Opinión

Política Nacional

UCR: Recuperar la identidad nacional

26|01|20 11:19 hs.

Por Esteban Ernesto Marranghello


También le llegó a los radicales el momento de enfrentar la realidad, que es la única verdad, de su situación política en la actualidad argentina. Los integrantes del centenario partido, a lo largo de su historia, al menos, los fieles a sus principios básicos tradicionales. “Que se rompa, pero que no se doble”. 

Estos radicales saben y entienden, que ya no cabe la actitud política de “esconder la cabeza bajo el ala”, como el avestruz. No es necesario reiterar las diferentes situaciones de su incorporación a la alianza Cambiemos, junto al PRO y la Coalición Cívica, y los resultados negativos que se sucedieron en la gestión bajo la conducción Macri, que directamente afectaron políticamente al país y por asociación, a las fuerzas que integraron ese Gobierno, especialmente al radicalismo. 

Por su gravitación, convertido en “cómplice” obligado de la incompetencia del Gobierno, de su insensibilidad, que principalmente desarrolló una experiencia vergonzante, material y ética, cuyas estrategias derrumbaron el presente y comprometieron el futuro nacional. 

Aporte radical, respuesta del PRO 
En este complejo panorama, que debe analizarse con todos los elementos que lo constituyen, fue el radicalismo –sin dudas- el que posibilitó el triunfo electoral de Cambiemos, que sin ese aporte, no se hubiera producido. Pese a esta contundente realidad, el macrismo solamente derivó de las acciones y decisiones oficiales de Gobierno al radicalismo a un “lamentable” rol de acompañante “pasivo”, con poca “voz” y sin ninguna “influencia” en las decisiones del ingeniero presidente y sus Chicago Boys. 

El papel del radicalismo, en el Gobierno de esta alianza, resultó “extrañamente” obsecuente y poco relevante, por la no atención de los macristas a sus opiniones, muchas de estas, debe reconocerse, tibios reclamos, diluidos en argumentos oficialistas de los dirigentes radicales. 

Todo amparado con coberturas “favorables” de los medios hegemónicos. Sanz, Morales, Negri, Salvador, gobernadores, legisladores y funcionarios se dejaron influir con la estrategia corto placista del “anti peronismo” oficial, en lugar de anteponer una estrategia radical. 

Con esta actitud comenzó a “desinflarse” la conducción radical. Ya muchos radicales renegaban de Macri, sus falsas promesas y la realidad económica y social de la Nación. 

La mentira del “tren” de bienestar futuro, una errática alineación internacional tóxica y el derrumbe del país, sin pausa, convenció a los veteranos del partido de Yrigoyen y a los jóvenes, identificados con Alfonsín, radicalismo independiente y programático, que el “famoso” tren prometido bajo la conducción del ingeniero Presidente era otra “fantasía” de destino incierto y los aliados sólo pasajeros del “furgón de cola”, de los intereses gerenciados por Mauricio, cuyo destino final, era el saqueo y la decadencia argentina. 

Alfonsín tenía razón 
Destacando una imagen del panorama político argentino, en la etapa de la gestión Cambiemos, el radicalismo aportó territorio, sedes, militantes y trabajo, en todo el país, no todos. Otros radicales no “creyeron” en los “cantos de sirena” ni en los “globos” amarillos y abandonaron o se apartaron de las directivas de la conducción partidaria. 

Se “refugiaron” en la imagen y el ejemplo de Raúl Alfonsín, como líder moral político incorruptible, celoso y custodio de las bases programáticas radicales. “Es preferible perder elecciones, que aliarse con la derecha para ganar alguna”. Conceptos claros y contundentes del Presidente de la democracia recuperada. 

También fue “premonitorio” cuando “alertó” a los dirigentes partidarios “enamorados” de las promesas de Cambiemos, que los “adulaban” por estrategia y no por compartir la historia radical. Dirigentes que buscaban con entusiasmo, radicales, un triunfo electoral, sin principios. Así les fue. La advertencia de “Don Raúl”. Todo tiene un límite. El mío es Macri. El tiempo y los hechos, le dieron la razón. 


Mario Negri


La hora de las decisiones
Ante el imprevisto retiro político de Sanz, quien fue el responsable de estructurar la alianza UCR-PRO por el radicalismo, se debilitó la fluidez de la relación entre ambos sectores. Sanz, mientras estuvo, sorteó todos los obstáculos que muchas veces con razón planteaban los díscolos, se “tragó” los “sapos” de la grosería macrista, también los epítetos, acusaciones y rechazos de propios y extraños, por su fidelidad a Macri, cuyos resultados de gestión y decisiones oficiales estaban lejos de la programática radical. 

De cualquier manera, siempre actuó con su reconocida habilidad y “muñeca” política a favor del oficialismo y también muy defendido y “cuidado” por los medios hegemónicos, que fueron la base y el sustento del macrismo. Lo volvieron a convocar, por su experiencia, cuando las “papas quemaban”, pero nuevamente, su “archienemiga” 

Carrió, jugó fuerte y con “amenazas extrapolíticas” logró el desplazamiento, esta vez, definitivo. Ya la alianza UCR-PRO comenzaba una trayectoria que afectaba directamente al radicalismo. La opinión pública advertía la falta de garantías del Gobierno en sus declaraciones económicas y sociales. 

Allí comenzó, sin retorno, la diáspora en el radicalismo, con diferencias con el PRO, y también con la Coalición Cívica , por sus acusaciones “sin pruebas” y ataques verborrágicos contra el kirchnerismo, acompañados de “desopilantes” defensas de los “éxitos” inexistentes del gobierno de Macri. 

En la actualidad, los principales referentes de la Coalición Cívica, incluída su jefa, Lilita Carrió, están imputados por el juez Ramos Padilla, junto con el fiscal Stornelli, por presunta “asociación ilícita en armado” de causas judiciales vinculadas con el juicio a D´Alesio, con participación de los servicios de inteligencia.

Posterior al último resultado electoral, importante cantidad de radicales reclama, con variadas razones, una nueva conducción que no solo “cambie las cosas”, sino que rescate la independencia de acción política, fuera de la influencia del ideario macrista y de la Coalición Cívica. 

Imponen acabar con una alianza que “arrinconó” al radicalismo en incómoda situación de “aliado “en los errores e “ignorado” en las decisiones. 

Terapia con catarsis colectiva 
El radicalismo transita una realidad, como mínimo, incómoda, en el acontecer político actual por los resultados de su participación y apoyo a la gestión macri y la realidad que esa gestión provocó en la decadencia argentina presente. La política produce acontecimientos como éstos, de forma cotidiana, en todas las sociedades. 

La argentina es una experiencia más, ni mejor, ni peor que lo que ocurre en otras naciones de los diferentes continentes, distintas geografías, diferentes sociedades, pero seres humanos, y en eso no hay diferencias. 

En la Argentina la política exige definiciones con una actualidad que enfrentar, los radicales, que forman parte de ella, deben decidir aceptando la realidad: explicar, analizar, discutir un pasado reciente complicado y un presente políticamente opaco, que necesariamente deberá buscar un futuro que decida el rumbo. 

Los gobernadores Gerardo Morales (Jujuy), Rodolfo Suárez (Mendoza), Gustavo Valdés (Corrientes), los jefes de bloque Mario Negri (Diputados) Luis Naidenoff (Senado) mantuvieron la primera Reunión del Comité Nacional designando como vocero de las deliberaciones al presidente del organismo, Alfredo Cornejo, participaron Enrique “Coti” Nosiglia (Capital Federal) y los diputados Atilio Benedetti y Angel Bazze. 

Primeras deliberaciones pos electoral 
El tema central de la estrategia opositora no habría estado ausente. Nadie desconoce la difícil tarea de convencer a miles de radicales lo que ocurrió con presencia del partido, en convivencia con Macri y la Coalición Cívica. La terapia deberá ser intensa y la catarsis completa. 

En política nadie tiene la verdad absoluta, todas suelen ser verdades relativas, de donde pueden salir explicaciones y justificativos de la más variada índole. En este caso, los dirigentes tendrán que explicar y la gente decidirá qué cree y que no. Ese veredicto será inapelable. Les toca a los radicales decidir, los de afuera son de “palo”.  

Complicada Provincia de Buenos Aires
En la Provincia de Buenos Aires el radicalismo, hasta ahora, sin estridencias, está en asamblea, que en algún momento puede convertirse en institucional. Hay una situación incómoda radical, que no puede disimular que muchos dirigentes, postergados por la cúpula pro Macri exigen rendición de cuentas por el “fracaso” de la alianza. 

En política nada es gratis y después de una derrota electoral todo cambia en función del resultado. Vidal complicó la situación política bonaerense, líder de la alianza, cuando decidió priorizar su vida privada, vía salida al exterior, decisión absolutamente personal que por ello, corresponde, mi máximo respeto. Pero la política no produce pausas y un viejo refrán señala: “Cuando el gato no está… los ratones bailan”. 

La ausencia de Vidal provocó inevitable puja política. Aparecieron los intendentes Jorge Macri (Cambiemos) y Gustavo Posse (radical) intentando posicionarse. Posse propuso abandonar la alianza y terminar con la “posición” servil. Posse está apoyado por Nosiglia. A la “rebelión” se suma el bloque “17 de Noviembre”, dos legisladores muy “cerca” del oficialismo. 

Otro grupo de cinco legisladores (tres diputados y dos senadores) está decidido a “romper” lanzas con el macrismo. La legisladora María Sánchez Jáuregui, del partido FE se integró al Frente de Todos. Estos movimientos muestran un futuro parlamentario que complica a los radicales y a Cambiemos.

A ello se agregan maniobras de aproximación y seducción del peronismo, ahora oficialista, y que algo “sabe” de maniobrar en aguas políticamente agitadas, con el poder político, para aprovechar “debilidades” que siempre existen. 

Ultimamente aparece una movida de un grupo radical bonaerense con la conducción de la legisladora Alejandra Lordén, vicepresidenta del radicalismo, que propondría una estrategia muy difícil de implementar: continuar con la alianza, pero con conducción radical integral. El radicalismo se encuentra en la compleja alternativa, y debe hacerlo, de continuar su trayectoria en la política nacional. 

No es la primera, ni será la última, de producir los cambios que se necesitan. Hoy soporta el resultado de una decisión de su dirigencia de “corto vuelo”, Alfonsín se los advirtió. Ni el tiempo ni la política se detienen, el compromiso es continuar para rescatar la historia radical, recuperar la identidad nacional, sin socios que no la tienen.