La Ciudad

Carta de Lectores

El partido perdido

14|01|20 00:38 hs.


Por Mónica Tello

Cuando el pibe nació, gobernaba un partido populista. De manera que no había que temer. Hijo de una madre jovencísima, tenía asegurado un ingreso, una bolsa, una garrafa, unos leños, que le asegurarían una infancia pobre, como debe ser. Para él y para los hermanitos que, seguramente, llegarían. Estarían incluidos, en la inclusión social. 

Con la buena voluntad de “las sociales”, que son aquellas personas que no claudican ante la adversidad y creen fervientemente que todos tienen una oportunidad de romper con el ciclo injusto de pobreza y marginalidad en que viven varias generaciones de familias, y de algún vecino, el pibe fue creciendo, mientras el partido de su vida se empezaba a jugar entre dos adversarios: la calle y la escuela. Y acá no entra la casa, ni la familia, que ya notaban signos de desgaste y de haber bajado los brazos hace mucho. Y salió a pedir, que después de la primera vez, se hace fácil. Pero la gente se cansa, se asusta, desconfía de ese pibe caradura. Y de a poco lo empiezan a ver como adulto, se olvidan de que es un niño. 

De a poco (¿o de a mucho?) la calle fue ganando. La escuela se fue corriendo a un lado, cansada de tener que dedicarse a aquello para lo que no fue creada, ni mostrando una propuesta más entretenida para ese pibe ingobernable. La calle seguro le presentó oportunidades más divertidas, disfrazadas de tipos que lo invitaban a trasladar y probar unas pócimas mágicas, que te hacen olvidar por un rato, lo jodida que es la vida. 

Y cuando el pibe necesitó más pócima, o desear algo de lo que quieren siempre los pibes, empezó la complicación de no tener con qué pagar, y creyó que robar era una buena idea. También después de la primera vez, se hace más fácil. 

El partido lo ganó la calle: siete a cero, seguramente. 

Vino otro gobierno, que creyó que lo mejor era terminar con los que más daño hacen a los pibes: los narcos. Pero…¿qué hacemos con este pibe?... Este ya está perdido, hagámoslo por los que vienen. Y sólo quedaron “las sociales” tratando de rescatarlo. 

El pibe ya tenía que estar en la secundaria, que según la Ley, es obligatoria. Algún eslabón se cortó, porque el pibe, creo, nunca pisó una escuela secundaria. O tal vez fue, y otra vez salió expulsado por ingobernable. 

Finalmente, cuando la gente cansada de tanta inseguridad, llamó a una marcha de reclamo a los inútiles de siempre, ¡oh, milagro! El pibe fue detenido acusado y comprobado su participación en la mayoría de los hechos denunciados. Y ya que está, por piromaníaco. 

El pibe ligará un “correctivo” para que la próxima vez, antes de mandarse una macana, lo piense.  Pero en esta, su corta e intensa vida, algo falló, para que la calle ganara. Ahora, no hay “correctivo” que valga.  

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