Opinión

Editorial

El desafío fundamental

02|12|19 12:39 hs.

Que una persona no satisfaga sus necesidades fundamentales no es un problema ideológico, es un drama humano. En consecuencia, el instrumental conceptual de cualquier teoría, siempre será insuficiente para explicarlo y abordarlo. Las ideologías, dada su visión parcial, enfatizan unas características de la realidad y del hombre, en desmedro de otras para justificar sus puntos de vista. Allí se encuentra la raíz de sus limitaciones. Esto no es malo per se. Simplemente no alcanza para dimensionar el espectáculo de la pobreza en sus múltiples dimensiones. 


Pero si las ideologías son ineficaces, los datos son elocuentes. Según el INDEC, en el primer semestre de 2019 el porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza es del 25,4%; estos comprenden el 35,4% de las personas (15.908.304 habitantes) Dentro de este conjunto se distingue un 5,5% de hogares indigentes, que incluyen el 7,7% de las personas (3.460.824 habitantes)

Números que incluyen nombres de niños y niñas, que no tienen tiempo de espera, que no pueden postergar su turno


Sucesivas generaciones de argentinos y argentinas, consciente o inconscientemente hemos descuidado el bien común, que es aquello que está más allá de nosotros mismos y se sostiene con criterios de justicia que benefician a la comunidad en su conjunto. Esto incluye cuestiones materiales e inmateriales, que nos exceden a nivel individual pero que no nos eximen de contribuir a su sostén a nivel social, con la suma de nuestras acciones. El resultado social y económico actual de nuestro descuido, aun sabiendo que las generalizaciones no son justas, son los niveles actuales de pobreza e indigencia.

La vida pública, con sus variadas aristas, es un ámbito necesario de participación y compromiso ciudadano: desde las escuelas y los clubes, pasando por las organizaciones intermedias y las del denominado tercer sector, así como también los medios de comunicación, la vida empresarial y el compromiso político. La actual encrucijada argentina requiere de un esfuerzo conjunto y de toda la energía social de la que somos capaces, sin esperar de acuerdos de dirigentes o de cúpulas lejanas a nuestro trajín cotidiano, soluciones mágicas.

 El desafío fundamental de esta generación y las siguientes, es el compromiso serio, enfocado y coherente para combatir el mal humano de la pobreza 


“Empezar por lo cercano”, explicaba el profesor Héctor Rocha (IAE – London School of Economics), a un grupo de empresarios y emprendedores sociales. Y marcaba algunas ideas, que según su punto de vista, debían guiar la contribución de cada uno al ámbito público. Dos de ellas, van en línea con lo que se expresa en estos párrafos: criterio de proximidad y criterio del bien común. Las deudas sociales, graves y dolorosas, están cerca de nosotros, a cuadras, a pasos, y parte de sus soluciones se encuentran un poco más allá de nuestros lícitos intereses individuales.

El desafío fundamental de esta generación y las siguientes, es el compromiso serio, enfocado y coherente para combatir el mal humano de la pobreza. Todas las demás metas, deberían estar en función de este objetivo mayor, cuyo punto de partida, es el malestar de una realidad que nos interpela con cifras inaceptables. Números que incluyen nombres de niños y niñas, que no tienen tiempo de espera, que no pueden postergar su turno.

“¿Cómo contribuir a la dignidad humana?”, se preguntaba Toty Flores en ese mismo encuentro. La respuesta individual a este interrogante, seguramente será la contribución que hagamos al bien común de nuestras comunidades.