Opinión

Por Alicia Hurtado

Una escuela longeva

08|11|19 11:49 hs.

Pocas eran las oportunidades que tenían los adolescentes tresarroyenses de ampliar su educación formal en 1929. Por eso seguramente fue muy bien recibida la creación del Colegio Nacional, que fue suscripta por decreto del 14 de junio de ese año, hecho logrado a instancia de las gestiones que realizara el doctor Antonio Maciel.


A lo largo de tantos años, el colegio cambió de casa, de estructura y hasta de nombre. Casi todo ese tiempo dependió de la Nación, hasta que una reforma, muy resistida por la comunidad escolar en esos momentos, convirtió a todos los colegios nacionales en provinciales.

Lo que no cambió, o al menos si cambió, fue positivamente, es el espíritu fundacional de esas escuelas laicas y gratuitas, de puertas abiertas como brazos contenedores. 

Desde los casi 200 alumnos iniciales del ‘29, miles de jóvenes han circulado por sus aulas, y lo siguen haciendo todos los días. Pero no son sólo adolescentes, el viejo Colegio se ha reconvertido y alberga todos los niveles, comenzando por el Inicial y hasta el Terciario.

Desde la antigua casona de calle Chacabuco (con su anexo de calle Saavedra) hasta el actual emplazamiento en lo que antiguamente fuera el parque Dardo Rocha, en pleno centro, pegadito a los edificios emblemáticos de Tres Arroyos, el colegio sigue con la educación como norte.

Si miles de tresarroyenses han circulado y circulan por aulas y pasillos como alumnos y alumnas, no son menos los maestros, profesores, auxiliares, docentes y no docentes, que también lo han hecho y hacen. Pertenecer a esa comunidad siempre ha sido y será una carta de presentación de la que muchos se enorgullecen.

Noventa años está cumpliendo entonces este Colegio Nacional, cuyo nombre oficial actual es el de Escuela Normal Superior, que no es un edificio de cemento, ni una vieja casa de galería abierta, porque nunca será para quienes por ahí pasaron un montón de ladrillos sino el lugar en el que se gestaron vocaciones, se generaron recuerdos, se atesoraron anécdotas, donde también han nacido amistades y amores y adonde siempre será bueno regresar, aunque más no sea para comprobar que hubo una época en la que éramos chicos cuya mayor preocupación era que la de Biología no te preguntara por el trabajo que no hiciste, o la de Matemática no pretendiera que resolvieras ese teorema. 

Casi no debe haber familia en Tres Arroyos en la que no haya más de un ex alumno de la escuela, o un alumno actual, en cada hogar hay un poquito de eso tan intangible que la escuela le da a quienes por ella pasan. Esto la convierte en una parte indisoluble de la comunidad, a la que seguramente todos le desearán el más luminoso de los aniversarios.