Sociales

Héctor Langenheim

“Hubo que ponerle el cuerpo a la vida”

12|01|20 23:31 hs.

Héctor Langenheim es un hombre de trabajo. En la adolescencia, se inició en la construcción y nunca interrumpió la actividad. “Antes de los 20 años ya estaba trabajando. Aprendí primero con la empresa de Zurita, después estuve con Rampoldi, me fui superando y me largué por cuenta mía”, recordó en una entrevista realizada en La Voz del Pueblo. 


Comenzó como medio oficial y percibió que “todos los trabajos que me iban mandando a hacer los sacaba adelante. Veía que podía más. Me gustó siempre el tema de molduras, frentes”. No permaneció mucho tiempo en relación de dependencia, como empleado, porque “con Zurita habré estado más o menos dos años y medio o tres, con Rampoldi un año y medio”. 

Su origen es muy humilde. Nació en Bahía Blanca y reside en Tres Arroyos desde chico; “me trajeron a los chico años”, señaló. Y agregó: “no teníamos ni agua para tomar, sinceramente íbamos a buscar a la casa de los vecinos”.



Habló de las ocupaciones, de su madre ama de casa y su padre como trabajador del puerto. Poco tiempo estuvieron todos juntos, porque “ellos se abrieron y prácticamente nos criamos solos. Se separaron cuando yo tenía cinco años. De ahí empezó la lucha y el orgullo mío”. 

Tenía dos hermanas mujeres. Mabel, la mayor, que ya falleció; y Carmen, la menor, quien reside en Tres Arroyos. “Gracias a Dios fuimos a la Escuela 4, Carmen y yo. Mabel estudió en la Escuela 15. Pudimos hacer la Primaria. Creo que la humildad y responsabilidad es lo que más lo lleva adelante a uno. Me crié sin nada, gracias a Dios –reiteró- estoy bien. Pero he tenido que lucharla en la vida, hacerme cargo de la hermana más chica. Ahora Carmen se ha jubilado, anda bien”. 

Inició la secundaria en la Escuela Técnica y cursó dos años. No obstante, “por razones de trabajo tuve que abandonar, es una gran escuela y te enseña oficios. Tuve un patrón que en ese tiempo era medio duro, me dijo ‘o te dedicás al trabajo y a hacer horas extras o al estudio’. Yo tenía que generar un ingreso”.

Su ocupación actual es el molino que la colectividad holandesa erigió frente a la rotonda de avenida San Martín al 1000, lo que constituye un motivo de satisfacción. 

Es la etapa actual del camino, a los 63 años de edad. Pero antes vivió otras experiencias que lo ayudaron a crecer como obrero y en forma personal. 

-¿Qué sintió cuando decidió trabajar por su propia cuenta? 
-Las ganas de hacer todo lo que saliera. Si era un desafío, mucho mejor. Es cuando más empeño hay que ponerle, para lograr que todo salga bien. 

-¿Alguien de su familia le transmitió el oficio? 
-No, sinceramente no. Por lo difícil que ha sido la vida, trato de luchar y salir adelante, siempre me desempeñé solo. Sin esfuerzo no se consigue nada. Busqué superarme, cada vez más, y siempre se aprende algo nuevo. Me gusta destacarme en cosas difíciles, molduras sobre todo. Es lo que más me gusta hacer. 

-¿Qué le diría a quienes están empezando? 
-Creo que valorar el esfuerzo también serviría para la juventud. Muchas veces, algunos con pocos años salen a delinquir y no es así la vida, poniéndole empeño se sale adelante. Hay chicos, menores de edad, que los sacan a robar porque saben que a los cinco minutos están afuera, en vez de agarrar una pala y salir a carpir yuyos. Son otros pensamientos. Si uno cumple con la gente, termina teniendo un trabajo. En caso de necesitar algo, hay que pedirlo, no tocar nada ajeno. 



-¿Pudo enseñarle a adolescentes o jóvenes a desempeñarse en la construcción? 
-Les enseñé a varios y están trabajando. Hay algunos que uno le enseña y no agarran trote, a otros les da lo mismo progresar o no. He tenido gente que dice los sábados no trabajo y los feriados tampoco; cae martes o miércoles un feriado, estamos trabajando y ellos no. Yo si tengo que trabajar diez o doce horas por día, inclusive sábado y domingo, lo he hecho. Hay que terminar la obra en el tiempo pautado.

-Trabajó en viviendas y también instituciones 
-Sí, en obras particulares y para entidades. En el Colegio Industrial sobre Pedro N. Carrera, las molduras que están arriba en la parte nueva, las hice idénticas a las que estaban antiguamente. En la Sociedad Italiana, arreglé en el frente unas molduras hace más de 24 años. Después les trabajé mucho a los arquitectos Guillermo Paolucci y Marina Vassolo, los dos profesionales, ya fallecidos. Muy buena gente. Ahora por suerte la comunidad holandesa me ocupó para hacer el molino, luego los zuecos, después van a venir unos paisanitos que están vestidos con la vestimenta típica de Holanda, el escudo holandés también, todo va a ir en material y en relieve. La comunidad holandesa me ha confiado la obra y vamos a seguir trabajando. Me han pedido otros presupuestos integrantes de la comunidad, estoy agradecido.

-¿Quiénes lo ayudan en esta actividad? 
-Tengo dos ayudantes. Después inclusive salgo a hacer trabajos afuera. En ese sentido la responsabilidad es mía, pero llevo gente y me hago cargo. Sé que las personas que me acompañan, a su vez, son responsables. 

-¿Cómo surgió el llamado desde otras ciudades?
-Pude trabajar en otros lugares por recomendaciones. En Comodoro Rivadavia, en Rada Tilly fui a hacer un chalet, estuve después pasando Pedro Luro, y en Mayor Buratovich trabajando en un campo. En Sierra de la Ventana, varias veces en Claromecó. Siempre con la honestidad uno llega a muchas partes. Siendo que uno se crió sin nada, he podido hacer mi casa, avanzar y progresar. En construcción tengo buenas referencias y así se fueron abriendo puertas. 

-La casa construida por sus propias manos 
-Todo lo hice yo. Para mí hago electricidad, agua fría y caliente, todo lo que sea techos. 

-¿Recuerda a alguien que haya sido importante cuando dio los primeros pasos como albañil? 
-Tato Iacoviello me dio una buena mano cuando me inicié, un empuje. Me dijo ‘Esto hacélo de tal manera y aquello de tal otra’. Ya me quedó grabado, con una sola explicación me alcanzó, nunca necesité que me lo digan dos veces. 

-¿Ha tenido momentos con una caída laboral y pocos llamados? 
-Siempre hay altibajos, puede ser el mejor albañil que siempre va a tener una subida y una bajada. Por ahí afloja un poco el trabajo, a todos nos pasa. Estos años atrás han sido duros para todos, se han cerrado fábricas. Muchas veces digo, si un presidente pide plata ¿por qué no la paga él? Si uno se mete en una cuenta en un banco, la tiene que pagar. No los demás. Gracias a Dios los malos gobiernos no me han hecho ir para atrás. Pero hay gente que debió vender cosas para poder comer. Me crié en la pobreza y trato de ayudar a la gente, colaboro dentro de mis posibilidades. Intento enseñar el trabajo y lo que considero son buenos caminos en la vida. 

-¿La propia vida le marcó el valor de manejarse de esta manera? 
-Tal vez algo ayude que vengo de descendencia alemana, no lo sé. Mi abuelos paternos, Langenheim, y por parte de padre, Muller. En general, los alemanes son bastante inteligentes. Hubo que ponerle el cuerpo a la vida. Cumplir de todas maneras, no tocar nada, mirar con la frente alta, entrar por la puerta grande. 

-¿Tiene algún gusto en especial, un hobby? 
-He realizado viajes durante 35 años en moto, recorrí todo el país. Pero nunca se me pegó ninguna práctica mala. Era comer una parrillada con un amigo, disfrutar del viaje. 

-¿Qué tipo de construcciones le llaman más la atención o prefiere realizar? 
-Me gusta mucho trabajar la madera, casas estilo cabañas. Mi casa la hice así, también en Sierra de la Ventana y en otros lugares. Pueden quedar muy bonitas.

-¿La parte más artesanal de su oficio y puntualmente la tarea con las molduras, tiende a perderse? 
-No ha quedado mucho. No se consigue gente, es un trabajo que lleva tiempo y hay que ser práctico también, porque no es como hacer una moldura de yeso en el interior. son al exterior y grandes molduras, no va el yeso en ese caso, cuesta más trabajo pero queda mejor y uno se destaca. Cuanto más difícil, para mí mejor. Hay que tener el ojo entrenado, antes de hacerlo lo estoy imaginando. A veces uno tiene un poco de estrés en el mismo trabajo, por esperar que salga todo a la bien, querés que quede tal cual lo pensaste. 

-Un sentimiento final que quiera expresar
-Es bueno mirar todo, estar cerca del trabajo y acompañar a los nuevos, porque hay chicos que pueden salir buenos. El consejo mío es a todos los que quieran progresar van a salir adelante, pero las malas juntas nunca traen cosas positivas. El esfuerzo da frutos y cuando hay que hacer algo, aunque parezca difícil, se hace.  


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Los hijos  

Tiene cuatro hijos. Todos residen en Tres Arroyos. Javier y Erial, que son gemelos; María José y Andrea. 

“Han salido trabajadores, gracias a Dios”, dijo Héctor Langenheim. Sobre los varones, afirmó que “estudiaron en la Escuela Industrial, se recibieron” y sostuvo que los cuatro saben que “no hay que bajar los brazos nunca”.