Cristina Ruiz y Belén Daria, en el comedor de calle Jujuy 1042

La Ciudad

Cristina Ruiz y Belén Daria

Las Payasolidarias llevan su vocación al Impenetrable

26|12|19 15:06 hs.

Cristina Ruiz y Belén Daria, las dos jóvenes que desde hace años llevan adelante el comedor Payasolidarias en el barrio Plan Federal, se unieron a la red de Ayuda Aborigen Argentina y en Semana Santa viajarán a llevar donaciones y su alegría a una comunidad de 20 personas que reside en el Impenetrable, en lo más inhóspito de la selva chaqueña. Y lo realizarán sin descuidar su comedor, al que asisten a diario 62 chicos en busca de alimento y de contención escolar.


En diálogo con LA VOZ DEL PUEBLO, contaron que el viaje a El Impenetrable se comenzó a gestar este año, cuando se contactaron por Facebook con Oscar Badillo, uno de los coordinadores de Ayuda Aborigen Argentina, una red solidaria que incluye a personas de todo el país y de países limítrofes. Ellos se encargan de viajar dos veces al año a comunidades olvidadas, con donaciones que seleccionan para cada lugar. 

“Nosotras estamos juntando cosas para llevar a Buenos Aires, de donde sale el grupo, para viajar con ellos al Impenetrable. Juntamos agua mineral, alimentos no perecederos, lavandina, medicamentos, juguetes, zapatillas de chicos, útiles escolares y artículos de cocina. Eso se mandaría en marzo, porque ellos seleccionan las donaciones y las ponen en bolsas de distintos colores. De ahí envían a cada lugar dependiendo sus necesidades. Y el viaje lo haríamos en Semana Santa”, afirma Cristina Ruiz, propietaria de la vivienda donde funciona el comedor. 

En ese sentido, además de los materiales que mencionaron, buscan a alguien con un vehículo que pueda llevar sus donaciones hasta Buenos Aires en marzo, para darles tiempo a que las seleccionen. 

Belén reflexiona además sobre el hecho de ir como payasas a un lugar en el que viven con carencias, y afirma que una vez allí primero tantearán el terreno. “Una vez que estemos allá, vamos a buscar el momento. Porque a la que vamos es una comunidad con mayoría de chicos, que en algunos casos tienen tuberculosis, chagas, desnutrición, y un montón de dificultades que deberían estar cubiertas pero no lo están”.

El Comedor 
Si bien la experiencia que tienen por delante las llena de entusiasmo y la toman con responsabilidad, la prioridad de ambas es clara: el comedor. Es que la crisis económica hizo que en menos de un año pasen de recibir 30 chicos por día a que sean 62. Y todo sin ayuda del Estado ni de miembros del arco político. 


Entre las mejoras que han logrado a pulmón, se destacan la ampliación del comedor y el paredón en el patio, lugares de contención y recreación de los 62 chicos que asisten a diario




“Fue un año muy muy difícil, nos costó muchísimo pero no bajamos los brazos, salimos casa por casa en busca de un alimento. Porque si publicamos en las redes que necesitamos comida, la gente piensa que lo que tienen es poco, entonces no vienen hasta el comedor a traer un paquete de fideos o una leche. Por eso vamos puerta por puerta. Además tenemos que comprar lo que son los alimentos perecederos, y ahí la gente colabora con 5 o 10 pesos para que podamos comprar un cajón de pollo por día, o 4 kilos de carne, más fruta, verduras”, cuenta Cristina. 

A pesar de las dificultades, pudieron ampliar el comedor y cerrar con un paredón todo el perímetro del patio, donde los chicos pasan las tardes. “Esos son avances que hicimos sin aportes, con nuestros sueldos, y nos llenan de orgullo”, afirma Cristina, la anfitriona de un lugar ocupado por el comedor. “Mis hijos se tuvieron que acostumbrar a compartir la mesa con los chicos”, agrega. 

Sobre el final, dejan una reflexión y un deseo. “Ojalá el día de mañana no sea necesario tener un comedor, porque significaría que todos tienen comida en sus casas, pero por ahora eso no pasa ni va a pasar. Y si pasa, la contención la van a seguir necesitando. Porque acá además encuentran alguien que los escucha, que los ayuda a estudiar, que les inculca que tienen que estudiar para lograr algo”.