foto Horacio Arbasetti

Sociales

Lo que siente Marcelo Escalante

El placer de la lectoescritura

17|11|19 12:41 hs.

Para Marcelo Escalante seguro que la noche del jueves 14 de noviembre de 2019 no la va a olvidar. Particularmente por el hecho de presentar su primer libro de poemas, “Altamar”, y de reencontrarse con muchos de sus amigos. 


Previamente a este encuentro LA VOZ DEL PUEBLO había estado en su casa donde, distendido, contó al diario el cómo o por qué se generó esto. 

Escalante lo define como que “uno tiene una cantidad de sueños y el mío era navegar a vela por el mundo o donde sea. Por esto, independientemente de la pediatría, empecé a rendir examen hasta recibirme de médico naval y me embarqué en Harengus, un barco de pesca de casi 100 metros de eslora con 80 tripulantes, y permanecí sesenta días en alta mar”. 

Esta era, según su propio relato, la experiencia que quería vivir: dos meses sin ver tierra. En esa permanencia en alta mar escribió en una carpeta todo lo que le fue generando, siempre en carácter de aficionado.


En familia. Marcelo junto a su mujer Virginia Di Rocco y sus hijas Clara Drago y Emma Escalante, la noche del Mubata


Afición cotidiana 
La lectoescritura, en las personas -reconoce Marcelo-, “es una afición cotidiana y yo tengo la oportunidad de compartirla con mi vecina de Claromecó, Silvia Arias. Entonces todo lo que escribo me lo corrige, es muy crítica y sigo sus consejos. Entonces un día le pedí si no me miraba esto escrito hace más de treinta años atrás, cuando yo era otro tipo”. 

Como Silvia Arias se estaba yendo nuevamente a Europa lo leyó y simplemente le dijo “esto lo publicamos. Está muy bueno, foliámelo…”. 



Un trabajo que llevó a cabo la mujer de Escalante, Virginia, porque como el propio Marcelo reconoce hay algo de lo que adolece en su forma de escribir y es en cuanto a la puntuación. Un trabajo que le llevó “un tiempo agotador” como él dice, “porque yo cero de pantalla de computadora. Silvia Arias es una mujer de las letras y su trabajo le permitió dibujarme con mejores colores lo que yo tenía hecho. De ahí vino el contacto con la editorial Dunken, con Lucas Mulder quién me sacó esta foto para la doble ilustración de la tapa. Esto sumado a la corrección laboriosa de mi mujer Virginia, que maneja muy bien la pantalla, tuvo como resultado que publiquemos este libro”. 


Silvia Renée Arias y Marcelo Escalante con “Altamar”


Una forma distinta de disfrutar 
Lo de haberlo hecho en el Mubata, en la noche del jueves, para Marcelo es un poco una forma distinta de reunirse “con los amigos. Quizás a esta edad uno se junta poco con tantos. La idea mía era juntarnos con tantos en un lapso de tiempo que uno nunca sabe si lo va a volver a hacer y esta era una buena oportunidad”. 

Ahora el camino está abierto y como el mismo Escalante cuenta sigue escribiendo “todos los días”. Ya que la lectoescritura a la que se refiere es como para cualquier otra persona el correr o andar en bicicleta “es un disfrute. Todas las noches, un silencio, en mi cuarto hay un escritorio que era de mi bisabuelo, entonces ahí tengo el desafío del papel blanco. En él uno ensaya bosquejos, después esos bosquejos andando en bicicleta van desarrollando y adquiriendo nuevas visiones, nuevas circunstancias que hacen que todo termine en alguna cosa que alguien corrige. Y Silvia -pobre- es la que tuvo ese trabajo, además de darme consejos. Yo no soy un hombre de letras, soy apenas una pequeña expresión de biología porque soy pediatra. Silvia sí lo es y con ella entonces voy aprendiendo a escribir mejor o igual pero con la tranquilidad que alguien me lo mira. Porque nunca tuve nadie que lo haga con visión de escritor y ella –refiriéndose a Silvia Arias- es una escritora profesional. Entonces con esa bonhomía que tiene y la amistad entre los dos me va corrigiendo y guiando”. 

“Yo no soy un hombre de letras, soy apenas una pequeña expresión de biología porque soy pediatra. Silvia Arias sí lo es y con ella entonces voy aprendiendo a escribir mejor o igual pero con la tranquilidad de que alguien me lo mira”.




Aquí, Escalante hace una gran observación sobre la lectoescritura y su forma de interpretarla al decir que “uno no escribe más que para sí mismo porque esto demuestra la conexión que tiene con su interior. Con lo que yo tuve en 25 años de navegar a vela con el mar. El te plantea un infinito que de alguna manera resume la escala de encontrarse con la última célula de tu interior. Entre eso y una estrella no hay diferencia, la distancia es la misma”. 


fotos Marianela Hut


Recorrido 
Concretar un libro no es la culminación de un sueño para Marcelo Escalante porque para él lo más importante es justamente el camino recorrido en todo esto, no importa si se logra o no el objetivo. Trae de sus recuerdos que jugó al rugby y quería llegar a primera, después lo hizo durante diez años al tenis, con lo que se divertía. Por último con el judo durante mucho tiempo; después de casi 27 años con la gran ayuda de su amigo Miguel Torraca “a mis 68 me preparé durante un año y me gradué en la Confederación de cinturón negro. Entonces esto de llegar no tiene importancia por el hecho de decir soy tal cosa sino por el que después de tantos años llegué. No sé si llegué diez puntos pero el camino es más interesante que llegar. Entonces, si vos mirás estos versos -marcando a su libro- y decís esto es tu cinturón negro, ésto son tus 25 años a vela, ésto es los 45 años de pediatra que tenés… y sí, es pequeño. Pero me va a permitir juntarme con los amigos, crear estas situaciones que son para mí agradables en las que se puedan compartir pequeñas cosas”.

Tan pequeñas como la cantidad de páginas que tienen su libro, pero que al leerlo le demostrarán que lo de “Altamar” poco tenían que ver con olas o borrascas. Sí con sueños, amores, olores y vivencias que seguro Marcelo Escalante debe de haber rescatado en esos 60 días a bordo del pesquero de altura Harengus y que bien pudo expresar.  


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Silvia Arias: “Hay algo genuino en él”

Obviamente que consultamos a la editora del libro Silvia Arias, quien además fue la encargada de impulsarlo a publicarlo. 

Contó que normalmente ella recibe muchas cosas o le acercan lo escrito para que le dé una opinión. En este caso de Marcelo “fue una grata sorpresa porque yo sabía que escribía pero no tanto. Lo suyo estaba en manuscrito que en algunos momentos era difícil de entenderle pues lo hace ‘con letra de médico’ pero realmente me gustó. Porque me dije: ‘acá hay una veta poética muy interesante’, sobre todo por cómo nacieron estos poemas, por ser de una época en la que él se embarcó en un buque de pesca y estuvo 60 días lejos de tierra como médico a bordo”. 



Durante la lectura de ellos se sintió sorprendida porque “hay pocas alusiones al mar. Lo que él está expresando es todo lo que siente una vez que se alejó de la tierra. La única manera de verlo a la distancia es tomarla y entonces uno de sus primeros poemas empieza diciendo ‘mi casa huele a hierbas, pan horneado, perejil y siempre verde’. Es allí que me llamó la atención eso y a partir de ahí todos su poemas tienen que ver con alejarse para adentrarse en sí mismo. Es un poco lo que digo en la contratapa de este libro. Y me gustó esa forma de ver la naturaleza, de relacionarla todo el tiempo con el amor a una mujer, los recuerdos de la infancia, que están también muy ensamblados con el adulto que los recuerda. Todo en su vida es de un poeta ciento por ciento. Yo digo que todo poeta es un escritor pero no todo escritor es un poeta y Marcelo tiene eso. Pero también porque veo que hay algo genuino en el y no hay nada mejor que esa cosa genuina en una persona en lo que sea, en el trabajo que sea, en la pasión que sea y que tenga por determinada disciplina”.

Silvia recuerda casos en los que personas que la han consultado sobre escritos propios ella les aconsejaría ir a un taller literario para que alguien los guíe. En el caso de Marcelo “él me dijo ‘mirá me gustaría que lo leyeras sin ningún compromiso’; entonces le dije ‘me gusta’. Confió en mi mirada y a partir de ahí fui yo quien le dije que podría editarlo… ‘y ¿te parece?’ me contestó, todo lo contrario de los que quieren publicar porque así se sienten escritores. Así de simple. Y bueno, ese es Marcelo, ése es el hombre, ése es el poeta, ése es el amigo. Para mí ha sido un gusto trabajar en este libro suyo”. 

En el final, Silvia reconoce que este libro desde el mar pocas cosas tienen que ver con esto. Por eso la noche de la presentación le preguntó: “bueno, ahora desde tierra, ¿qué vas a escribirnos sobre el mar?”.