Opinión

Psicología

Nunca es tarde…

24|11|19 16:48 hs.

Por Claudia Torres (*)


“¿Te parece que a mi edad me voy a enamorar? No creo, eso es para la juventud a mí se me pasó el cuarto de hora…”. 

La miré, veía una mujer vital y con ganas, bella no solo exteriormente, luchadora e independiente, con experiencia, simpática y muy agradable en el trato. Una mujer con vida... ¿y por qué no? pregunté, una sonrisa enorme cruzó su rostro me miró fijo y me dijo… ¡porque tengo más de 60 años! 

En este punto la sonrisa se trasladó a mi rostro, y comencé a cuestionarme muchas cosas, entre ellas el ¿por qué pensamos o creemos que a cierta edad se terminan algunas cosas, como el poder sentir amor? ¿Quién nos dijo que para enamorarnos debemos ser jóvenes? No hay edad para los sentimientos, no hay razón alguna para cerrar ciertas puertas sólo porque tenemos arrugas o canas. 

Solemos darle una excesiva importancia a ciertas etapas de la vida, donde la juventud suele ser el centro y es valorada de una manera más que significativa. 

Nuestra esperanza de vida es cada vez mayor y todos estamos de acuerdo en que esto es un gran logro. Sin embargo, las campañas publicitarias nos envían continuos mensajes que idealizan la juventud. Crean estereotipos positivos que asocian esta etapa de la vida con belleza, actividad, felicidad… Nos ofrecen todo tipo de productos que oculten el paso de los años: cremas, maquillajes, operaciones de estética… 

El envejecer es una realidad propia de cualquier forma de vida, en los seres humanos varía según las culturas y etapas históricas, podemos encontrar tantas formas de envejecer como individuos hay en este mundo. 

El envejecimiento es una más de las etapas del ciclo vital, junto a la infancia, la adolescencia y la edad adulta. Y, en esta etapa, al igual que en las anteriores se producen una serie de cambios físicos, psicológicos y sociales, si bien no se producen en el mismo momento y grado en todas las personas mayores, ya que se trata de un proceso dinámico, de tal forma que el envejecimiento tiene diversas trayectorias. En esta etapa no sólo se llevan a cabo algunas pérdidas, sino que hay funciones o capacidades que mantienen su actividad o incluso pueden llegar a mejorar. 

Si tenemos la posibilidad de conversar con personas de diferentes edades, podemos observar que hay distintos mitos y prejuicios acerca del envejecer. 

Muchos toman a la vejez como una enfermedad, sin embargo, no tienen en cuenta que es un proceso natural y gradual de cambios y transformaciones. Se cree que al envejecer se deja de tener relaciones sexuales, esto no tiene por qué ser así, no es correcto pensar que a cierta edad no hay interés en tener deseos en la intimidad, lo que cambia es la forma de expresar el deseo. 

Otro de los prejuicios que podemos ver es la afirmación que el envejecimiento te hará frágil. Otra mentira. La gente en esta etapa puede requerir más cuidado, pero aun así son perfectamente capaces de trabajar o realizar actividad física, lo que es muy bueno para su salud. 

En algunas ocasiones podemos llegar a pensar que el envejecer te imposibilita para adaptarte a los cambios. Se dice que a cierta edad nos volvemos intransigentes, pero la verdad es que eso depende absolutamente del carácter de cada individuo. Hay quienes se adaptan con gran facilidad, pero otros nunca logran acostumbrarse.

Las limitaciones que podemos presentar no constituyen una enfermedad que nos incapacita, usar lentes, tener más o menos canas o no poder correr como antes, forma parte de un “desgaste” natural en nuestro organismo. Tengamos en cuenta que también podemos seguir aprendiendo y participando en las diferentes actividades que nos gusta realizar. 

Los prejuicios referidos a la vejez condicionan y limitan nuestra mirada acerca de las personas mayores y nuestra manera particular de relacionarnos con ellos.

Y al hablar de amor en esta etapa de la vida, no hago referencia sólo al amor romántico, al compañerismo y al cuidado del otro. 

Mucha gente piensa que a determinada edad ya no existe la sexualidad y el sexo, sin embargo, una sana vida amorosa y sexual fomenta la seguridad y autoestima, y el saberse tanto digno de ser amado por otros como capaz de amar. Lo diametralmente opuesto a ello es la soledad emocional y baja autoestima, que son perjudiciales para la salud de la persona. El ser humano, como ser social y también por sus específicas necesidades afectivo-emocionales y sexuales, tiene necesidad de contacto físico y de intimidad afectiva, para así poder expresar sus sentimientos y emociones a otras personas. Pero para todo ello es preciso desmitificar la sexualidad, normalizarla, y perder al miedo al deseo. 

La sexualidad desempeña un papel muy importante a lo largo de la vida, no hay motivo alguno para creer que con la edad desaparecen el interés o las prácticas sexuales; el placer no solo depende del aparato genital. Por lo general, la sociedad relaciona más a la sexualidad con la juventud, alimentando muchos estereotipos negativos acerca de la sexualidad en la vejez. 

La capacidad sexual no desaparece con la edad y la disponibilidad de un compañero que nos resulte atractivo y complaciente es el factor más importante para lograr mantener una vida sexual satisfactoria. Todavía parece que necesitamos tener presente que tener deseos sexuales no es anormal. 

Deberíamos llegar a comprender los cambios psicológicos y físicos que se producen en esta edad evolutiva, que no significa la renuncia al placer. 

El tema de la sexualidad es quizá uno de los que más exige una visión integral que contemple los aspectos biológicos, psicológicos y sociales. 

Tampoco vamos a decir que es lo mismo enamorarse a los veinte que a los más de sesenta, pero en un sentido más positivo que negativo. "Cuando somos más chicos el amor se vive de manera diferente porque ni siquiera tenemos desarrollada por completo nuestra identidad. Los amores mayores son más maduros debido a que a los sesenta se supone que ya sabemos lo que queremos", señala un especialista de INECO. Ricardo Iacub, doctor en psicología especialista en mediana edad y vejez, apunta que muchos de sus pacientes llegan al consultorio y le cuentan que siempre les había parecido ridículo enamorarse de grandes, pero que ahora les sucede y que en estos casos "no pierden el tiempo con vueltas porque saben que les queda un tiempo relativamente corto". 

El amor entre personas mayores es posible. Para saber qué es el amor para el adulto mayor, es indispensable romper con las ataduras, miedos e ideas preconcebidas que muchas veces nos colocan en una situación rígida, casi inflexible, la cual nos limita de tal manera que pensamos que es casi imposible o ridícula la idea de enamorarnos.

Si logramos reconocer que el deseo de amar y de ser correspondido es inherente al ser humano en cualquier momento de la vida, la etapa de la vejez no queda al margen de esta condición humana.

Y por último, tengamos en cuenta que el amor supone una gran entrega, pero sin perder la identidad, es compartir, aprender, descubrir… es libertad, trabajo, construcción y deseo. 

No elegimos enamorarnos, el amor nos elige, no entiende de idiomas, colores, ideologías, sexos… y tampoco de edades. 


Lic. Claudia Eugenia Torres 
M.P.:40256 
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