Opinión

Por Esteban Ernesto Marranghello

Gobierno de Cambiemos, una experiencia negativa

12|01|20 17:44 hs.

La Argentina transita una actualidad política complicada. Asunción de un nuevo gobierno en la conducción del país, que derrotó sólidamente al oficialismo de Cambiemos, que sólo duró en su gestión un único período constitucional. 


Gobierna actualmente el peronismo con un ideario y concepción diametralmente opuesto sobre las prioridades a solucionar que el Gobierno que lo precedió. 

En los cuatro años transcurridos, la administración conducida por el ingeniero Macri no puido “mostrar” éxitos de gestión que conformaran reales aciertos de su gobierno, solo proclamas en un “relato” del oficialismo de ese momento, relato que la cruda realidad se encargó de “hacer pedazos”, con demostrados resultados negativos, como corolario de sus errores, que colocaron a la nación en una situación económica, social, cultural, industrial, laboral, de salud pública, educación, seguridad, tecnología y errática política internacional, con vergonzantes estadísticas negativas en todos esos sectores, que deberían ser virtuosos con su accionar para que el país lograra armónicamente un mínimo de normalidad para su desarrollo y su equlibrio como sociedad. 

Cambiemos (PRO-UCR-Coalición Cívica) perdieron las elecciones como resultado de sus errores, sin autocrítica y con permanete “miopía” en la aplicación de una estrategia errática y las consecuencias de ello, que muchas veces, pese a los justos reclamos de la sociedad, ostensiblemente perjudicada, no se atendieron y se desestimaron, con la soberbia de una gestión oficial que prefirió atender los intereses empresarios y fundamentalmente financieros, por sobre los legítimos derechos y reclamos de una sociedad que se encontró indemne, prisionera y víctima en sus derechos elementales de vida: salud, educación, seguridad, trabajo y respeto. 

Lo que resultó peor e inadmisible fue una insensibilidad social que sometió a gran parte de la población a denigrantes condiciones de vida, con pobreza nunca soportada en la Argentina por la desprotección de las clases populares, lo que posteriormente avanzó para atrapar a otros sectores claves como la clase media, Pymes, pequeños productores, artesanos, cuentapropistas, los efectores y defensores del trabajo, la cultura nacional, las entidades sociales privadas (no contaminadas con la “adulación”, bien paga, de la especulación financiera), el peor elemento para afianzar el destino del país camino a su decadencia. 

Los consultores, económicos, periodistas y políticos “coptados” por el “establisment”, con una desproporción condenable, como ”servidores” de la delincuencia económica que arruinó al país, colocándose “vergonzosamente” de espaldas a una realidad argentina que reclamaba equidad y justicia y se encontró arrinconada en sus desgracias de calidad de vida, cada vez más graves, ante la imperturbable decisión de un gobierno que ya no está, pero no pudo disimular que la herencia de sus decisiones encarrilaron a la Argentina por las vías de la decadencia y el dolor de la impotencia. 

Para muestra “solo” un botón 
Un solo episodio es suficiente para demostrar con hechos realidades y resultados, lo que le significó al país, su presente y su futuro, la experiencia del gobierno anterior. 

No hagamos ningún tipo de referencia política. Vamos a los hechos concretos como se desarrollaron. 

Pretendo tranquilizar mi espíritu para que no interfiera en mi labor periodística, porque no resulta fácil evadir las emociones, en ocasión en que la razón y la decencia son derrumbadas por una acción de gobierno de lamentables consecuencias. 

Si existe algo donde es imposible ”no” ponerse de acuerdo es en beneficiar la salud de cualquier sociedad en sus diferetes etapas, priorizando los extremos de esa sociedad, como equilibrio de atención al futuro y a su vez respeto al pasado: los niños y los viejos. 

Esta es la realidad de lo ocurrido, nada de “relato”. El gobierno de Macri adquirió una partida de 12 millones de dosis de vacunas, provenientes en su mayoría de la India, país sobresaliente en este rubro. 

El envío llegó al país en junio del año pasado y su importe fue de 84 millones de dólares. 

“El mismo gobierno” que hizo la compra debía abonar una tasa de ocho millones de dólares a la Aduana. 

Lean esto: “No pagó la tasa” y la Aduana, como corresponde, no liberó la entrega de las vacunas. 

El gobierno peronista, que enfrenta la posibilidad de una epidemia de sarampión por falta de vacunación, no podía creer, cuando se hizo cargo, tamaño despropósito y desidia. 

Automáticamente, el actual ministro de Salud, Ginés González García, elimina el pago de la tasa, se hace cargo de las vacunas, las que son rápidamente movilizadas en toda la geografía federal argentina, en crisis por falta de vacunas. 

Se implementa, a su vez, un operativo de emergencia en el Conurbano, bajo la conducción de la vicegobernadora Magario e intendentes, en busca de circunscribir la amenaza de epidemia de sarampión, que presenta comprobados más de 80 casos.

El sarampión había sido eliminado en el país bajo el gobierno peronista de Cristina. 

Pese a la amenaza en los últimos tiempos de una epidemia de sarampión, en el final del gobierno de cambiemos, éste no priorizó la amenaza y por consiguiente “no pagó la tasa”. 

El mismo Gobierno se compró la “solución” pero no se “repartió” el producto, pese a la amenaza de epidemia. Que cada uno saque sus conclusiones.

Cuando usted, yo, cualquiera que no tenga “un bofe” por corazón, nunca hubiéramos permitido el riesgo de vida de los chicos y de los viejos. 

Un ejemplar sacerdote, amigo personal, católico, luchador permanente por la situación social y la salud, me dijo en su despacho eclesial, mientras observaba la imagen de Cristo en una de las paredes: “Dónde carajo estaban. Qué carajo miraban” desde el Gobierno (textual). 

Otra frutilla amarga, sin relato. El actual Ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, acaba de informar que estaban -para desechar- en un depósito de Melchor Romero, en medio del faltante de inmunizaciones para atender el mencionado brote de sarampión, amigos lectores, 162.000 dosis de vacunas que perdieron su calidad por “abandono”. 

Esta mercadería no fue abonada todavía y se adeuda. En octubre, la gestión de Vidal comunicó que no iban a poder entregar las vacunas requeridas. 

Faltaban cinco millones de dosis, que estaban en la Aduana, retenidas.

“Miles” se vencieron en Melchor Romero por desidia e insensibilidad de funcionarios nacionales y de la Provincia de Buenos Aires. 

Algo tendrá que decir de esto la ex gobernadora Vidal, porque los resultados de su gestión están comenzando a desmoronar su futuro político. 

Idolos difusos 
Existe una metamorfosis especial en la Argentina, cínicamente manejada por medios hegemónicos, que se dedica a sostener personajes y mantenerlos con resonante publicidad como íconos populares, con argumentos e imágenes prefabricadas para mantener la atención “de la gilada”, con carencia de ideas constructivas de una sociedad que respete y fundamentalmente, se haga respetar. 

Fabrican personajes carentes de capacidad intelectual, que solo acuden a la mediocridad que deforma y atenta directamente desde estos medios, a la cultura, la tradición y el mantenimiento de los auténticos valores argentinos.

Los países serios y atentos por su esencia, jamás entregan sus medios de comunicación a la contracultura extranjera, que debilita el ser nacional y sus legados, que celosamente preservan. 

En Argentina, las efemérides radiales son para personajes extranjeros, con pocos argentinos. 

Así se quiebran los países que se vuelven débiles, sometidos a formas de vida impuestas, ajenas a nuestra historia y nuestra idiosincrasia. 

La mentira de la globalización es el hipócrita invento para someter voluntades debilitadas en sus culturas de origen. 

En nuestro país se soportan, en base al apoyo de los medios hegemónicos, “personajes” que mantienen un “liderazgo popular” por el “dinero que regalan” (para los medios, inversión), y no generalmente por defender imágenes y contenidos de cultura y con moral. 

Un ejemplo, la señora Susana Giménez, a la que se le adjudica un capital de 1400 millones de dólares. Esta señora, que suele hacerse la “torpe” como disfraz, con desconocimento de la realidad del país, cínicamente manda a los pobres a “plantar al campo” o a ”armar gallineros” para criar aves como solución a sus penurias. Ni siente ni le importa el país. Reside temporalmente en la Argentina , donde “recauda” jugosos contratos, base de su fortuna, y luego regresa a sus verdaderos hogares: Punta del Este o Miami. 

Tiene falencias de memoria. Cuando utilizó un galpón o “gallinero” en la estancia de una ocasional pareja, Roviralta, para esconder debajo de una parva de paja un auto Mercedes benz, que la señora había “comprado” bajo el paraguas de la ley de “discapacidad”, pagando a un discapacitado real, que “arregló” con sobornos. 

El caso se complicó, pero en Argentina todo se arregla. Con ídolos difusos y sospechables, el país de debilita en su esencia presente y futura. 

Las diferencias no deben preocupar 
La política en su desenvolvimiento es compleja, rebelde, difícil, variable. No puede esperarse menos, es una herramienta posible de acceso al poder. Deseo y meta final de quienes la practican y posteriormente la utilizan.

Cuando la política define, ofrece paralelamente posibilidades y obstáculos, de acuerdo a los resutados que después se obtienen. 

Nadie debe sentirse único culpable por votar a Macri, ni de sus errores. La gente votó impulsada por sus convicciones, intereses y hasta emocionalmente y el acto fue claramente validado en las urnas. Inapelable. 

Del otro lado, lo mismo. Nadie debe creerse dueño de la verdad absoluta por haber votado por Alberto y Cristina. 

Cambiemos mostró sus resultados, el peronismo los tiene que buscar y encontrarlos. 

Las personas, el ciudadano o la ciudadana, en su mayoría, no son culpales de los resultados. 

Apostaron bajo el paraguas de la democracia, legítimamente, de uno y otro lado, jugando de frente. Nadie es más bueno o más malo. Salvo las excepciones, que siempre existen. 

Cada uno en su lugar de actividades, la mayoría después de votar, regresó como corresponde a su natural modo de vida. 

Las ciudades, los pueblos, las comunidades en general, más grandes o más pequeñas, no son el Ejecutivo, el Congreso o la Justicia, solamente contribuyen con su decisiones electorales a construirlos. Nadie se siente mejor o peor por sus posiciones políticas, salvo casos específicos, personales, con poca gravitación comunitaria. 

El Gobierno que se fue, constituye, por los resultados, una experiencia irrepetible. 

El que lo sucede tiene el compromiso de cumplir lo prometido, tomando decisiones primeras que se diferencian totalmente del macrismo. 

El tiempo y los resultados expondrán la realidad de un presente y un futuro. Hasta el momento, sólo expectativas de buscar un rumbo que favorezca la país y sus habitantes. 

Es de desear que el rumbo sea exitoso, no para el Gobierno que lo implementa, sino para el país todo que lo necesita. 


Por Esteban Ernesto Marranghello