Carta de Lectores

Carta de lectores

Cosas

22|11|19 11:59 hs.

A veces, la cantidad de cosas que pasan no nos permite encontrar un título abarcativo, entonces optamos por una palabra suelta que pueda sugerir varias ideas. 


La inseguridad parece haber tomado envión y salió primera en la carrera de cosas que nos tienen en vilo. Escuelas atacadas, incendios intencionales, cuentos del tío, robos y hurtos, parece una seguidilla interminable de sucesos que a todos preocupan, aunque no de la misma manera. A algunos de nuestros representantes parece importarles más si se interpela o sólo se interroga al responsable local de la seguridad en lugar de ocuparse por saber qué y cuánto se hace para prevenir, por ejemplo. Y el secretario respectivo parece, también, ocuparse más en criticar al de enfrente que en relatar cuáles son las acciones que tienen en la política local de seguridad ( y ¡ojo!, que acá estoy empleando el término “política” sin ningún segundo sentido y, mucho menos, sin menospreciar el término). 

Otra cosa que preocupa es el catastrófico estado de algunas construcciones playeras en Claromecó, fotografía de las cuales han salido no solo en los medios periodísticos locales sino en todas las redes sociales. Pero respuestas, lo que se dice respuestas claras y concretas, no hay. Suponemos que la Secretaría de Turismo algo podrá decir al respecto. Y ojalá lo haga, porque son como feos lunares en una comunidad cuyo delegado, con los empleados municipales codo a codo, ha hecho verdaderas maravillas hermoseando la villa, y hay concesionarios que se esmeran en tener sus paradores de la mejor manera posible, incluso ha habido quienes han atendido al turista durante todo el año. 

Y, cosa final por ahora, empiezan los primeros, y tardíos, calores y comenzamos a sufrir con la poca presión del agua. Eso sí, siguen existiendo esos manantiales que surgen en muchísimas calles, formando a veces verdaderas lagunas de agua potable que, seguramente, no debería estar allí. Si uno telefonea a alguna dependencia municipal, no suele tener suerte, o nadie responde, o quien lo hace nos dice, amablemente, que no sabe nada al respecto.

Bien, uno escribe y es una especie de catarsis. Lo bueno sería que nuestros representantes estuvieran a la altura de las circunstancias. Desgraciadamente, pocas veces es posible. 

Alicia Hurtado