Opinión

Psicología

¿Enamoramiento o amor?

16|02|20 11:07 hs.

Por Claudia Torres (*)


Semana de San Valentín, Día de los Enamorados y todo parece perfecto, para aquellos que se sienten de esta manera… quizás no tanto para el que no tiene un amor o no es correspondido. Semana cargada de emociones y sentimientos que se notan a cada paso, sobre todo en las distintas redes sociales. 

Solemos relacionar el amor con el que se siente por una pareja, pero sabemos que existen otras clases de amor, por ejemplo el amor fraterno, materno, filial, al prójimo. 

Desde el punto de vista puramente psicológico, si nos referimos al amor de pareja, el amor es una experiencia afectiva conformada por un conjunto de variables muy concretas: deseo de vincularnos a alguien, de intimidad, pasión, sexualidad. 

El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa, no hay amor. La esencia del amor es trabajar por algo y hacer crecer. El amor y el trabajo son inseparables. 

El cuidado y la preocupación implican otro aspecto del amor: el de la responsabilidad, en su verdadero sentido, es un acto enteramente voluntario, constituye mi respuesta a las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano. 

La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer componente del amor, el respeto, que no significa temor y sumisa reverencia; denota, la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. 

Respetar significa preocuparse porque la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero con ella tal cual es, no como yo necesito que sea, como un objeto para mi uso. Es obvio que el respeto sólo es posible si yo he alcanzado independencia y libertad, sin tener que dominar a nadie. 

Respetar a una persona sin conocerla, no es posible; el cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento. Cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento son mutuamente interdependientes. 

Como la mayoría de la gente une el deseo sexual a la idea del amor, con facilidad incurre en el error de creer que se ama cuando se desea físicamente. 

Ahora bien, en muchas ocasiones podemos confundir lo que significa el enamoramiento y el amor verdadero. 

Podríamos decir que el enamoramiento es un estado de felicidad instantánea, pasional, desbordante, incontenible e irracional que nos conecta con una sensación de profunda completitud. Es esa sensación en nuestro interior de tener mariposas ante la posible llegada de esa persona que nos interesa, el olvidarme las cosas y estar distraído, el estar pendiente a ver si entra ese mensaje que esperamos. 

Freud decía que es un estado psicótico de la personalidad, y tenía razón: no hay nada más parecido a un loco que un enamorado. 

El enamoramiento es ese momento, un estado que solo se puede mantener durante un tiempo limitado, donde el otro tiene todo lo que yo deseo, tanto es así, que solemos poner todo aquello tiene que tener para que sea ese objeto de mi interés. 

Esa persona no está viendo la realidad, sino que idealiza. No ve al otro en su totalidad, sino que el otro es una pantalla donde proyecta sus aspectos idealizados.

El enamoramiento es como una droga, es totalmente cierto, el principal responsable de todo lo que nos pasa cuando estamos enamorados es la dopamina, un neurotransmisor que en este estado aumenta y produce síntomas placenteros, excitantes y que tienen el poder de alejarnos de la realidad. Pero ella no está sola, ya que también interviene la noradrenalina, que es la responsable de que focalicemos la atención en un objeto, más específicamente nuestro objeto de amor. 

Nos enamoramos cuando conocemos a alguien por quien nos sentimos atraídos y dejamos caer frente a él o ella las barreras que nos separan de los demás. Cuando compartimos con esa persona nuestros sentimientos y pensamientos más íntimos, tenemos la sensación de que, por fin, hicimos un vínculo con alguien. Este sentimiento nos produce gran placer, hasta la química de nuestro cuerpo cambia, dentro de él se producen unas sustancias llamadas endorfinas. Nos sentimos felices y andamos todo el día de buen humor y atontados. Cuando estamos enamorados nos parece que nuestra pareja es perfecta y la persona más maravillosa del mundo. 

El amor es el estado en el que elegimos a nuestra pareja sin querer cambiarla y buscamos a partir de ahí construir un camino juntos. Puede ser más placentero que el enamoramiento, pero en lo que no puede competir nunca es en el nivel de intensidad. El enamoramiento siempre es más intenso. Cuando estamos en esta etapa nos atraen las coincidencias. 

De antemano sabemos que el enamoramiento es insostenible en el tiempo. Que puede durar horas, días e, incluso, meses. Y tal vez, al pasar esa etapa es cuando comenzamos a amar, cuando conocemos realmente lo que es el amor, cuando comenzamos a notar detalles que no nos gustan de nuestra pareja y nos encontramos con pequeñas desilusiones que dan paso a una aceptación o definitivamente a un adiós 

Empezamos a amar cuando dejamos de estar enamorados, aunque parezca una contradicción. 

El amor requiere conocer a la otra persona, requiere tiempo, requiere reconocer los defectos del ser amado, requiere ver lo bueno y lo malo de la relación. No quiere decir que el enamoramiento no es bueno, al contrario es maravilloso. Sin embargo es solo el principio. 

Muchas personas son adictas al enamoramiento. Terminan sus relaciones cuando la magia de haber conocido a alguien nuevo desaparece; cuando empiezan a ver defectos en la otra persona y a darse cuenta que no es tan perfecta como pensaban. 

El verdadero amor no es ciego. Cuando amas a alguien puedes ver sus defectos y los aceptas, puedes ver sus fallas y queremos ayudarle a superarlas. Al mismo tiempo esa persona ve tus propios defectos y los entiende. El amor verdadero está basado en la realidad, no en un sueño. Estamos ante una persona maravillosa, sin dudas, pero ninguna de los dos es perfecta. 

Amar es poner en una balanza lo bueno y lo malo de esa persona y después aceptarla. El amor es una decisión consciente. Muchas veces oímos de personas que dicen que se enamoraron de alguien y que no pueden evitarlo.

Al ser más racional el amor, no crea esa imagen idílica de la otra persona. En cambio, el enamoramiento nos hace sentir “drogados”, pensando constantemente en el otro u otra, el o la cual tenemos en un pedestal, sumamente idealizados. 

Podemos sentir una gran admiración por alguien, podemos desear tener una relación con alguien, podemos estar muy agradecidos por lo que alguien ha hecho por nosotros, pero… eso no es amor. 

El amor nace del compartir, de dar y recibir, de intereses mutuos, de sueños compartidos. El amor verdadero es recíproco. Recibes tanto como das. 

El amor supone una gran entrega, pero sin perder la identidad, es compartir, aprender, descubrir… es libertad, trabajo, construcción y deseo. 

Para terminar por hoy nuestro recorrido, les dejo esta frase de un filósofo estadounidense contemporáneo, que me parece resume nuestra columna de hoy. 

“Empezamos a amar no cuando encontramos una persona perfecta, sino cuando aprendemos a ver perfectamente una persona imperfecta” (Sam Keen).


(*) Lic. Claudia Eugenia Torres 
M.P.: 40256 
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