Opinión

Psicología

Tiene voz, habla alto y no se calla

08|03|20 10:15 hs.

Por Claudia Eugenia Torres


La conmemoración del 8 de marzo hace referencia a los hechos que sucedieron en el año 1908, cuando murieron calcinadas 146 mujeres trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York en un incendio provocado por las bombas incendiarías que les lanzaron, ante la negativa de abandonar el encierro en el que protestaban por los bajos salarios y las infames condiciones de trabajo que padecían. También se reconoce como antecedente a las manifestaciones protagonizadas por obreras textiles el 8 de marzo de 1957, también en Nueva York. 

En columnas anteriores hacía referencia a algunos conceptos que creo útil retomar. 

Si analizamos los avances de la mujer y la igualdad en el tiempo, podremos darnos cuenta que no hace mucho, hasta la proximidad de la Segunda Guerra Mundial, que la mujer todavía debía solicitar el permiso del marido para ejercer una profesión, matricularse en una Universidad, presentarse a un examen, abrir una cuenta bancaria, solicitar un pasaporte, un permiso de conducir, no tenía la posibilidad de ejercer su derecho al voto, entre otras limitaciones. 

La mujer de hoy trabaja diariamente para llegar a poseer los mismos derechos que el hombre e iguales responsabilidades y obligaciones. Se desempeña en diferentes campos: arte y ciencia, en la tecnología, en la conducción del hogar, en la toma de decisiones, en la iniciativa sexual, deciden si serán madres o no, entre otras cosas. 

Estos cambios provocaron transformaciones psicológicas: de fémina sumisa y obediente o dependiente, pasó a ser libre, independiente y autónoma. Asumió poder en su casa, en el trabajo, la política, entre otras áreas, con la carga y la exigencia que ello implica. 

La mujer de hoy tiene voz, habla alto y no se calla. 

Cuando hablamos de igualdad de género, tenemos que tener en cuenta que este concepto parte de la idea de que todos somos iguales, con las mismas oportunidades y posibilidades en la vida, para acceder a recursos y bienes valiosos desde el punto de vista social. Pero en otros aspectos ¿en realidad somos iguales a los hombres? ¿Queremos serlo? 

Prefiero pensar esto en términos de equidad de género, el trato imparcial entre mujeres y hombres de acuerdo a sus necesidades respectivas teniendo en cuenta las diferencias que nos enriquecen mutuamente. 

La equidad incluye la incorporación de medidas específicas para compensar las desventajas históricas y sociales que las mujeres han tenido que hacer frente. Por ejemplo, en el ámbito de un contexto familiar, el reparto de las tareas domésticas sin valorar aspectos de género. 

Solemos posicionarnos desde los diferentes roles que asumimos socialmente, como madres, esposas-parejas, hijas, amigas, abuela, hermanas; siempre en referencia a otros. 

Quizás sea el momento oportuno de plantearnos qué significa ser una mujer, de manera individual y sin tener en cuenta los roles y posiciones que asumimos con respecto a los demás. 

SER…con todo lo que ello implica, no para alguien más, sino para nosotras mismas, estar atentas y poder reconocer y reconocernos, saber de las diferencias, de nuestras posibilidades e imposibilidades, los anhelos, los sueños, aquellas cosas que siempre nos gustaron y por alguna razón hemos dejado de hacer, en definitiva… nuestro propio deseo. 

Aprender a valorarnos y darnos la importancia que realmente tenemos, va más allá de los otros, debe nacer desde nosotras mismas, desde el fortalecimiento de nuestro amor propio. 

Por eso para cada una de nosotras, mi reconocimiento y admiración a: 

La que trabaja fuera de su casa…la que lo hace adentro. 

La que estudia, la que realiza un oficio. 

La madre, la hija, la abuela y la tía…la esposa, la novia y la amante. 

La que va y viene todo el día, la que tiene cambios de humor y sigue… 

La que piensa todo el tiempo y aquella que se cansó de hacerlo…y comienza a vivir. 

La que ama y se deja amar. 

La fiel a sus valores e infiel a los ajenos. 

La que escribe y sonríe…la que sueña y se aleja, toma distancia y se protege cansada de sufrir. 

Aquella que comprende que el amor no se mendiga y que está bien reconocer que puede amar, aunque no reciba lo mismo. 

Esa que camina por la calle con gesto serio o con media sonrisa dibujada en su rostro. 

La que oculta sus canas, o las dejan que sean…porque sí nada más. 

La artista, la científica, la esotérica, la realista y la soñadora.

La que construye y reconstruye. 

La amiga… esa que siempre esta. 

La empática, que con solo una mirada puede cambiarte el día. 

La que si…y la que no…y también por qué no, la que tal vez… 

La que le gusta cocinar, pero no pidas que teja. 

La que teje y no cocina. 

La que hace todo y más. 

A esa…respétala…a esa, aprende a amarla, a esa no la lastimes. 

A esa acompáñala…que de eso se trata.

¡Vos, ella, yo…NOSOTRAS…las mujeres!


(*) La autora es licenciada en Psicología. 
M.P.: 40256
Lic.claudiatorres@outlook.com 
En Facebook: Licenciada Claudia Eugenia Torres