El Campo

El área sembrada creció un 400% entre 2008 y 2015

Maíz: la conquista del sudoeste

21|02|20 09:25 hs.

Un crecimiento de la gran siete. Así puede adjetivarse, y sin exagerar, la expansión que ha tenido el maíz en el sudoeste bonaerense. De 50.000 a 250.000 hectáreas, una suba de área de un 400% entre los años 2008 y 2015. El dato surge de un estudio de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Buenos Aires (FAUBA) y que fue publicado en la revista científica Agricultural Water Management. 


El trabajo de la FAUBA analizó cómo los productores de los partidos de Tres Arroyos, Benito Juárez, Gonzales Chaves, Laprida, Coronel Pringles, Coronel Dorrego, Monte Hermoso, Lamadrid, Coronel Rosales, Coronel Suárez, Bahía Blanca, Tornquist, Saavedra y Puán lograron correr la frontera agrícola para el maíz y consolidarlo en una zona con fuertes limitantes productivas, como la escasez de las precipitaciones y grandes áreas con suelos poco profundos, con baja capacidad de almacenar agua. 

La clave fue adaptar los manejos agrícolas tradicionales: se retrasó la fecha de siembra y se redujo la densidad de las plantas. Esto, sumado a los avances genéticos de los materiales, hizo que el maíz hoy se haya establecido dentro de la rotación, estabilizó sus rendimientos y continúa aumentando su superficie en la región semiárida. 

En este sentido, hay que consignar que quien comenzó con este cambio de manejo que se terminaría transformando en una revolución fue el ingeniero dorreguense Gustavo Thiessen, quien contra todos los pronósticos y enfrentando críticas de todos los colores, inició los ensayos de bajar la densidad y retrasar las fechas de siembre en la campaña 2006/2007.

“En la última década, la superficie sembrada con maíz aumentó en toda la Argentina. Este cultivo entró en la rotación de muchos campos por sus características benéficas para los suelos, entre otros aspectos. Además, la forma de producirlo se modificó y permitió que se practique en áreas con diversas limitantes, como el suroeste de Buenos Aires”, le contó Diego Rotili, docente de la cátedra de Cerealicultura de la FAUBA al portal “Sobre la tierra”, encargado de difundir las novedades de la mencionada facultad. 

“Los productores del suroeste de Buenos Aires redujeron la densidad hasta estabilizar la producción. Así ahorraron en semillas, que es uno de los principales costos. Esta es una opción defensiva”, indicó Rotili, docente de la FAUBA


“Inicialmente, en esta zona, los productores comenzaron a sembrar maíz con más frecuencia, pero con resultados muy malos. No les servían los manejos que funcionaban en las zonas núcleo. Tras más de una década de ajustes en las prácticas agronómicas, la producción del cultivo se estabilizó y su superficie se multiplicó. Con otros colegas de la FAUBA encontramos que el área cultivada pasó de 50.000 hectáreas a 250.000 entre los años 2008 y 2015. También estudiamos la forma en que los productores superaron las limitantes edáficas y climáticas de la zona, y los rindes que obtuvieron”, explicó a partir del artículo que publicó junto a Agustín Giorno, Pedro Tognetti y Gustavo Maddonni en la revista científica Agricultural Water Management.

Menos por más 
Los dos principales cambios de manejo responsables de la expansión maicera fueron sembrar a menor densidad y retrasar un mes la fecha de siembra. “La cantidad promedio de plantas por superficie se redujo a la mitad, de 7 a 3,5 plantas por metro cuadrado, y la fecha de siembra se retrasó de principios de octubre a finales de noviembre”, indicó Rotili a “Sobre la tierra”. 

En este sentido, el investigador señaló que si bien con estas prácticas de manejo los productores bajaron las expectativas de altos rendimientos del cultivo, procuraron lograr los rindes más elevados posibles en los años de menores recursos. “Los productores eligieron subir los pisos y bajar los techos de rendimiento”. 

"En base a diversas experiencias, ensayos y registros de productores de la zona, observamos que el maíz sembrado en octubre rendía, en promedio, 5800 kg/ha, y el tardío, 7500 kg/ha. Aunque son valores bajos en comparación con la zona núcleo -que pueden superar los 10.000 kg/ha-, son muy buenos para los productores de la zona, que usan el maíz como alimento para el ganado. Así reducen mucho sus costos”, comentó Rotili. 

Además, destacó que el éxito de los cambios que realizaron los productores tiene bases fisiológicas. “No fue casualidad, ni moda. Hoy en día, la densidad encontró un punto razonable y la superficie cultivada continúa en expansión. Vamos a continuar trabajando junto a los productores de la zona para afinar aún más los manejos”. 

Estrategias 
Rotili sostuvo que es necesario encontrar prácticas agronómicas específicas para la región. “En áreas con menos limitantes para la producción se usan mayores densidades de siembra para elevar los rindes. Es una estrategia ofensiva adecuada para ciertas condiciones productivas. Pero el rendimiento del maíz puede caer mucho más allá de cierto número de plantas por superficie. Los productores del suroeste de Buenos Aires redujeron la densidad hasta estabilizar la producción. Así ahorraron en semillas, que es uno de los principales costos. Esta es una opción defensiva”. 

Gran parte de la información de base para el estudio de Rotili provino de registros de productores de la zona, quienes brindaron datos clave acerca de las medidas de manejo que usaban. También aportaron datos de ensayos a campo que realizaron durante nueve años en diferentes ambientes y con distintas tecnologías.  

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 Gustavo Thiessen, el padre de la criatura 
El partido de Coronel Dorrego, ubicado entre Bahía Blanca -donde empieza la Patagonia- y Tres Arroyos -donde comienza la zona húmeda- es la mejor foto para entender la evolución que ha tenido el maíz en la última década. En campos de ese distrito, con la tosca a 50 y 60 centímetro, el ingeniero Gustavo Thiessen se animó a empezar a apostar por el cultivo a partir de distintos ensayos variando materiales, fechas de siembra y densidad. Y fue en este punto donde encontró el factor clave para hacer viable al maíz en una zona históricamente considerada marginal. 


Gustavo Thiessen (foto Infosudeste)


“Una herramienta inclusiva”, definió el ingeniero al hecho de bajar la cantidad de plantas por hectárea. Porque al dejar de usar las recetas tradicionales en cuanto a la cantidad de semillas a implantar por metro cuadrado, logró estabilidad de rindes.

“El manejo ha dado resultados excelentes y son muchos los que copiaron el sistema, inclusive en las zonas de campos con mejores aptitudes. Hace 12 años nadie podía entender cómo se podían echar sólo 25.000 o 30.000 semillas de maíz por hectárea, cuando el que menos ponía era 55.000 o 60.000. Pero demostramos que es la clave, tanto para bajar los costos como para lograr kilos”, contó. 

Hoy, casi por exclusiva responsabilidad de este ingeniero, no sorprende que las proyecciones indiquen que en Coronel Dorrego se sembraron casi 50.000 hectáreas de maíz según las estimaciones oficiales. 

Pero basta con revisar las estadísticas de apenas una década atrás y observar que cuando el técnico comenzó con su aventura maicera, en suelo dorreguense, considerado totalmente marginal para la gramínea, la superficie destinada al cultivo apenas llegaba a las 3500 hectáreas, y en todos los campos se apostaba por el fenómeno de la soja. 

En Ucrania 
“Hace casi un mes estuve disertando en Kiev, Ucrania, sobre baja densidad para todos los cultivos. Fue algo muy interesante, y una muestra que este manejo se está dando cada vez más en todos lados, sobre todo en zonas semiáridas”, le contó Thiessen a LA VOZ DEL PUEBLO. 

“En 2014 estuve en Rusia exponiendo sobre la baja densidad, y en este viaje me encontré con algunos productores que habían estado en aquella charla de hace seis años, que están aplicando el manejo en sus campos con buenos resultados, y que me agradecieron por todo lo que yo les había transmitido”, agregó con satisfacción el ingeniero dorreguense que a partir de lo logrado con el maíz, fue ajustando el manejo del resto de los cultivos. 

Y que como suele ocurrir en la Argentina, es más reconocido fronteras afuera que en su tierra.