Claro, Reta y Orense

“Punto Zero”

La carnada ganadora

11|02|20 12:24 hs.

El mendocino Carlos Alzogaray pescó una corvina negra de 1,616 kg y ganó el certamen de pesca más grande de Sudamérica, las 24 Horas de la Corvina Negra, que luego de trece ediciones volvió a tener un ganador con un ejemplar de ellas. Junto a cuatro amigos llegaron a la localidad para disfrutar por segundo año consecutivo de un concurso que presentó completa emoción frente a un triunfo atípico. 


Las carnadas utilizadas en los días de pesca representan un alto porcentaje de probabilidades de lograr tentar el pique de una buena presa, sobre todo si es desde las orillas. Carlos eligió la casa de pesca “Punto Zero” de Gustavo Salguero y Jennifer Naubi ubicada en Costanera y calle 19 que con amplia experiencia en el rubro lo asesoraron y aconsejaron para que su paso por el certamen fuese positivo. El objetivo de los dueños del lugar es que aquellos principiantes, puedan vivenciar un concurso ameno, en el que “no vengan a penar” y entonces el próximo año también elijan anotarse en la competición. 

Relatan que a Carlos y sus amigos, “le enseñamos a hacer los nudos, se llevaron unas líneas de by clip que estaban en oferta. Tomaron lo más barato pero son buenos productos y les armamos una línea sencilla por si cortaban. Le explicamos sobre el chicote, practicamos de hacer los nudos porque nunca habían hecho uno”. Gustavo había viajado días atrás a buscar una carnada especial para la ocasión “valió la pena, hice el viaje en 24 horas”; consiguió unos langostinos provenientes de Ecuador “que no se habían visto realmente antes”. Carlos llevó de esos, de los comunes y también anchoas pero el dueño de Punto Zero posiblemente nunca imaginó que con ellos, saldría la corvina negra que después de trece años de concurso daría el peso y le daría al pescador mendocino la chance de subir a lo más alto del podio. Sostiene que están para ayudar al turista y “cuando nos enteramos fue una alegría, una emoción, desde la humildad nos sentimos partícipes de algo tan lindo”.


Gustavo Salguero, Jennifer Naubi y Javier Figueroa aún emocionados el día después de que Carlos Alzogaray ganara el concurso de Las 24


Explica que las 24 Horas de la Corvina Negra es un concurso único, donde se pone en juego la pasión, la adrenalina y las ganas de lograr un pique efectivo que comienza una semana antes de la fecha inicial, en la que tanto pescadores profesionales como amateurs se consultan sobre el lugar conveniente donde acampar. Indiscutidamente, se ha convertido en el concurso pesquero en mar abierto más importante por su duración, su logística, organización y por las ganas de lograr los premios que son en cantidad y de calidad. Año a año numerosos inscriptos llegan a las playas de Claromecó, Reta y Orense buscando un sueño. Esta edición, se la llevó Carlos Alzogaray de la mano de Punto Zero “teníamos fe que alguno con esos langostinos iba a ganar pero no me esperaba que fuesen ellos”. 

Al momento de recibir al campeón, se acercaron a la caravana fiestera con una botella de sidra a pura diversión y felicidad; se los escuchaba diciendo “¡la carnada ganadora!” mientras la multitud también lo ovacionaba y gritaba “¡campeón!”. La fiesta terminó siendo compartida ya que al finalizar la entrega de premios, se unieron en una comida en el local “ellos re agradecidos por todo y fue como si hubiésemos ganado nosotros; no sé cómo debe ser ganar pero fue lo más cercano y parecido”.




Vida de pescador 
Gustavo y Javier Figueroa son de Buenos Aires y su amistad proviene de la infancia donde al compartir momentos la pesca toma su lugar preponderante, gracias al departamento frente al muelle que tenía Javier en San Clemente “íbamos todos los veranos y pescábamos ahí”, dicen. Gustavo confiesa que Javier le enseñó a pescar en el mar, y a partir de ese momento cada uno empezó a perfeccionarse por su lado. 

Mientras tanto, venían seguido a participar y presenciar el concurso de la Corvina Negra y “la primera vez lo decidimos porque sentimos que estábamos afianzados en el tema. Íbamos frenando en cada pueblo preguntando en qué lugar nos convenía pescar y todos nos decían El Caracolero. Nos situamos ahí y a las dos horas no teníamos más plomadas ni líneas”, cuentan entre risas mientras refuerzan la idea de que se va tomando experiencia con el tiempo y “vas aprendiendo”. 

Para ellos es como el Mundial “a lo que uno más aspira, por lo menos entrar en los primeros veinte”. Javier todavía no pudo ganar nada; y Gustavo logró puestos que lo hicieron acreedor de algunos premios. 

Con el correr de los años Gustavo, se mudó junto a su familia a Tres Arroyos y logró poner su primer local referido al rubro en calle Libertad y Colón. Dos años después, le ofrecen el de Claromecó que con mucho esfuerzo impulsaron hace seis temporadas y Javier siempre coordina para venir y ayudarlos en el comercio “al estar al lado del Club Cazadores, cuando retiran las entradas del concurso nos vienen a preguntar, notamos que hay gente sin experiencia y les damos los consejos que creemos pertinentes”, dijo. 

Para mejorar 
Jennifer, Javier y Gustavo coinciden en que sería ideal poner atención frente a las personas que vienen desde muy lejos, justamente sin conocimientos. Cuentan casos en que participantes no han sabido cómo manejarse, con qué vehículo llegar a la arena y no han encontrado asistencia. “El año pasado un hombre de Mar Del Plata se quedó sin batería en el auto. Pedí ayuda al Club y no me la dieron, fuimos nosotros a asistirlos”. Ese hombre –explica- “es obvio que no va a volver. Lo pasó mal”. 

Todos los pescadores que se movilizan desde lejos hasta Claromecó para participar del certamen, es una parte muy importante, “vienen con toda la esperanza, me gustaría que estén más atentos a eso”. Además es una forma de que vuelvan a elegir la localidad tanto para veraneo como para participar y que el “boca en boca” convoque más personas, en las que resultan todos ganadores. 

En esta misma línea resaltó –de modo constructivo- algunas ideas con aportes sanos que hagan crecer positivamente el concurso de pesca más importante, y mencionó que “cuando la familia viene a comprar te preguntan ¿qué hay para mirar acá? o ¿qué hay para hacer?, quizás podría impulsarse un desfile, un recital, un show. Eso también estaría bueno para la familia”.