo de juego el DT las apura, hay que seguir, la charla está muy linda pero hicieron mucho trayecto para entrenar y mejorar. Hay temperamento, ganas, fuerza, hay mujeres que juegan al fútbol, hay futbolistas.