Opinión

Psicología

Cerrando ciclos

29|12|19 18:16 hs.

Por Claudia Torres


El fin de año se acerca…lo podemos notar, no sólo en nosotros sino en los demás, en nuestro entorno, días más largos, corridas para tener todo en orden, cierto apuro por terminar con algunas cosas pendientes, fin de ciclo lectivo, cursadas, entrega de trabajos… lo percibimos con todos nuestros sentidos... 

La palabra FIN alude a algo que concluye…que termina…que ya no estará, repaso de lo vivido que realizamos consciente e inconscientemente. Situación de despedida que nos sitúa ante algo inevitable, ante un corte, ante una conclusión. Y a la vez nos propone un nuevo comienzo, el inicio de nuevas vivencias que tendremos que atravesar. 

El balance de fin de año debería ser un momento de reflexión, donde pudiéramos desarrollar la autocrítica y la auto observación, siempre teniendo presente la realidad posible de cada uno, aquella realidad que es tan individual, subjetiva y única. 

Al echar un vistazo hacia atrás, quizás nos encontremos con metas que no pudimos alcanzar, proyectos que han quedado inconclusos, a medio camino, perdidas que han calado hondo en nuestras almas, frustraciones que han dejado huellas. Pero también logros, metas alcanzadas, momentos de alegría y sorpresas inesperadas, relaciones nuevas, cambios positivos, crisis que han sido sorteadas y otras que están ahí…esperando poder ser elaboradas.

Es importante tener en cuenta las metas alcanzables, aquellas que podemos realizar, son solo las que dependen de nosotros mismos, de nuestro posicionamiento ante la vida y de la manera individual que tenemos para resolver aquellos inconvenientes que se nos van presentando 

Otro año que transitamos juntos en este espacio, otro año donde tengo el privilegio de expresarme y acercarme un poco más a cada uno de ustedes. 

Haciendo una revisión y a la vez un balance de este recorrido, puedo ver los distintos temas que pude abordar en este año que culmina, conceptos que nos atraviesan constantemente en nuestras vidas, como el referente a las crisis y oportunidades que debemos sortear. 

La palabra “crisis” viene del griego y significa “decisión”, es el estado que se vive ante una decisión. No se sabe qué decisión tomar o qué elegir, siempre que elegimos desestimamos algo, creando cierta incertidumbre sobre si lo elegido es lo correcto. 

Asimismo es la inseguridad ante lo que deparará el futuro. En este estado, una persona se podría sentir perdida, experimentar ansiedad o angustia elevada, no encontrar una salida, sentirse confundida, no saber que pensar, como actuar y mucho menos como salir de esta situación 

Una crisis es una situación difícil, un momento de cambio importante que implica tomar decisiones y asumir sus consecuencias. Cuando una persona vive una situación crítica puede correr el riesgo de actuar irreflexivamente y provocarse daños a sí mismo o a otros. Pero el verdadero peligro consiste en que una crisis se prolongue sin resolverse. 

Cualquier crisis encierra una oportunidad para crecer y aprender, nuestro trabajo seria estar lo suficientemente atentos y abiertos para encontrar la oportunidad allí donde a veces solo enfocamos en el peligro. 

Casi con seguridad que este estado de crisis puede llevar aparejado una sensación de incertidumbre ante lo desconocido, otro de los temas que tocamos en este año. 

La Incertidumbre es una expresión que manifiesta el grado de desconocimiento acerca de una condición futura, es decir, un evento en el que no se conoce la probabilidad de que ocurra determina situación. Todos en mayor o menor medida hemos sentido, sentimos o sentiremos incertidumbre, es inevitable sentir miedo al futuro, el problema no es sentirlo, sino como gestionamos esa emoción. El problema siempre son las emociones que acompañan al estado de inseguridad por lo que puede suceder: la ansiedad, el miedo, la irritabilidad, la tristeza o el enojo. 

Esta situación podría provocar cierto agotamiento emocional, esa experiencia en la cual la persona siente que no tiene la capacidad suficiente para afrontar el día a día a nivel psicológico y tiene un nivel de fatiga mental que puede llegar a ser incapacitante. Podría llegar a genera la sensación de estar constantemente abrumado, sobrepasado y con una sensación bastante real de estar fatigados mentalmente. Todas estas sensaciones, como es lógico, nos impiden avanzar: la más pequeña de las tareas se convierte en una cuesta muy empinada por la que no podemos subir o lo hacemos con gran esfuerzo. 

¿Cómo podemos transitar estos momentos de crisis que muchas veces nos llevan a un agotamiento emocional y nos generan incertidumbre? 

Quizás una de las claves este en nuestro empoderamiento y el amor propio que tengamos. El empoderamiento individual es el fortalecimiento de los medios personales y profesionales para un mejor uso de las capacidades, las energías y el potencial. Significa convertirse en promotores de nuestra propia vida y trabajo, significa saber cómo ser creador y generador, cómo movilizar lo mejor para nuestra expresión y crecimiento.

En definitiva, el empoderamiento trata de que la persona se vea capaz de tomar decisiones y de afrontar las distintas situaciones que se le presenten. En este proceso, es clave que la persona vea que el malestar no viene simplemente impuesto por hechos externos, sino que puede llegar a ser proceso interno que puede controlar y manejar. 

Sin dudas que para lograr alcanzar ese estado, la autoestima debería ser la adecuada. Podríamos decir que la autoestima, es aquella disposición a considerarnos competentes para hacer frente a los desafíos básicos de la vida, eficacia personal, y sentirnos merecedores de afecto y aceptación, teniendo en cuenta el respeto a uno mismo. 

¿Pero qué pasa con ese otro amor que muchas veces dejamos de lado? De ese amor por nosotros mismos, de esa variante de esta pasión interior… el amor propio. De una manera simple, podríamos definirlo como el respeto hacia uno mismo, la manera en que nos valoramos. Solemos escuchar que seremos queridos por los demás, siempre y cuando, previamente seamos nosotros quienes nos queramos. Por este motivo, la autoestima es el elemento esencial de esta versión del amor. 

Depende de lo que pensamos de nosotros mismos y se refleja en lo que nos exigimos, por ejemplo, ponernos mentas inalcanzables y después reprocharnos por no haberlas cumplido, lo que revela la responsabilidad que tenemos ante nosotros mismos. 

Podemos decir, entonces, que la importancia del amor propio reside en la propia formación de la personalidad, además de nuestra competencia social, ya que influye sobre cómo nos sentimos, cómo pensamos, cómo conocemos y cómo nos valoramos 

Sin embargo, no podemos dejar de lado el encuentro con el otro, con aquellos que nos acompañan a lo largo de nuestras vidas y con los cuales muchas veces podemos generar un grado de complicidad único. Donde se entrelazan los afectos ya sea entre padres e hijos, entre hermanos, amigos o parejas 

La complicidad entre dos se da cuando no hay secretos en las miradas, en los gestos o en los abrazos. Son esas personas, que aunque les digamos que todo está bien, con solo mirarnos o escucharnos, saben que no lo está. No son adivinos pero nos comprenden más allá de las apariencias. 

Y ahí es donde encontramos el amor en sus diferentes formas y de esto también hablamos, el amor de abuelos, de amigos, el amor entre adultos mayores, entre otros. 

El amor supone una gran entrega, pero sin perder la identidad, es compartir, aprender, descubrir…es libertad, trabajo, construcción y deseo. Si hablamos de amor en la pareja podemos decir que además, el amor nos elige, no entiende de idiomas, colores, ideologías, edades o sexos. 

Podría seguir recorriendo este año cargado de diferentes emociones y sentimientos, pero todo tiene un límite, tema que también abordamos. Como decía en esa oportunidad, el no saber poner límites, afecta nuestro estado emocional y la salud mental, debido a que estar siempre dispuesto a los demás, puede producir insatisfacción personal, incomprensión, decepción y sensación constante de abuso. Lo que a la larga provoca estrés, ansiedad y fatiga crónica, entre otras problemáticas. 

La ansiedad, la envidia, la seducción, el miedo al qué dirán, también formaron parte de este año, como seguramente lo hicieron en nuestras vidas. 

Para concluir, solo me queda agradecer cada mensaje, sugerencia, comentario e inquietudes que me hicieron llegar y a los cuales valoro de manera especial. 

Termino con el mismo deseo de años anteriores… que el próximo año abra nuevas puertas al cumplimiento de sus deseos, pero antes, no olviden cerrar otras… ¡Feliz año 2020! 


Lic. Claudia Eugenia Torres
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