Los rugbiers ya dejaron tendido a Fernando Baez Sosa, que moriría minutos después

Carta de Lectores

Escribe Jorge González

Me sorprende que te sorprenda...

26|01|20 11:57 hs.

Señora directora: 


La muerte de un joven a la salida de un boliche a causa de una tremenda paliza ejecutada por un grupo de jóvenes rugbiers, fue sin dudas el tema que acaparó la atención de los argentinos durante la presente semana. Lo ocurrido tuvo una gran cobertura de todos los medios de prensa transmitiendo cada detalle del antes, durante y después de la tragedia, y por ende a cada publicación le seguían numerosos comentarios de quienes expresaban su dolor, bronca, y asombro por lo ocurrido, lo mismo en las redes sociales. 

En lo personal me duele, me sacude el alma el dolor de esos padres, puedo dar fe que no existe nada más terrible en la vida que perder un hijo, te parte la vida en dos pedazos, en un antes y un después. Dicho esto, debo confesar que me sorprende ver y escuchar a tanta gente sorprendida por lo ocurrido, ya que no tengo dudas que estamos una vez más ante una nueva muerte anunciada, evitable. Los enfrentamientos cargados de violencia a la salida de los boliches, desde hace muchos años, forman parte del paisaje de las madrugadas de los fines de semana en la gran mayoría de las ciudades del país, la diferencia con lo ocurrido en esa madrugada en Villa Gesell lo hace esa última patada, tan artera y asesina como letal para con la vida de Fernando, tan letal como en tantas otras muertes ocurridas en similares circunstancias a lo largo y ancho de nuestro país, o para no ir tan lejos, tan letal como el golpe recibido por el joven Gonzalo Ferretti en nuestra ciudad, en aquella madrugada del 2004 que provocó que nuestra ciudad se convulsionara y la gente saliera a protestar en una multitudinaria marcha pidiendo justicia y mayor seguridad, que incluso terminó con el relevo del jefe de la policía bonaerense. 

Ahora bien, ¿qué cambió de aquella tragedia a hoy? Nada, la violencia es igual o mayor, la diferencia la hace la suerte para algunos, la mano de Dios para quienes somos creyentes, que ha hecho que alguna patada, puntazo o disparo de arma de fuego no sea letal, y solo formen parte de las “normales” noticias policiales o informes de nuestro hospital durante los fines de semana, o de los comentarios de los vecinos que sufren las consecuencias de vivir cerca de locales bailables.

Es hora de que “todos” hagamos una autocrítica, porque todos, en mayor o menor medida, tenemos una cuota de responsabilidad por lo que nos está sucediendo, y también todos, sociedad, autoridades políticas, de seguridad, empresarios, sin importar religión, color de piel, condición social o identidad política, podemos y debemos ser parte de la solución, es hora de que dejemos de preocuparnos para pasar a ocuparnos de un tema que cuesta vidas. Pueden existir distintas y muchas formas de hacerle frente a esta situación, pero la solución o el reducir al mínimo el problema tiene un solo nombre: prevención, la gran ausente en cada una de estas tragedias. Lo otro es seguir jugando a la ruleta rusa, rezando para que la patada, el puntazo, la bala, o ese golpe letal no impacten en tus hijos, nietos. 

No quiero más carteles pidiendo justicia para con un hijo muerto, quiero una sociedad y una justicia trabajando, para que de una vez por todas y para siempre, la prevención se anticipe a la tragedia, y no sea un circo, una farsa montado el día después como siempre ocurre… 

Jorge González 
Suboficial mayor retirado. 
Autor del libro “Comunidades Preventivas para Derrotar la Inseguridad”