Opinión

Editorial

República sísmica

10|02|20 11:27 hs.

Tenía razón el gran historiador argentino Tulio Halperin Donghi (1926 - 2014) cuando afirmaba que nuestro país era una “República sísmica”. Y ese modo geológico de definir el derrotero azaroso de la política y la economía vernácula, parece confirmarse de manera inexorable. Decía Halperin, que la Argentina estaba dividida en períodos separados, interrumpidos por desastres, sacudones y temblores, en donde había que resolver constantes dilemas, generalmente costosos. Y los diferenciaba de los problemas, que solo requerían soluciones, de diverso grado, pero no necesariamente dicotómicas. Los dilemas, son de otra envergadura, explicaba el intelectual, suponen opciones de hierro, al menos en nuestro país, y los perdedores, valga la redundancia, pierden en serio. 


El día miércoles el Senado de la Nación, por unanimidad, sancionó la “Ley de sustentabilidad de la deuda pública externa”, un contundente respaldo para que el equipo económico de la actual administración comience la negociación con los acreedores de la deuda contraída en moneda extranjera, estimada en alrededor de 140.000 millones de dólares. Algo extraordinariamente positivo para cualquier observador que desconozca o extirpe deliberadamente la crónica de los vínculos turbulentos, entre los acreedores internacionales (FMI, Club de París, bonistas particulares, etc.) y nuestro país, desde los ‘80 hasta nuestros días. 

Paradojas de la historia al margen, todo parece igual, pero es distinto, en materia de deuda externa y en relación a la cronología de los mojones seguidos por el país en esta materia: solicitud de préstamos; exceso creciente en el pedido de crédito; altas tasas, dificultades de pago por desajustes estructurales internos, políticos y económicos; peligro de cesación de pagos (o declaración de default); crisis y sus efectos sociales; renegociación; ley de emergencia económica y posterior recuperación. Cada ciclo separado por períodos más largos o más cortos de cierta estabilidad, atada principalmente a factores foráneos relacionados con nuestros productos exportables y su precio en los mercados globales. 

El ciclo del crédito internacional de nuestro país abona claramente la observación de Halperin, quien aporta mucho al debate nacional, no sólo por sus obras históricas per se, sino por sus reflexiones más allá del territorio de los especialistas en Ciencias Sociales. La política es compleja, no es blanca o negra, es gris. Lo gris, entendido como matiz y sutileza, diálogo y acuerdo, marchas y contramarchas y, sobre todo, como responsabilidades compartidas, para los éxitos, pero en especial para los fracasos. En esto, el historiador ilumina las discusiones, al escapar de la fácil explicación binara a las difíciles encrucijadas que afrontó el país a lo largo de la historia. A veces, complejizar, es más necesario que simplificar, porque expande la comprensión de los problemas que acontecen en la sociedad, incrementando el abanico de sus posibles soluciones. 

¿Dejaremos de vivir en una República Sísmica? La unanimidad en la sanción de una ley clave, para darle el aire suficiente al Gobierno, como sus hacedores reclamaban, para que de este modo pueda desplegar su programa en materia económica y social, puede interpretarse como una señal prometedora. Pero en una nación en donde las pasiones gobiernan más que la moderación, hay que ser precavidos. 

La cultura política no cambia de un día para otro. Lo hace de a poco, a veces imperceptiblemente, por medio de actos y gestos, continuos y firmes. Las sociedades, al igual que las personas, tienen la capacidad de madurar pese a sus defectos y, de este modo, potenciar sus capacidades. Pero su “geología” es más sofisticada. Y la Argentina aparenta ser un ejemplo elocuente de ello. 

Un antídoto contra la imprudencia política es recordar los costos de los sismos pasados, someter la euforia de un éxito político a las enseñanzas de la historia y asumir, también en el discurso, la corresponsabilidad en el drama argentino. 

Para desmentir en forma definitiva el concepto de Halperin Donghi falta mucho, pero sería imprescindible comenzar a hacerlo pronto, para que las heridas ocasionadas por las respuestas dadas a los dilemas de hierro que afronta el país, no se conviertan en otro terremoto que hipoteque el futuro de las mayorías.