Marta Izaguirre, la doctora Cecilia Bosco y Patricia Donadío

La Ciudad

Día de la Mujer

La femineidad no baja los brazos

08|03|20 09:54 hs.

Los médicos de la terapia intensiva del Centro de Salud se caracterizan por una importante trayectoria académica, con un entrenamiento en patologías graves o potencialmente graves de alto nivel y un importante grado de manejo del estrés y de la resolución inmediata. 


En la terapia intensiva trabajan los doctores Gustavo Carraro, como coordinador del servicio, y Francisco Moreno, Rodrigo Curiman, Andrés Sánchez y José Martínez; además comparten el equipo de trabajo 11 enfermeras y 7 mucamas/os. Una sola mujer se desempeña como médica en este servicio crítico y nos cuenta cómo es ser mujer, madre, y estar en el servicio de más alta demanda del sistema de salud.

La doctora Cecilia Bosco, está casada y tiene un nene de 6 años, hace guardias de 24 horas una vez a la semana; así comparte esta profesión con su vida familiar y su actividad privada que la relaciona con la medicina desde el otro lado de vida; desde las personas que recurren a ella buscando verse bien. 

“Desde este, el otro lado de la medicina, uno debe tener todo el compromiso, la formación, y la praxis médica pero no trabajamos con la enfermedad”. Nos cuenta. 

La medicina estética es su cable a tierra. Convive con dos realidades opuestas, con los pacientes sanos y que en su mayoría concurren con la alegría de querer mejorar algo de su aspecto, y con aquellos que con situaciones extremadamente críticas tienen en riesgo su vida. Esto para ella, es el equilibrio que le permite disfrutar de una profesión tan noble como sacrificada.

Cuando mamá no está 
La doctora Bosco trabajó hasta los 8 meses de embarazo, y a partir del quinto mes de su bebé volvió a trabajar. Su niño sabe que su mamá se va al hospital y que se van a reencontrar después de todo un día. 

Al otro día, está más apegado, pero durante toda su vida, una noche entera su mamá no está. Recibe los cuidados de su papá, quien -resalta la doctora- asume todos los roles en su día de guardia, y en los horarios de trabajo de ambos con una niñera, transcurre su vida familiar. 

“He dejado mi niño enfermo, he venido a trabajar con bronquitis. Es un trabajo de dedicación exclusiva” (Cecilia Bosco)


La fuerza hecha mujer 
La estructura física de la doctora Bosco es inversamente proporcional a la fuerza, empuje y pasión que le pone a su trabajo, su estatura no muestra su personalidad. La femineidad no baja los brazos a la hora de salvar una vida.

”En estos diez años se modificó mucho la mirada de la mujer en todos los entornos, inclusive en el sistema de salud. En el trabajo con mis compañeros no siento ninguna diferencia, hoy se ha evolucionado mucho. En mis primeros años sí, era más habitual la desconfianza en el trabajo”, señala.

También son entrevistadas Marta Izaguirre y Patricia Donadio. Coinciden que en el sistema de salud están todos los derechos garantizados y no tienen nada que solicitar ni objetar. 

“Hoy se ha evolucionado. Siento en ocasiones que si hay diferencia es para bien para con el trato con el paciente y su familia”, asegura la doctora y asienten Marta y Patricia.

“Llegan muy angustiados y en este servicio hay que dar informes poco esperados y poco agradables para las familias; entonces en ocasiones despliegan su emocionalidad más libremente conmigo. Es posible ser claros en el mensaje, y siempre son informes que la persona no desea escuchar por lo cual la empatía, el consuelo, dar las explicaciones en forma reiterada y resignificarlas tantas veces como la persona lo necesite, son estrategias fundamentales”, observa. 

Agrega que “por eso mis informes siempre son muy largos. Deben ser sencillos, sin terminología específica, con un trato cariñoso. Siempre para mí todos los paciente merecen de mi parte un trato tan cercano como si fuera mi familiar; como a un hermano, un tío o un padre. Las familias notan esta dedicación. Uno muchas veces está tan angustiado como la familia por la situación de salud de ese paciente. Muchas veces esa angustia es la que nos da la fuerza, la energía mental y física para trabajar por ellos”. 

En este sentido, señala que “cuando lo estoy atendiendo no bajo nunca los brazos, como si estuviera atendiendo a un miembro muy querido de mi familia. Esta cercanía y esta proximidad es necesaria para mí. Para poder hacer todo lo posible por esa persona, por su vida y por su recuperación. Es una característica común de este servicio, de todo el equipo tanto de médicos, enfermería y maestranza. Pero muchas veces, para las familias, es más fácil expresar su emocionalidad con una mujer. Por lo cual requiere de todas las habilidades con las que uno cuente para brindar contención y cuidados también al entorno; resulta tan necesario como trabajar con quien es nuestro paciente”. 

Reflejo de esto, se dio cuando antes de comenzar la charla con la doctora Bosco, al caminar hacia la unidad de cuidados intensivos y se cruza con una paciente a la que ve espléndida, según sus propias palabras; se detiene, la abraza cálidamente y le pregunta si se acuerda de ella y charla con su hija. 

La señora había permanecido más de dos meses en terapia por un Epoc; hace ya bastante tiempo. “Por esto es por lo que trabajamos y nos enfrentamos todos los días al sufrimiento, al dolor y, muchas veces a luego de haber intentado todo, no poder salvar una vida. Trabajamos por esa alegría inmensa que nos da, cruzarnos con un paciente tiempo después y verlo genial, muy pero muy recuperado. Hacemos todo lo que podemos con los recursos que tenemos; muchas veces hasta traspasar los límites de nuestra fortaleza, de nuestra fuerza física” expresa. También subraya que “son estos momentos, como el de recién, los que hacen que todo valga la pena”. 

Patricia Donadío y Marta Izaguirre relataron vivencias con pacientes que no van a olvidar


La doctora manifiesta que “el trabajo del médico intensivista; es así de intenso y así también es la relación con nuestros pacientes; que llegan a nosotros al límite de sus vidas. Por esto se crean lazos tan fuertes. Esta terapia tiene solo seis pacientes para los que estamos dispuestos las 24 horas”. 

Deja en claro que “en este servicio no está permitido faltar. He dejado mi niño enfermo, he venido a trabajar con bronquitis. Es un trabajo de dedicación exclusiva. Tanto yo como mis compañeros lo asumimos con total naturalidad y la rutina de nuestras vidas está adaptada a esto que elegimos hacer”. 


Cecilia Bosco durante su tarea en el Hospital Pirovano


Cuando el alma se pone al servicio
La participación de Marta Izaguirre y Patricia Donadío tiene lugar en una segunda parte de la charla. Relatan junto con la doctora Bosco situaciones que por alguna razón, aún quedaron en su memoria. 

Un día en la terapia se inicia con el pase de guardia. El médico saliente relata la situación pasada, presente y lo que resta por hacerse con cada paciente. Esto es lo único previsible en el servicio. Luego del pase de guardia nunca saben qué es lo que puede pasar, que situaciones deberán afrontar; cuales serán los ingresos-egresos o evolución de los pacientes. La extrema gravedad que presentan quienes allí se encuentran, hace que las descompensaciones o las mejorías sean súbitas y que no se esté ante un trabajo que pueda planificarse. Esto requiere de un importantísimo costo de energía física, emocional y una altísima capacidad de resolución inmediata. 

Con el paso del tiempo, todo esto tiene un impacto en la subjetividad de los profesionales, cuando un paciente está extremadamente crítico. Cuentan de situaciones en las que han estado casi 24 horas exclusivamente con un paciente.

El aprendizaje para manejar la inestabilidad de tiempos y de resignar sus propias necesidades para estar al cuidado del paciente, se comienza desde la residencia. Su formación permanente y el entrenamiento que poseen hace que el médico intensivista esté sujeto, también a la demanda de otros servicios de la institución. 

Bosco manifiesta que “a veces nos llaman para una opinión y otras para resolver situaciones. Vamos a colaborar en todos los servicios en los que se nos requiera”. 

La gratificación más importante es reencontrar a sus pacientes recuperados y muchas veces la han detenido en la calle, o en el banco por ejemplo para agradecerle su atención. El otro cable a tierra es el ejercicio de la medicina estética en la instancia privada. 

La doctora tiene una amplísima formación y la especialidad en terapia intensiva desde hace más de 10 años. Su trabajo se desarrolló en importantes hospitales de la capital federal y La Plata. 

Indica que “contamos con lo necesario para los requerimientos de Tres Arroyos, se recurre a la derivación en caso de pacientes neurocríticos o que requieran hemodinamia; por citar algunos ejemplos, pero se ha evolucionado muchísimo en cuanto a recursos técnicos, a pesar de la situación financiera global y del desgaste por uso; que impactan fuertemente; pero siempre se tratan de garantizar derechos a todas las personas a pesar de la alta demanda permanente; situación que sucede en todo el sistema público nacional”. 

En su análisis, explica que “siempre trabajamos para revertir las situaciones pero hay casos que se vuelven irreversibles. En estos casos, hacemos todo lo posible para que la familia del paciente comprenda. A veces la familia utiliza la esperanza como mecanismo de defensa y no puede en algún momento aceptar, entender y resignificar lo que les pasa. En estas instancias y a lo largo de los días, el médico en sus informes va adecuando los procesos de comunicación para que las familias puedan hacerse cargo de lo que les ocurre. La claridad, el detalle, el tiempo a nuevos interrogantes, son estrategias de comunicación que deben utilizarse de forma constante”. 

El origen de la fuerza 
Del mismo modo, Bosco observa que “el involucrarse con todo el ser y el hacer para y con ese paciente nos impacta sobremanera en lo emocional. Cada médico va desplegando sus estrategias para recuperar su energía emocional y mental. A mí la fuerza me la da el ver a un paciente recuperado, aunque muchas veces no se acuerde de nosotros, porque cuando entra en estado de conciencia se le da el pase de sala. Esa alegría total que me genera es lo que hace que siempre tenga energías para recuperarme después de una guardia y vuelva con todas las ganas a la siguiente”. 

Leer, actualizarse, estudiar es parte de la vida de los médicos de terapia. Aun así la doctora dice que volvería a elegir medicina como carrera, a pesar de las tristezas que acumula con el paso de los años por dedicarse a esta especialidad. 

Lazos muy intensos
Describe a terapia como un gran equipo. Marta y Patricia también dicen que los compañeros pasan a ser parte de la familia, se contienen mutuamente, donde una cae hay otro integrante para sostenerlo, lo que permite el manejo del estrés, a través de la circulación de la empatía, el afecto y del tiempo compartido al servicio del cuidado. 

Patricia afirma que “en cuanto al manejo del estrés del paciente y de su familia; cumplís diferentes roles; para estar de la forma que necesitan y realizar un cuidado integral. Se necesita capacidad de adaptación y temple; ese temple lo dan los años. Estamos todo el tiempo con ellos, por lo cual somos un poquitos psicólogas, un poquito nutricionistas; de a ratos como su hermana, hija o madre”. 

En tanto, Marta hizo referencia al lazo que la une con el equipo de trabajo. El cariño, y la sonrisa que surge cuando hablan de su tarea o de las características de una o de otra es especial. Es tan intenso como la relación que entablan con el paciente y sus familias. Tan intenso como el trabajo de ese servicio. Sin dudas un lugar que solo conoció aquel que vivió una situación crítica en su entorno cercano o en sí mismo. 

En la memoria 
“Una vez en un hospital de La Plata, me tocó ser testigo de un casamiento en la terapia Intensiva, la señora estaba con respirador pero consciente y quería casarse con quien era su pareja de toda la vida. Ella podía modular porque tenía una traqueotomía, así ese que fue un momento de mucha emoción”, recuerda Bosco. 

Patricia Donadío indica, sobre su labor como enfermera, que el mejor momento para ella es cuando después de un tiempo el paciente ya recuperado vuelve sólo para visitarlas. “Verlos con salud es lo mejor para mí, porque en muchas ocasiones uno va constantemente de noche a preguntarles necesitas algo, querés que te movilicemos o a realizar los controles y ese paciente te toma de la mano y con fuerza y sin soltarte te dice: ‘lo que necesito es que te quedes así conmigo y no te vayas’ y así uno permanece también brindando cuidados que reconfortan a ese paciente en lo emocional”.

“Esa es la práctica de enfermería que uno debe realizar en ese momento aunque se haya acercado a chequear o completar alguna medicación. Este es un trabajo en el que uno debe poner su físico, su conocimiento pero debe sumar la emoción al servicio del otro”; finaliza Patricia. 

Marta Izaguirre recuerda especialmente que un paciente con el que debió hacer varios traslados al Hospital El Cruce. 

Relata que “era el marido de una compañera de trabajo. A este paciente le habían regalado para su viaje dos estampitas, una de la Virgen y otra de Jesucristo. Me regalo la estampita de Jesucristo que hoy llevo conmigo en el auto. Ese paciente y ese gesto me acompañan siempre” 

Querer contar como homenaje a todas las mujeres la historia de la doctora Cecilia Bosco nos llevó a conocer en mucha más profundidad la realidad de un espacio que merece todo nuestro reconocimiento por su dureza, pero también por la belleza que implica recuperar una vida que parecía perdida. Estamos contando hoy la historia de un gran grupo humano.