Claro, Reta y Orense

Claromecó

Lazos que perduran

17|02|20 11:34 hs.

La docencia es una de las vocaciones más nobles que pertenece a una figura central en los primeros años de formación de la persona. Marta Pardo, una docente jubilada que cuenta con cuarenta y cinco años de experiencia, el sábado recibió la visita del grupo de ex alumnos de séptimo grado junto a Lidia, la maestra de primero, con el que formó un hermoso compañerismo y profundo cariño. El conjunto de ocho personas que incluyó camaradas de Primaria de la Escuela N° 13 Rigoberto Segado, de Moreno, llegó para compartir y disfrutar de un fin de semana en Claromecó que los nutrió de energías. Las aulas se cierran, los alumnos se van, pero los docentes perduran año tras año. Es tiempo de recordar los buenos momentos vividos y llegaron para ello. 


Marta vivió toda su vida en Moreno, en la provincia de Buenos Aires. Pasó por varias escuelas y de todas sacó experiencias positivas, conoció personas que aún tiene en un rincón de su corazón.

Recuerda su primera incorporación a una escuela, la N°5 de la localidad donde nació. “Me habían ofrecido medio año allí o una suplencia de quince días en otra. Por lógica elegí la N°5 pero quedaba muy lejos”. Fue a conocerla, de punta en blanco, con zapatos de taco aguja y un libro en la mano. Luego de tomar dos colectivos, se bajó y consultó sobre si estaba bien direccionada. Un señor le informó “la escuela está allá, pasando el monte. Pero corte camino por el campo”. Marta tomó el consejo y pasó el alambrado; cuando se dio vuelta, una vaca la estaba mirando “salí más rápido de lo que entré”, cuenta entre risas. Decidió caminar por el costado, embarrada y cansada. “Ya estaba mal predispuesta, no sabía qué hacía ahí e iba pensando en que renunciaría”. Cuando llegó, los alumnos la esperaban empapados de felicidad, sonrisas de oreja a oreja y comenzaron a aplaudirla. Había llegado “la seño”. 

Un verdadero maestro no se limita a conocer los contenidos y temáticas de la asignatura, conoce a cada uno de los integrantes del curso, entendiendo qué es convivir con quienes se encuentran en el aula, conociendo sus gustos, aceptando diferencias para brindarles una formación integral. Esta profesión no es fácil, pero tampoco imposible, trae consigo cantidad de responsabilidades pero gratifica con momentos que jamás serán borrados de la memoria.

Un aula única 
Ella se trasladó a Claromecó hace tres años, momento en que se jubiló y decidió tomar un respiro de la gran ciudad, “educar en el conurbano bonaerense no es fácil, esta localidad me dio la paz que los grandes lugares no tienen”, indica. 

Los recuerdos más lindos, independientemente de la distancia, los tiene con el grupo “Los mejores amigos”, sus alumnos de séptimo grado de la Escuela N° 13 Rigoberto Segado. Gladys, una de las ex alumnas, formó el grupo de Whatsapp que los abarca a todos y también sumaron a la maestra de primer grado de la misma institución que les dejó enormes enseñanzas y vivencias compartidas. 

Si bien el núcleo siempre mantuvo el contacto, a partir de la implementación de los celulares y particularmente de esta aplicación es que pudieron formar un lazo aún mayor en el que mandan mensajes a diario, saludándose constantemente y compartiendo, virtualmente, momentos. “Todos los días por la mañana comenzamos con el buen día, por la noche también nos deseamos buen descanso”, explican. 

Al finalizar la escuela, uno no sabe si realmente los profesores echarán de menos a los alumnos, recordando las características por las que los identificaban o si por el contrario habrían sido simples cuerpos con un nombre y apellido que quizá más adelante, cuando lo volvieran a escuchar, recordarían. En el caso de Marta, todo está a flor de piel y fue reflejado en cartas que les entregó en un momento completamente emotivo, a cada uno de los que visitaron su casa el fin de semana. 

Para Lidia, la maestra de primer grado, escribió “querida compañera de estudio y profesional que guarda una carga de amor que perdurará por siempre; alegría y amor te definen”. Para Carlitos, “mi caballerito de siempre”. Para Lizzi, “la enamorada del mar, que día a día se maravilla con tanta belleza natural”. Para Patito, “la líder del grupo que irradia amor a sus pasos”. Para Gladys, “la que logró formar este grupo lleno de amor, respeto, solidaridad, alegría y compañerismo”. Para Antonio, “quien se incorporó con excelente predisposición para brindar día a día su compañía”.

Para el grupo, la escuela junto a las maestras Marta y Lidia ha resultado un espacio donde confluyeron grandes ideas, intercambio de experiencias e inquietudes que han sabido mantener a pesar del transcurso de los tiempos. Esos alumnos hoy tienen cincuenta años, y sin embargo los recuerdos y las anécdotas están intactos. Marta y Lidia, su compañera y amiga, pertenecen a aquellos docentes que legitiman la profesión y quienes desde sus nuevos aires renovadores generan aportes a la creación y formación de cada niño.

Los ex pequeños de la Escuela N° 13 explican que toda la comunidad educativa en esa institución y en esa época fue especial, motivando los lazos afectivos “queremos estar juntos, a veces es difícil porque somos muchos y no podemos viajar constantemente a visitarla” pero Marta entonces, se desplaza hasta Moreno para encontrarlos y realizar distintas actividades en conjunto. 

La infancia sin duda los marcó. “Nos inculcaron que la maestra era la segunda madre, el respeto y el valor eran lo más importante”, explica una de las chicas. Por otra parte Lidia, relata que “vivíamos para la escuela, sabíamos que era una ocasión y habíamos nacido para ello”. Mientras coinciden que la vida se iba en ese afán y todos colaboraban; las madres de ellas ayudaban cuando había algún acto escolar, los padres de los alumnos armaban, humildemente pero con mucha dedicación, los trajes y la ropa adecuada.

La felicidad para Marta estaba en dar clases. La felicidad para los alumnos era escuchar a su maestra que transmitía el saber. Los años pasan, ya son cuarenta. Pero lo que se guarda en el alma, jamás desaparece. 

Para ellas 
"Dime y olvido. Enséñame y recuerdo. Involúcrame y aprendo". La reflexión es del político, científico e inventor estadounidense Benjamin Franklin. Una forma tan certera de describir y señalar la frontera entre un buen y un excelente profesor. Ese que estimula, inspira, sorprende, seduce. Ese que marca tu vida, como la marcaron estas dos maestras a cada uno de sus alumnos a lo largo de la vida.