Sociales

Javier Campins, un accidente le cambió la vida

“Fue la gente la que me ayudó a comenzar nuevamente”

02|02|20 11:50 hs.

Javier Campins es como él mismo se define: “Alguien que volvió de la muerte y esto me cambió la vida”. Recordemos que estaba viviendo en nuestra ciudad desde el año 2005 desempeñándose como instructor de salsa y animador de fiestas. Hasta que en la madrugada del 1º de mayo de 2007 sufrió un accidente que casi le cuesta la vida y por ello estuvo más de 40 días en terapia intensiva. 


El estaba viviendo en la capital federal y viene a nuestra ciudad en 2005 para animar una fiesta de casamiento y desde allí surge la vinculación con Tres Arroyos 

Con Adriana Olivero lo une una amistad forjada en nuestra ciudad hace muchos años, “más precisamente en el 2005 -cuenta ella-. Todo fue cuando un remisero me llevaba para mi casa y me comenta que no veía la hora de bañarse para ir a bailar salsa. ¿Salsa? le dije yo; ¿qué es eso, con quién vas…? Me compré un par de zapatillas, mi nuera me prestó un pantaloncito y allá fui y lo conocí dando clases. Y no dejé más de ir, y si el faltaba por una razón todos sufríamos porque estaba enfermo”, cuenta sonriendo y mirando a su amigo. 

Javier Campins comenzó dando clases en la Biblioteca José Ingenieros y luego en La Barraca, de esta manera fueron forjando la amistad entre ambos. 



La vinculación entre ellos, sumada a su afinidad con el baile hizo que estos dos amigos fueran construyendo una relación que desde ese momento no los separaría más. Al punto tal que Adriana, en una de las reuniones, que se hacían con cena después de las clases en el departamento de Javier, le propuso que por una cuestión de espacio las realizaran en la quinta que ella habitaba.

Estaba en “Roca y Juan B. Justo, enfrente al golf, más precisamente frente al hoyo 1. Ahí nos juntábamos porque el espacio era más grande, se podía poner música hasta tarde y no había problemas para bailar, ni con los vecinos. Y también en otras casas hacíamos reuniones”.

¿Premoniciones? 
La noche del accidente -1º de mayo de 2007- Javier cuenta que había ido, en su moto, a buscar a su novia que trabajaba en una estación de servicio “y fuimos para la quinta de Adriana, que nos había invitado a cenar. Pero al llegar mi pareja me dijo: ‘Javier estoy algo cansada si vos querés quedarte, a mi llévame a casa porque yo entro mañana a las 6’. Me acuerdo que Adriana salió corriendo de la casa a saludarme”. En ese tiempo Javier tenía una tipo enduro Guerrero Tundra 200 cc; “pero no porque a mí me gustara andar en una rueda sino por el tipo de vehículo”. 

Cuenta Adriana que al despedirlo salió corriendo de la casa y le dijo “‘Gordito te tengo que abrazar, necesito abrazarte’ y él se quedó mirándome. Nos abrazamos y la novia me dijo ‘no me lo mandes muy tarde porque él al otro día tiene un show, y que no tome mucho’; no, quedate tranquila, le contesté”.

Luego de esto y como demoraba mucho en volver a la quinta de Adriana una de las personas que estaba ahí y que había ido a buscar a uno de sus hijos a un cumpleaños le preguntó: “Tu profesor de salsa ¿vuelve?’. Sí -le contesté-, ‘Te digo porque hubo un accidente con una moto’. Llamé a su novia, le dije que se quedara tranquila y que fuese al hospital porque tenía el presentimiento que era él, máxime cuando me confirmó que de la casa había salido ni bien la había dejado”. 



Refiriéndose al accidente en sí y lo posterior, Campins dice que “los milagros existen. Más cuando me acuerdo del abrazo de Adriana y mi sorpresa porque le dije ‘ya vengo’. Yo vivía en un departamento en la calle Vélez Sársfield 759, al fondo, pues era el último de ese PH. Podría haberla dejado en la puerta pero entré hasta allí y cuando me bajé de la moto le dije que mis pertenencias materiales -televisor, equipo de audio, computadora- se las diese a mis hijas que estaban en Necochea. Ella se sorprendió mucho por esto pero me dejó ir”. 

Sin casco 
Aquí hace una reflexión sobre el uso de casco cuando se conduce, porque cuando uno es joven no le da mucha importancia pues “a mí no me va a pasar nada porque yo sé manejar bien y tomo mi precaución. Eso no es realmente lo que sucede, porque en mi caso yo había prestado mi casco y andaba sin el mismo. Pero no me preocupé por comprar otro. Yo salí esa noche de mi casa y en vez de ir por dentro de la ciudad tomé la ruta 228. Al llegar a la intersección con la avenida Belgrano venía cruzando la misma una camioneta Ford F100, yo la choqué, salí volando y pegué con mi cabeza en el piso. No me acuerdo cómo fue, si logré doblar o qué, pero al no tener casco y pegar contra el piso me rompí la cabeza. Todas estas cosas me las contaron, pues estaba inconsciente. Cuando llegó la ambulancia me hicieron RCP, porque no les funcionaba el desfibrilador. No arrancaba mi corazón y la cuestión es que me metieron en una bolsa para llevarme a la morgue del Hospital Pirovano. Cuando llegué allí, el médico de guardia fue quien me hizo la reanimación y a la tercera vez arrancó mi corazón. A partir de ahí fue un mes y medio en coma”. 



En el tiempo en que Javier Campins estuvo en el Hospital Pirovano muchos fueron los amigos y familiares, tanto suyos como los de su novia, que se turnaron para cuidarlo y verlo. El resto fue hasta una delicada operación de neurocirugía para que de a poco fuera recuperándose. Lo posterior en reeducación respiratoria, corporal, volver a hablar “me demostró lo mucho y buena que fue la gente de Tres Arroyos, desde el médico (Juan Gutiérrez) que me salvó la vida, las enfermeras, mis afectos y amigos que me ayudaron a recuperarme de a poco para volver a ser alguien”. 

El volver a ser consciente fue paulatino y le sirvió para descubrir cómo a veces uno tiene equivocaciones con respecto a la gente. Un caso fue la madre de su novia, con la que en ese momento tenía grandes diferencias por la disparidad de edad que tenía la pareja. El reconoce que ella y su marido fueron de los que más “me cuidaron y ayudaron de una manera maravillosa como si fuesen mis padres. Gracias a todos ellos, como a mi amiga Adriana Olivero, pude recuperarme. Yo vine a darle clases de salsa a la gente pero fue la gente la que me ayudó a comenzar nuevamente una vida. Ahora vivo el momento, pero pensando en el día de mañana y ayudando a la gente de la misma manera que ellos me ayudaron a mi. Esa es mi actual filosofía” reflexiona en el final.    


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La ONG Juan Javier

Luego de la “experiencia” sufrida por Javier Campins Adriana Olivera se ha propuesto armar una ONG. 

“La idea es crear una organización no gubernamental que se va a llamar Juan Javier en honor a él, que ‘volvió de la muerte por no usar el casco’. Que no solamente va a tratar la concientización del uso de casco, ya sea en bicicletas, ciclomotores o motos grandes. También los cuatriciclos en la playa, porque hay menores o adultos manejando y no está bien clara la reglamentación, pero como se agota el tema vamos a trabajar en educación con los chicos. Ellos son los que transmiten generalmente la información a sus padres y los aprendizajes a la casa. Lo mismo todo lo que sea los residuos en la playa, en la ciudad. Los chicos llevan las enseñanzas siempre a sus casas”.



Esto es porque los chicos hoy están en pleno auge con el reciclado, además de estarlo aprendiendo en los diferentes nivelas de la enseñanza en colegios. Ellos son quienes se encargan del cuidado de la naturaleza porque en definitiva “si destruimos la naturaleza, que es lo único que tenemos para poder vivir, el aire puro, las plantas, el agua se agota. El hombre es el peor destructor de la naturaleza que existe. Los animales no lo hacen porque sólo matan para comer, por eso esto del caso Fernando Báez Sosa cuando dicen ‘lo mataron en manada’, está mal dicho en manada. Porque una manada de animales no mata, lo hace uno u otro para dar de comer a su cría. No es una manada que se junta para matar a otro animal y comérselo está mal dicho lo que pasó con Fernando. También queremos tocar esto, por ello es que la ONG no sólo se va a direccionar en el tema de las motos, lo vamos a hacer con Vialidad, con Educación, con Cultura, con Turismo. Va a ser muy amplio para que no se agote la ONG. 



La idea de Adriana, de conformarla, tendría como sede un departamento que ella alquila en Tres Arroyos. “Nos podemos reunir allí porque no vamos a tener recursos como para alquilar algo. Veinte entramos, apretaditos entramos -cuenta sonriendo-, porque una amiga de Buenos Aires me mandó elementos para lograr su conformación y necesitamos 20 personas para formar el directorio y que la acepten en Personerías Jurídicas. Nueve libros, y bueno, estoy leyendo y tratando de informarme como se crea la ONG”. 

Adriana sostiene que desistió de la Fundación porque la misma se puede confundir con el “lavado de capitales. No es nuestra idea, nosotros vamos a poner auto, casa, todo nosotros; sí con lo que entre se van a cubrir gastos de movilidad que se destinen a la gestión u operatividad de la misma”. 


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Cómo llega y se establece en la ciudad

Javier Campins llega a nuestra ciudad por su vinculación afectiva con Roberto “Toli” Andreasen. 

Llega a Tres Arroyos “en 2005-2006. Un amigo me dijo que era una linda ciudad. Fui a trabajar en sí porque conocía a Toli Andreasen que tenía el casamiento de un familiar, a animar este evento. El me decía que tenía que quedarme acá, trabajar en este lugar, ‘no sabés lo lindo que es’. Pero viste, cuando uno conoce a un amigo vos dejás esta información para más adelante. El tema fue que en la fiesta, luego de haber hecho el show, cuando iba al baño, un hombre me dijo: ‘Mirá quiero preguntarte, porque mi hija se casa y quiero llevarte a animar la fiesta”. 

El le contestó que sí y le dio una cifra al azar, pero sobrevaluado del costo de su show. La respuesta fue “bueno lo hacemos. Yo me dije, ‘hay Dios mío no lo puedo creer’; me dio una seña por ese importe y su domicilio para que al día siguiente fuera así cerrábamos el trato”. 



La historia continúa con que al irse para la barra del salón donde se hacía el casamiento, a tomar algo, una señora se le acercó felicitándolo por el show. Javier le agradeció y ésta le hizo una nueva propuesta para la animación del casamiento de su hijo a lo que la sorpresa de esa noche en él iba creciendo. Le dio el precio a lo que esta mujer aceptó; “yo no lo podía creer. Cuando se lo cuento a Toli ambas situaciones el lo reafirma. ‘Viste Javier, yo te dije esta ciudad es muy linda y aparte tenés trabajo. Entonces ahí comencé, fui a hacer los shows y luego una persona me habló de un lugar para dar clases”. 

Primeramente lo hizo en la Biblioteca Ingenieros y luego en La Barraca, “fui a dar clases y veía que iba bastante gente. Yo viajaba desde Necochea a hacerlo los martes y jueves además de algún show los fines de semana”. Como tenía tanta continuidad el dueño de La Barraca le propuso que se alojara allí porque tenía lugar; “así comencé con mi vida en Tres Arroyos. Y empecé a conocer todo, el ambiente de la noche, las clases, la gente que es súper sencilla, aún teniendo nivel económico”. 



Polifacético 
Javier recuerda lugares donde estuvo trabajando o contratado como la Sociedad Italiana, el Parque Hotel, “hasta bailé en una Fiesta del Trigo. Eso me lo consiguió Karina Arias, noté como que Tres Arroyos le abre las puertas a la gente y uno puede hacer cosas. Lo que tiene el baile latino es que permite mucho la vinculación entre la gente, no solamente por las clases. Se terminan haciendo amigos, un grupo muy lindo, eso es lo que lograba yo, armarlo y que se hagan amigos”. 

Esto permitió que se armara un grupo de amigos compartiendo cenas en diferentes casas de los integrantes. También trabajó en Blotting primeramente llevando promotoras en eventos y luego como vendedor “porque por mis relaciones, el baile y mi forma de ser me conocía mucha gente. Por eso te digo que a Tres Arroyos lo conozco de distintas maneras”. 

Actualmente Javier Campins trabaja como editor de la página web “campana de largada” que fue de un familiar suyo y dando clases de zumba fitness, aqua zumba o de afro tanto en Necochea como Balneario Orense.