Sociales

María del Carmen Conti

Profeta en su tierra

17|11|19 13:16 hs.

María del Carmen Conti habla con calma y con una sonrisa permanente en su cara. Transmite paz. También es fácil percibir la pasión con la que vive su fe cristiana. “Ir a misionar a Tres Arroyos fue un desafío porque es la primera vez que vengo en misión a mi propia tierra y fue una experiencia muy linda porque también me enriquecí. Yo vine con las manos vacías, disponibles a lo que se presentara. Y fue todo muy lindo”, explica ya de vuelta en Olavarría, lugar en que fue destinada a continuar su misión. 


“Fue una experiencia muy enriquecedora porque tuve contacto con mucha gente que me conoce, mis amigas, mis compañeras de escuela, amigos de la mi familia, todos me han recibido muy bien. Pero también me dejó muy satisfecha todas las personas que se han acercado a contarnos historias de vida muy fuertes. Fue como que en los días que compartimos la misión han encontrado un poco de sosiego, de paz, de tranquilidad”, dice.

Misionera 
Conti nació y creció en Tres Arroyos. Cursó el Primario y el Secundario en el Colegio Nuestra Señora de Luján y luego se fue a Bahía Blanca a estudiar licenciatura en matemática. Porque pese a tener ya deseos de llevar una vida de servicio y consagrada a Dios, también quería tener una formación académica. Fue gracias a una amiga de la universidad que conoció a las Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe y el círculo le cerró por completo. “Yo no quería integrar una congregación de hermanas, no me gustaba la vida de escuela o de hospital. Buscaba el estilo de vida de las misioneras, de consagración a Dios pero sin usar un hábito, porque una así vive la vida ordinaria de la gente y no anda con algo que la distinga”, explica durante la charla con LA VOZ DEL PUEBLO, en el interior de la Capilla Madre del Amor Hermoso, en el barrio Villa Italia, en uno de los descansos del día. 

La otra característica era la disponibilidad de dar servicio en la actividad que fuere y en cualquier país del mundo, algo que también estaba dispuesta a afrontar. Así fue que decidió ingresar al instituto. “Mi primer destino fue Olavarría, después Moreno, en el Conurbano, a donde fui con el objetivo de estudiar ciencias religiosas. Luego regresé a Olavarría hasta que en 1997 me enviaron a Italia”, cuenta María del Carmen. Fueron 15 los años que pasó en tierras italianas, por las ciudades de Bologna, Bari y Cerdeña.

En marzo de 2012 fue destinada a Polonia, a la localidad de Harmeze, en las afueras de la ciudad de Oswiecim y a sólo tres kilómetros de Auschwitz, el campo de concentración donde los nazis mataron más de un millón de personas, la mayoría judíos, durante la Segunda Guerra Mundial. Ahí residió hasta agosto de 2018 cuando le plantearon regresar a la Argentina. 

Volver 
María del Carmen venía cada dos años al país a visitar a su familia y había estado por última vez en 2017, que tuvo que viajar por el fallecimiento de su papá. En 2018 se realizó la Asamblea General del Instituto Misionero, evento en el que de ser necesario se plantean los traslados de las misioneras. Así fue que le preguntaron a la tresarroyense si estaba disponible para regresar a la Argentina, para continuar la misión acá, enriquecida por todo lo que había vivido en los 21 años resididos en Europa. 

“Acepté y me vine a vivir a Olavarría. Para mí un lugar u otro es lo mismo. Porque lo importante es poder vivir mi vocación y la misión”, cuenta. 



Pero reconoce que no le fue fácil soltar Polonia. “Me costó un poco porque fue muy fuerte la experiencia allá vivida. Fue un lugar que le dio mucho a mi vida, a mi historia y también a mi vocación misionera. Y por eso me costó. Pero sentía también que desde la perspectiva de que me había enriquecido podía donar eso acá. Y muchas personas de acá siempre me pedían también que volviera, me decían que acá se necesitaban también misioneras”, dice.

“En cada lugar hay distintas misiones de servicio respondiendo a las necesidades de esa comunidad. Uno de los aspectos más importantes de nuestra misión es ir hacia la gente, y eso se da a través de los encuentros que organizamos en las parroquias, en nuestras casas, que son centros de espiritualidad, o en las misiones parroquiales, sobre todo la animación de los jóvenes y de las familias”, describe Conti. 

“Y también tenemos la actividad editorial. Para nosotros la palabra escrita acompaña el servicio de misión de testimonio y de anuncio que estamos llamadas a realizar. Tenemos una revista que se edita en italiano, en castellano y en portugués, a partir de la que se comunican los valores de la vida del Evangelio. Es una herencia espiritual de misión que recibimos de San Maximiliano Kolbe”, completa. 

Buenos Aires 
En Olavarría las misioneras tienen un centro de espiritualidad para recibir a grupos, a personas, realizan encuentros, retiros, pero también las devotas salen y recorren toda la provincia misionando. Así fue que en octubre por primera vez les tocó visitar Tres Arroyos. 

La misión se extendió por casi dos semanas, lapso en el que realizaron actividades en la Capilla Madre del Amor Hermoso y en el barrio Villa Italia. “Octubre siempre es un mes misionero, pero este año el Papa Francisco había convocado que era un mes misionero extraordinario e invitó a todos los cristianos a salir a misionar. Y el padre Roberto (Buckle) nos pidió si podíamos dedicar un poco de tiempo a visitar este barrio para hacer un poco de lío, de ruido, que se sintiera la presencia de los cristianos”, cuenta. 

María del Carmen llegó a Tres Arroyos junto a otras cuatro misioneras y acá se fueron sumando otras personas, hasta conformar un grupo que por momentos llegó a tener casi 50 integrantes. 

“La actividad principal realizada fue la visita a todas las familias del barrio, golpeando la puerta, llevando la imagen de la Virgen, que es lo que nos permitió ser reconocidos como católicos, porque en el barrio hay presencia de otros católicos, cristianos evangélicos, protestantes, que nos recibieron con mucho respeto. En algunas casas hemos podido rezar evangélicos y católicos juntos, y eso fue una acción muy fuerte. Porque al final es el mismo Dios, sólo que cada uno lo busca desde donde se lo han enseñado y donde ha encontrado una respuesta para la vida. Y eso es muy lindo”. 

También se invitó a todas las familias interesadas a acercarse a la capilla, a dialogar con el padre, a recibir los sacramentos. Fueron varios los niños, jóvenes y adultos que recibieron el Bautismo. Además, hubo encuentros con niños, de juegos, pero en lo que se dejó el mensaje de la fe. Una de las experiencias más lindas fue la que vivieron en la Escuela N° 7. “Fuimos con la imagen de la Virgen y tuvimos un encuentro muy lindo con los niños y las maestras. Los chicos súper receptivos y participativos, ellos son la esperanza del futuro y queda claro que se puede trabajar en ellos, que son la tierra fértil. Y así inculcarles estos valores humanos, cristianos, y bien fuertes”, cuenta con alegría. 

En Villa Italia, María del Carmen también se chocó con muchos contrastes, con vecinos que están relativamente bien y otros que la están pasando muy mal. Pero eso tiene una visión alentadora de su vivencia: “En ese contraste vimos que todos estamos en busca de algo que venga a darnos esperanza, una luz, que oriente para el bien. Hubo personas que nos dijeron que habíamos llegado en momentos muy difíciles y que escuchar una palabra de amor, de fe, les había sido reconfortante”. 

Y agregó: “Entonces nosotras, las misioneras, también terminamos enriquecidas. Porque en el encuentro con las familias y las realidades que se viven, fuimos testigos de testimonios muy fuertes y de cómo están llevando adelante el sufrimiento, el dolor, la crisis, que fue muy edificante. No todo es oscuro, no todo es negro, sino que en muchas familias hay esperanza, y eso es lo que las lleva adelante y sostiene”. 

Después de 12 días muy intensos en Tres Arroyos, María del Carmen regresó a Olavarría para continuar misionando. Y se fue enriquecida por la experiencia vivida y por haber sido profeta en su tierra.


                   -------------------------------------------------

La enriquecedora misión polaca

María del Carmen vivió durante seis años a escasos tres kilómetros de Auschwitz, el campo de concentración más letal llevado adelante por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Pero a partir de su espiritualidad, de sus vivencias y de toda la información que ha recabado, ella asegura que catalogar a Auschwitz como un cementerio es una visión muy reducida. “Para mí no es un lugar de muerte, es un sitio que me hizo muy bien. Iba a caminar a los campos y me recargaba interiormente. Es un lugar de esperanza, de vida, porque pienso en los que estuvieron cinco años padeciendo todo tipo de agresiones y supieron resistir la violencia de los nazis con el bien, la bondad, el patriotismo, conservando la dignidad pese a ser considerados pedazos y no personas”. 



Si bien asegura que nunca pensó que se iba poder adaptar a vivir en lugar con un clima tan hostil -en invierno hay temperaturas de 15 grados bajo cero y los días son muy cortos-, se siente privilegiada por haber podido residir en los suelos donde están las raíces de las misioneras. “Cada vez que podía iba sola o en grupo a visitar la celda del Padre Kolbe o a Birkenau. El solo hecho de estar en esos lugares me llenaba el espíritu. Auschwitz tiene una historia muy rica, muy intensa y una no se puede quedar con lo que observa en un primer nivel de información. Hay que excavar, indagar, y te aseguro que comprobás que ahí ganó la vida”. 

Centro de Espiritualidad
Al poco tiempo de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, los padres franciscanos polacos decidieron fundar un convento cerca de donde había muerto el Padre Kolbe (ver recuadro). Les fue ofrecido el terreno en Harmeze, localidad que durante la invasión nazi funcionó un subcampo y los prisioneros plantaban cebollas, papas y en las pequeñas lagunas linderas sembraban peces y cortaban cañas. También en esa zona los alemanes arrojaban las cenizas de los miles de muertos que eran cremados tras ser asesinados en las cámaras de gas que funcionaban en Birkenau (Auschwtiz II). 

Tras la construcción del convento levantaron la parroquia y después se acordó la creación de la casa de espiritualidad de las misioneras. “Los franciscanos le pidieron a nuestro padre fundador que nos instaláramos en el lugar porque nuestra presencia podría continuar el legado de Kolbe y su obra, para llevar el mensaje de esperanza y no quedarnos con que Auschwitz es sólo muerte, violencia y odio. Sino transmitir que también hubo gente que hizo el bien, que tuvo gestos de solidaridad, de bondad, que dio la vida”, argumenta Conti.  

El mártir de la caridad

Maximiliano Kolbe nació en Polonia el 8 de enero de 1894, en la ciudad de Zdunska Wola, que en ese entonces se hallaba ocupada por Rusia. A los 13 años ingresó en el Seminario de los padres franciscanos en la ciudad polaca de Lvov, la cual a su vez estaba ocupada por Austria. Finalizó sus estudios en Roma y en 1918 fue ordenado sacerdote. 

Devoto de la Inmaculada Concepción, pensaba que la Iglesia debía ser militante en su colaboración con la Gracia divina para el avance de la fe católica. Movido por su devoción a la Inmaculada Concepción, fundó un movimiento llamado “La Milicia de la Inmaculada”, cuyos miembros se consagrarían a la Virgen María. 

Convencido de la importancia de las comunicaciones y sobre todo de la palabra escrita para difundir “la buena noticia del Evangelio”, inició la publicación de la revista mensual “Caballero de la Inmaculada”. Con una tirada de apenas 500 ejemplares en 1922, en 1939 alcanzaría cerca del millón... 

En 1929 fundó la primera “Ciudad de la Inmaculada” en el convento franciscano de Niepokalanów, a 40 kilómetros de Varsovia, que con el paso del tiempo se convertiría en una ciudad consagrada a la Virgen. Allí en la década del 30 llegaron a trabajar junto a él 800 frailes con una actividad editorial impensada para la época. Por eso, los nazis consideraban esa tarea una amenaza a su régimen y al invadir Polonia tomaron prisionero al padre Kolbe y a centenares de frailes. En total fueron 3000 los franciscanos deportados a distintos campos de concentración durante la II Guerra Mundial. 

En febrero de 1941, tras un fugaz paso por la prisión de Pawiak, el cura fue transferido a Auschwitz. A pesar del trato inhumano allí recibido, durante su estancia nunca abandonó su generosidad y su preocupación por los demás, así como su deseo de mantener la dignidad de sus compañeros. 


En agosto de 1941 dio la vida por Franciszek Gajowniczek un sargento polaco que había sido condenado a muerte. Es así como San Maximiliano María Kolbe, en medio de la más terrible adversidad, dio testimonio y ejemplo de dignidad. En 1973 Pablo VI lo beatifica y en 1982 Juan Pablo II lo canoniza como Mártir de la Caridad. El Papa polaco, un año después de su elección, en Auschwitz, dijo: “Maximiliano Kolbe hizo como Jesús, no sufrió la muerte sino que donó la vida”. 

El movimiento de la Milicia se había difundido mucho en Italia y en Bologna, un grupo de mujeres que trabajaban en la obra, solicitan la creación de las Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe para consagrarse totalmente a transmitir el legado del mártir. El nuevo instituto fue fundado en 1954 y en 1963 se abrió la primera casa en la argentina, en la diócesis de Azul.