Alberto Borelli, siempre cerca del mar

Carta de Lectores

Desde el Archivo

El regreso

03|11|19 19:57 hs.

Por Luis Satini


Hace un par de años el intendente Carlos Sánchez ilustró a los desprevenidos y nuevos habitantes de Claromecó sobre las familias y apellidos que hicieron a esta localidad, Hurtado, García, Bellocq, Chedrese, Satini, Arbasetti y otros tantos. Estas personas con su esfuerzo y su trabajo diario, durante muchísimos años, lograron lo que hoy muchos pueden disfrutar, aunque en el camino quedaron demasiados progresos y vidas. 

También hubo personas que se hicieron solas, con sacrificio y carisma. Entre ellas se encuentra Alberto Borelli, para muchos un patriarca, para otros el guardavidas interminable, y también ese actor de la película de "Christian". 

Cuando algunos de los que leemos esta nota recordamos al "Negro" Rondanina, su tranvía, automáticamente después tenemos presente a Borelli y el Nahuel, lugar que se ganó el mote de "el decano de los balnearios". 

Junto a él y en cada paso, haciendo futuro, su esposa Lucrecia, conocida como la "Tía Lu". Ellos tienen su espacio en la playa, que no sólo es material, sino mucho más, es sentimental. 


GENTILEZA LUIS SATINI


Amigos, conocidos y clientes buscan cada año al místico Alberto, esperan estrechar su mano, un abrazo, un beso o simplemente y con mucha suerte verlo nadar. Y a eso me remito hoy. 

El lunes cuando había culminado la actividad de sus colegas, los guardavidas, los pocos que todavía estábamos en la playa, en la bajada del Nahuel, pudimos observar parte de la historia, esa casualidad o no, de esa pequeña ventaja que Dios te da para poder ilustrar a través de las letras ese plus que te ofrece la vida con los amigos, que lo podes contar, y que muchos estarán diciendo que lindo hubiese sido estar ahí. 

Ese 13 de enero del 2014 pudimos ver a Alberto internarse al mar y nadar otra vez. Vimos cómo le costaba caminar, bajar por la arena hacia la "lengua" del mar, en ese trayecto lo acompañaban sus amigos, iba paso a paso, con esas piernas que tantos problemas les traen. Pero más allá de ver algún gesto de dolor en su rostro, veíamos al nadador, aquel "tipo" que de joven comenzó la carrera de bañero en su barrio, por aquellos pagos de la zona sur del Gran Buenos Aires, la ciudad de Avellaneda. El recuerda sus comienzos por un acontecimiento importante, como si tuviera una conexión de un grande con otro grande, Racing Club salía campeón del mundo y Alberto comenzaba su solidaria carrera como guardavidas de la Cruz Roja. 

Lo vimos hacer la trayectoria desde la bajada de madera, después la tibia arena de esa hora de la tarde acompañaba sus pasos, muchos espiaban como diciendo qué hace por aquí, otros desde atrás de alguna sombrilla observaban como el mar lo esperaba a manera de alfombra roja, y otros tantos disimuladamente iban a la orilla para estar más cerca del acontecimiento. Quien escribe, no dudó en buscar su máquina de fotografiar, porque este documento se convertiría en historia, una más, y por suerte narrada e ilustrada para usted o para vos.

Era sabido. Como cual patriarca un niño se acerca a su paso y una leve caricia sobre su cabeza lo eternaliza en una foto. Es una foto que cuando tenga que sé yo cuantos años lo llevará a recordar que un día, una leyenda de Claromecó lo acompañó al mar, porque ahora lo toma de su mano y se mete sin querer en la vida de Alberto, así como sucedió con tantos chicos que aprendieron a caminar en la playa o nadar en el mar infinito. 


GENTILEZA LUIS SATINI


El primer contacto con el agua parece una bendición, es como si el agua que toca sus pies se convierte en bendita y anima a ese "viejo lobo de mar" a comenzar su faena. 

Un joven decide acompañarlo, equivocadamente pensó "pobre viejo", si necesita una ayuda adentro, yo voy a estar con él. Comienzan a internarse, se zambullen, el joven nada los primeros diez metros y ahí "planta bandera".

Alberto en su hábitat elegido parece imparable, la gente murmura y señala, no pueden entender tanta elegancia en su braceo, cada uno de ellos lo adelanta varios metros, no desperdicia nada de su esfuerzo, por mi cabeza pasan invitaciones a nadar e inclusive un loco móvil desde adentro del canal remolcado en una rosca. 

En cuestión de segundos sólo podemos ver su cabeza entre las olas, ya a unos cien metros de la orilla. Lo vemos dar una nueva clase de nado, miramos sus inmensas manos quitando el agua que lo impulsa, lo observamos ir hacia el este, hacia el faro, y yo desde la orilla, sólo deseo que salga, quiero mi foto, la exclusiva es mía y además tengo un nuevo recuerdo de mi amigo. 

En pocos minutos está nuevamente en la rompiente, camina mirando su querido Nahuel, sus piernas cansadas le juegan una mala pasada que sabe disimular como que, a su paso había un pozo o tal vez lo había, pero, a quien le importa ese detalle. Su compañero va a ayudarlo, mientras me acerco se santigua, otra vez afuera, otra vez su amiga la mar según él, lo devolvió a la costa. 


Con su esposa Lucrecia, conocida como la “Tía Lu”


Me acerco y se afirma a mi brazo, el joven le comenta, "me volví porque tiraba mucho", y por mis adentros pienso, quien ayuda a quien. 

Qué bueno es ver a ese hombre nuevamente disfrutando del mar, ese hombre que un día decidió como muchos de nosotros que Claromecó sería su patria chica, aquel que se imaginó haciendo su futuro, viviendo en un paraíso, pasando una red, comiendo frente al mar, desayunando con el amanecer infinito de telón, contando anécdotas en una terraza como escenario, mirando uno y otro atardecer, y otro y otro... y que sé yo cuantos.

Él te puede decir... hoy la mar está enojada, y su mano dibuja una vuelta, y te puede decir, la rompiente está brava y su dedo gira sobre sí mismo ilustrando esa ola. Te puede comentar, mañana será un día hermoso y con su gorra puesta hasta casi la nariz mirar el horizonte, y por las noches con la luna llena recordará cosas, a Goliat, al Nahuel Coi, a gente que nunca más volvió a ver (a mi viejo y los colectivos de La Victoria), tantas que no quiero olvidarme de ninguna, y seguro esa que vos estás pensando ahora, y tal vez muchos amigos, algún recuerdo de aquel Gerli, que tan lejos y tan cerca está cuando algún loco se acerca para hablar de él. 

Y uno piensa, con tanta belleza natural, con tanta energía del Atlántico, y tanta maravilla desde el Nahuel, cuantas lágrimas habrán caído, si te pasa a vos, como no le va a pasar a él.

Si la fuerza del mar, el brillo del sol intenso de enero, la melancolía de febrero, o los tranquilos días de marzo... todo te trae nostalgias y alegrías. 


GENTILEZA LUIS SATINI


Y la rueda comienza a girar nuevamente, esperar una nueva y exquisita primavera como lo es la de Claromecó, con el regreso de las golondrinas, los cabecitas, jilgueros, todos ellos te marcan que ya estamos, que una nueva temporada está llegando, y las flores más sencillas te dicen llegamos, ahí está la flor de la uña de gato, el amarillo de las acacias, ellas te marcan la meta final, entonces decís, se viene el Nahuel... una nueva temporada y Dios que es tan bondadoso y vive en este paraíso nos regala un nuevo año con su discípulo. 

Ahí está Alberto, con su cuchillo o su bastón, con su chaleco o su cinturón de cuero, está en el Nahuel, y hoy es un buen día para pasar a saludar, y te puedo asegurar con tan solo levantar la mano, vas a tener la respuesta de un amigo. 

Borelli está en la playa, el "viejo lobo del mar"… te sonríe entre su barba blanca y sabe cómo vos y yo… "Dios nos regaló una nueva oportunidad". 

Vivimos un nuevo verano, una nueva comunión entre amigos y el mar nos espera.