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La ciclista local tuvo un notable crecimiento en 2019

Zurita: “El balance de este año es súper positivo”

22|12|19 12:55 hs.

Por Jorge López De Ipiña

El convencimiento, cuando nace desde lo más profundo del deseo por algo que despierta pasión y satisfacción, suele convertirse en un motor de impulso imparable. El poder de ese desarrollo puede hasta no saber de limitaciones ni de límites; entonces, la fuerza de esta mujer pasa a transformarse en la gran razón de una carrera deportiva que en su primer año de actividad se llena de sorpresas primero, y éxitos después. 

Varias veces, o mejor dicho muchas veces, Julieta Zurita se cruzó con su bicicleta y en cada encuentro algo especial se fue gestando hasta que entendió que ya nada las separaría. Primeo fueron paseos, luego entrenamientos de rutina, más adelante la exigencia en esa preparación comenzó a cobrar intensidad hasta abrirle las puertas en este mismísimo 2019 a la competencia. 

Antes de rural bike, Julieta, de 26 años, hizo running más que nada por una cuestión natural, “nunca fui deportista y de chica hasta fumaba”, recuerda. Su unión a la bici comienza a forjarse por su gusto al andar “al aire libre; la inquietud por conocer lugares… Ampliar las distancias, pasar la tranquera de un determinado campo, ver nuevos caminos vecinales, pueblos cercanos; la inquietud por ver un poquito más allá me llevó a comenzar con todo esto”, confesó. 

Y así, en apenas 12 meses, se transformó en una verdadera biker que se codeó más de una vez con la victoria y despertó innumerables casos de admiración y sorpresas. “La verdad que el balance de este año es súper positivo. Primero porque cada carrera que me he propuesto hacer la he podido terminar, sana, y con buenos puestos en mí categoría y en las generales”, valoró. Y esa explosión se dimensiona en las “dos últimas carreras donde he conseguido la victoria en las generales femeninas; y, la verdad, que es muy meritorio porque si bien uno va en busca de buenos resultados, nunca esperé tantos”, afirma sobre los halagos obtenidos en Pehuen-Có y la carrera de Boca Juniors de nuestra ciudad.

Eso reafirma sus condiciones. “Quizás uno es humilde, no está en una postura de creer que puede llegar a tanto, pero finalmente llega”, dice en tercera persona. Y eso mucho se lo adjudica “a la voluntad o al tipo de entrenamiento; a la disciplina que tengo para esto. Porque el ciclismo es muy sacrificado, pero cualquiera que hace esto sabe que esas condiciones son infalibles”. 

Julieta también sabe que con “mi bici, que no es de las mejores ni la más liviana, estoy en desventaja con los de punta. Eso te lleva a veces a no creer en uno, pero enseguida aparece la disciplina, no solo física sino la mental, que realmente tiene un papel fundamental en todo. Yo creo que en este último aspecto puedo tener alguna ventaja por mi convencimiento y tranquilidad”, destaca. 

La historia entre Zurita y la competencia nace “en el Campeonato Costero de esta temporada; me anoté en la Promocional, tuve la suerte de ganarlo; allá por abril o mayo me contacté con Iván Belén, quien me propuso probarme porque veía cierto potencial en mí. Ahí comencé a trabajar mi confianza, más allá de todo lo específico al ciclismo, al plan de entrenamiento que desarrollamos durante 3 meses en el cual él me permitió comenzar a sacar lo mejor de mí”, confesó. 

Por cuestiones naturales o propias de las casualidades, era muy común ver a Zurita entrenar en soledad. “Es así, a veces fue mi bici, yo, la garra y el esfuerzo. Ahora, y desde hace un tiempo, salgo a entrenar con Mario, el hermano de Iván: él me ayuda a salir de mi ritmo, a mejorar”, reconoce. 

Ser una persona “muy inquieta” la lleva a elaborar sus propios planes de entrenamiento tras los conocimientos adquiridos de “los planes de Iván, las charlas con Mario, lo que te dicen distintos ciclistas, blogs especializados. La alimentación y el descanso también entiendo que son vitales; yo soy mi propio ratón de laboratorio, lo mío es a prueba y error”, admite convencida y con el respaldo de los resultados, más allá de las exigencias económicas que requiere trabajar con algún profesor o entrenador personal, y por las cuales no puede contratar. 



Combinando con su actividad laboral, Julieta le dedica “una rodada de unos 40 kilómetros diarios; para el descanso me tienen que poner un freno aunque sé lo importante que es. Esto cuando no hago algún trabajo específico”, acotó.

Pero en ese buceo de conocimientos, también aparece la etapa previa a la carrera que el domingo 1º de diciembre ganó en Pehuén-Có. “Los últimos 3 días antes de la carrera no entrené, fue puro descanso; sí hice un calentamiento más largo que el habitual, de unos 50 minutos, y realmente me sentí tan fuerte como nunca. Y eso que esa es una competencia muy exigente”, recuerda. Y si hablamos de volver atrás, la escala es en abril “con la prueba de Central, donde debuté en la categoría competitiva; fue exigente, pero me demostró que podía estar en ese lugar. En esa primera etapa surgieron algunas dudas o hasta llegué a pensar ‘¿Qué hago arriba de esta bicicleta?’, por suerte ya no me lo planteo”, destaca desde la fortaleza anímica y mental. 

Cada competencia fue dándole un envión positivo. “Y sí, en Central fue completar el recorrido en mi primera carrera larga, en Indio Rico pude ser 5ª en la general, en Chaves conseguí mi primer triunfo en una general. En Pehuen-Có fue la primera victoria con mayor repercusión hasta llegar a la de Boca, donde fue algo distinto y especial”. 

Montar una bici “más pesada me ha permitido ser más fuerte; pero reconozco que a mí me gustan los desafíos, las exigencias”, y quizás por eso se sintió tan cómoda en la última prueba del Xeneize. “Me encantó, tuve una caída (al igual que en los días previos donde se lastimó la cara), fue sufrida pero linda. Me gustó, me sentí cómoda, la disfruté porque me gusta ese tipo de terreno, donde la resistencia era clave”. 

Este triunfo redondeó un gran 2019, con resultados inesperados. “Tal cual, yo misma estoy asombrada de todo lo conseguido gracias a mis entrenamientos, mi disciplina y voluntad”. Esto permite ver en el horizonte para el 2020 “carreras distintas”, y se anima a hablar del Rally de Tandil o el Desafío al Río Pinto. “Igualmente lo primero será acondicionar mi bici (aún corre con punteras, por ejemplo), aunque esto siempre al ritmo que la condición económica me lo permita; quizás todo arranque con el nuevo Campeonato Costero, contactar a alguien que me haga un entrenamiento más prolongado (ya tuvo charlas con el Eco Team de Bahía Blanca y en Pehuen-Có corrió para ellos); Claudio Martínez también me mostró interés en entrenar con él. Veremos, por suerte hay muchas opciones”, valoró. 

Ser una mujer en un deporte donde la mayor afluencia es de varones, le ha dado a Julieta la tranquilidad de sentirse “muy cómoda en todas las carreras que he participado. El trato ha sido muy equitativo, nos tratan por igual a ambos sexos. Yo siempre lo sentí así; conociendo o no a los organizadores. Ya sea en la de Boca que nos trataron bárbaro en la carrera, asistencias, entregas de premios, en todo; como en todas las zonales. Este es un ambiente muy sano; las organizaciones son gente de familia. 

Y en carrera, entiendo que entre los hombres hay más rivalidad; yo he tenido buena relación con todos”, valoró. Y en la periferia, en el ambiente que rodea a la parte competitiva, al ser ahora una “ganadora”, nada ha cambiado. “Recibo mucha ayuda de todos, por suerte tengo buen trato con todos; más de una persona hasta me ha confesado que le da bronca que yo no pueda tener una mejor bici (aunque aclara que ama a su Venzo). Me siento mimada por el medio, sin nada a cambio y sin ningún interés”, aclara con satisfacción. Y la familia “está muy interesada en cómo me va, en mis avances. Se preocupan un poco porque saben que es un deporte de riesgo pero me apoyan; los amigos lo mismo, y eso te da ganas de seguir avanzando y metiéndole duro a esto”.

Entre tantas vivencias, Julieta no quiere olvidarse de destacar y agradecerle “a Mario Belén, mi compañero de rodada, a Maxi Coria que es un colega ciclista de Coronel Dorrego que me ha dado una mano en todo, es parte de los entrenamientos y hasta me ha ayudado en el acondicionamiento de la bici, más el trabajo mental que siempre tenemos que tener presente para encarar cada competencia. Ellos son los pilares claves en mi relación con la bicicleta”, destacó. 

Julieta Zurita terminó la nota con una sonrisa, la misma que nace cuando se baja de la bici tras una rodada donde la tranquilidad y el placer le da fuerzas para encarar la vida con felicidad y alegría.