Los chicos del programa Escuelas Abiertas en Verano, que en nuestro distrito se llama Vacaciones Fel

Claro, Reta y Orense

Reta

“Quiero que la gente tenga servicios”

02|02|20 13:42 hs.

En el parador Walter’s, en la playa de Reta, la temporada transcurre en forma positiva. “Es buena, ha venido mucha gente”, destacó Celia Piacquadío, quien conversó con La Voz del Pueblo acompañada por su esposo Walter Pereyra. En el lugar también se encontraban su hija Maricel y su nieto Teo. 


“Tenemos la suerte de recibir mucha gente de todo el país que nos apoya. Los padres, los hijos y ahora los nietos”, dijo con satisfacción Walter Pereyra. 

El jueves 23 de enero, Walter’s cumplió 43 años. Celia Piacquadío recordó que “comencé en un quiosco de chapa. El segundo año fui a trabajar a otro quiosco que se inauguró esa temporada, después me lo alquilaron porque no lo podían atender. Mi hija Maricel prácticamente nació ahí y empezó a caminar en ese lugar, que estaba en la bajada del camping”. 

Por entonces, la aspiración era participar en una licitación. “Armamos un quiosquito de premoldeado por un tiempo, en el lugar donde estoy ahora, hasta que se logró acceder a la licitación por veinte años; haciendo todo en término, realizando la obra, se extendió cinco más. Lo logramos”, valoró. 

Cuando comenzó esta actividad tenía 22 años y Walter se desempeñaba como guardavida en Reta. Vivió todo tipo de experiencias. “Para mí fue como una aventura. Trepábamos el médano con los cajones, con el hielo. Hoy no lo podría hacer”, afirmó. 

En aquellos tiempos, según consideró, “no sé si éramos cien personas en la localidad, los conocía a todos”. 

El vínculo continuó y se sumaron otros clientes, porque “vienen los hijos, nietos, incluso hay quienes han traído los bisnietos. Con algunos estamos conectados durante el año, nos hablamos”.

Walter’s permanece abierto desde diciembre hasta Semana Santa. En este sentido, Celia señaló que “aunque en ciertos días no haya nadie en la playa, como puede suceder a fines de marzo por ejemplo, no me interesa. Por ahí llega alguien que no conoce Reta, lo invito a tomar un café, no se lo cobro y al año siguiente seguro que lo tengo de cliente. Es brindar un servicio. O te vienen a pedir el baño, por supuesto que está disponible”.

Crecimiento 
Durante la entrevista, retomó el análisis sobre el desarrollo de la temporada. “En diciembre empezamos a trabajar y no paramos más. Hacía años que no armaba 30 carpas, preparábamos 20 en las últimas temporadas. Ahora llegamos a 30 y deberíamos instalar más, no me animé porque veníamos tan mal todo este tiempo. Hay días en que ves a uno al lado del otro en el mar”, destacó. 

Sobre las carpas, agregó: “los turistas se fijan en el tiempo, antes alquilaban por quince días, ahora lo hacen día a día”. 



Observó que “hay gente que está enojada, antes la playa era para ellos solos y ahora ya no. En fines de semana con buen clima, queda una sombrilla pegada a la otra. Ha crecido un montón”. 

Han recibido a veraneantes provenientes de “diversos lugares de las provincias de Buenos Aires, Mendoza, Neuquén, también de la ciudad de Buenos Aires. Incluso de otros países”. 

Generaciones 
Su hija Maricel se desempeña en el parador, una nueva generación en esta tarea. “Mi nieto tiene siete años, ya te dice voy a ser guardavidas y le voy a poner de nombre Teo Walter’s. Es chiquito igual todavía”, expresó Celia con una sonrisa. 

Habló con orgullo de su hija; “es socorrista acuática, licenciada en Educación Física y se sigue formando. Ama su profesión, pero no va a dejar el parador”, manifestó. 

Se muestra agradecida con los proveedores y con quienes le vendieron los materiales de construcción. Hizo referencia a un período muy complicado; “en 2000 y 2001 empecé la segunda etapa, me trajeron todo y no le podía pagar a nadie, un verano prácticamente no vino gente a Reta. Fui a Tres Arroyos y les dije que no les podía pagar y les pregunté qué hacíamos. Hubo empresas que me bancaron todo el año, les pagué la temporada siguiente. Les quiero agradecer”, 

Otra causa de alegría es que “hice cualquier cantidad de amigos, que me visitan en mi casa y he ido a la casa de ellos. Nunca tuve problemas con nadie. A los clientes los entiendo, si se encuentran ante una dificultad, tratamos de colaborar en la resolución, se encajan los coches y salen Walter y Maricel a ayudar”. 

Un compromiso 
Celia relató que “cuando éramos los únicos, tenía tambores con hielo porque no había luz en Reta”. 

Con el paso del tiempo, surgieron otros paradores. “No me preocupó, tiene que haber competencia –sostuvo-. Es cuando uno aprende cada día más y se quiere esmerar. Cuando me tocó licitar nuevamente este lugar, no sabía si lo ganaba, creí que me moría. No perdía solamente el parador, sino ante todo a la gente que viene”. Describió “los abrazos, besos, regalos” y el afecto que recibe en cada temporada. 

Del mismo modo, dejó en claro que “me hubiera gustado tener todo impecable pintado en septiembre. No puedo porque la calle se tapa de arena, tengo que esperar que la abran para poder entrar; no estoy para venir con la pintura o el tubo de gas tanta distancia. Ya no podemos. Es lo que le pedí al intendente, lo prometió, hay un aval para poner la forestación. Si Reta está avanzando le tenemos que brindar cada vez más servicios al residente permanente y al turista”. Uno de los pedidos que le realizaron al delegado es hacer un estacionamiento en una manzana, debido a que el espacio disponible quedó chico, se llena de autos y esto ha sido motivo de discusiones. 

Está pendiente la construcción del baño para personas con discapacidad y duchas nuevas. “Habiendo trabajo se puede, sino es imposible. El año pasado en Carnaval se produjo un temporal y quedé aislada, la arena cubrió la calle, no se pudo abrir. El intendente lo entendió. Si trabajo gano, pago mi canon y lo que corresponde, con lo que queda voy haciendo la obra”, explicó. 

Finalmente, Celia subrayó: “Quiero que la gente tenga servicios, que no nos quedemos. Empecé vendiendo Coca y panchos, hoy se me hizo un restaurante sin querer, tratamos de tener de todo. Aspiro a terminar lo que prometí, tal vez tardaré pero lo voy a hacer”.   


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Una vocación

Walter Pereyra debutó como guardavidas en 1970 en Mar Chiquita, después se desempeñó en Claromecó, Necochea, Balneario San Cayetano y desde 1976 en Reta. “Tengo el honor de ser el primer guardavidas jubilado, gracias a Celia que hizo los trámites con un abogado que encontró en Mar del Plata. Trabajé hasta los 68 años”, señaló. 

Planteó que “al mar hay que respetarlo siempre y sobre todo, valorar la prevención. Nunca toleré un guardavidas que esté mirando hacia el pueblo, de espaldas al mar, leyendo o escuchando radio cuando hay gente en el agua. Es una actividad que tiene que hacerse de vocación”.