Foto: www.eltucumano.com

Policiales

Hoy

José Alperovich: una sobrina lo denunció por violación

22|11|19 13:32 hs.

La joven de 29 años, denunció hoy a su tío José Alperovich, exgobernador de Tucumán, por abuso sexual tanto en diacha provincia como en Buenos Aires, ya que en ambas habrían ocurrido los hechos.


La sobrina de Alperovich lo acompañó desde 2017 como asesora personal y trabajó en su campaña para ser nuevamente gobernador (donde perdió frente a Juan Manzur).

En la carta que trascendió de la joven dice: "Durante un año y medio, mi tío José Alperovich violentó mi integridad física, psicológica y sexual". 

La carta:

"Hoy se presentó una denuncia por abuso sexual en los Tribunales penales de Tucumán y en la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM)en Buenos Aires contra el ex gobernador de Tucumán y actual Senador Nacional.Publicamos una carta abierta de la denunciante.

“El silencio pesa (…) La verdad es poderosa porque sana. La verdad aparece solo si nosatrevemos a decirla. Ya lo hice. Ya no me callo más”.El arte de no callar. Autobiografía entre el silencio y la impunidad. Thelma Fardín.

Estoy segura que ninguna persona que haya sufrido violencia sexual quisiera estar en estelugar, desnudando la intimidad más dolorosa de su vida. Pero nos obligan a encontrar enesta manera la posibilidad de ser escuchadas. Ya no nos callamos más, pero tampocoqueremos hablar por lo bajo de lo que nos pasa, de lo que sentimos, de lo que nos hicierony de cómo hacemos para volver a la vida después de que hechos tan traumáticos nos lacambiaron para siempre.

No escribo para convencer a nadie de nada. Estoy aquí contra la opresión del silencio y porla necesidad de recuperar mi vida, de sanar llamando a las cosas como son, sin suavizarlasni teñirlas, poniéndole al monstruo nombre y apellido. Cuando no le ponés nombre, noexiste.

El mío se llama Jose Jorge Alperovich, mi tío segundo y jefe, por quién fui violentadasexual, física y psicológicamente desde diciembre del 2017 hasta mayo de 2019. Duranteun año y medio sufrí violaciones a mi integridad física y sexual. El avasallamiento fuedemoledor. Tanto que ni siquiera pude ponerlo en palabras. Él oscilaba libre ycómodamente en los tres escenarios ante los que me posicionaba: el familiar, el laboral y eldel horror de la intimidad que me forzaba a vivir con él.No quería que me besara. Lo hacía igual. 

No quería que me manoseara. Lo hacía igual. Noquería que me penetrara. Lo hacía igual. Inmovilizada y paralizada, mirando lashabitaciones, esperando que todo termine, que el tiempo corra. Ya saldría de ahí y estaríaen mi casa, ya habría más gente alrededor, ya el disimulo y el trabajo lo iban a alejar de mi.Ya se cansaría de mi, de que no quiera, de que sea “asexuada” como me llamaba. Pero sufijación no cesaba, durante mucho tiempo quiso más y más seguido, con más ganas, conmás fuerza, con más violencia por mi resistencia.

La sensación de que nunca nadie iba a salvarme, de que no iba a haber una interrupción oalgo que me sacara de esos lugares. Era expresamente su voluntad. Yo no podía salir sola del encierro porque sabía que tras la primera puerta había caseros, y policías y custodiosarmados. Todos sabiendo lo que estaba pasando adentro y cuidando las fronteras de él.Estaba completamente atrapada.

Yo nunca elegí estar ahí de esa manera. Se lo decía en cada no. Pero mis no para él nuncafueron suficientes. No se trataba del ímpetu ni de la cantidad de veces que se lo decía ni decomo se lo explicaba ni de como mezquinaba mi cuerpo ni de como intentaba defendermeni si lloraba o no. Nunca en mi vida lloré tanto. "