Opinión

Por Esteban Ernesto Marranguello

Un virus jaquea con éxito el poder y la soberbia humana

12|03|20 19:19 hs.

Si algo faltaba para descubrir la fragilidad de la raza humana es esta amenaza al mundo de una pandemia -así declaró ayer al Coronavirus la Organización Mundial de la Salud-, que estremece la conciencia universal, de la vulnerabilidad de su existencia actual. 


Causa sorpresa, por ejemplo, como desde los más poderosos a los más humildes parecieran depender, al menos en parte, para su inmediata defensa, ante el enemigo, el coronavirus, de un “barbijo”, que por más sofisticado que se lo elabore tendría un costo universal de un “puñado” de dólares, los más caros. 

Este elemento, de una efectividad acotada, pasó al estrellato mundial de ventas por el reclamo de millones de seres humanos, que provocaron, en Argentina, igual que en todos lados, los “aumentos” en sus valores de venta automáticamente. 

La codicia es universal, no tiene amigos, sólo clientes, que aprovechan miserablemente en su afán de lucro. 

La amenaza se inicia en el país que aspira a convertirse en un futuro en el líder mundial (sin apuro en el tiempo a lograrlo, respondiendo a su permanente estrategia de la “paciencia”). Sabe que el tiempo juega a favor y busca astutamente el debilitamiento de sus adversarios. Me refiero a China. 

Los chinos confían en su densidad demográfica (1500 millones de habitantes). En su importante potencial tecnológico, su capacidad de producción, su ya inocultable inserción y presencia en el mundo.

Sabe que se ha convertido, con perseverancia y estrategia acertada, en el mayor consumidor de importación de insumos básicos. 

A esto se asocia la penetración demográfica lenta, pero sin pausa, ininterrumpida, en todos los países occidentales. 

Todo esto estructurado en su blindado mecanismo político-administrativo, que no admite en su organización oficial “disidencias” democráticas que puedan entorpecer sus “objetivos”, con discusiones políticas internas que distraigan sus planes y perjudiquen sus objetivos. 

Consideran la “democracia occidental” como un semillero de discusiones semánticas sobre libertades políticas, que finalmente terminan imponiendo a la balanza de la justicia a los poderosos de turno, con aceitado manejo de los medios de difusión. La realidad no difiere en el poder político que decide en China, de sus principales rivales: Rusia y EE.UU. 

Rivales que ocasionalmente son “amigos” o “enemigos”, de acuerdo se muevan las piezas del tablero internacional, que por propia gravitación y poderío, manejan en la actualidad estos tres bloques. 

China pareciera “intuir” que se aproxima su época de poder de decisión, cimentada en su actual realidad de capacidad económica y política, sin descuidar lo bélico. Sus adversarios son similares en sus ambiciones y tiene con qué responder. 

Todo toda esta actualidad sufrió una inesperada situación que varió, al menos, momentáneamente los planes y estrategias, amenazadas por un “adversario” común, no esperado: el coronavirus o Covid-19. Y apareció “en China” con efectos devastadores contra la salud humana. 

El potencial chino no se amedrentó y la respuesta tecnológica y sanitaria enfrentó la crisis. 

Pero, siempre hay un pero, los efectos dieron una contundente presencia de infectados y fallecidos que golpean las estrategias del país, para ocupar preferentemente la amenaza real del virus y sus consecuencias. Algo se ha logrado atenuar la propagación, pero es aún poco. 

El coronavirus ya se había instalado y su propagación comenzó a preocupar y crear pánico en el mundo. 

El mundo encara una lucha científica para detener y vencer la amenaza del Covid-19. Es de desear éxito en el cometido. 

Expansión 
La explicación de la rápida expansión presenta la lógica de su origen. China es en este momento el país “vedette”, donde casi todos convergen, por su importancia política y económica, en el que sobresale en un momento de depresión económica mundial su inigualable potencial demográfico de consumo. 

Todos reconocen que es un mercado que puede solventar, por su dimensión, el desenvolvimiento global o particular de cualquier sociedad. Esto ha producido que China se ha convertido en un foco de radiación expansiva hacia el mundo y en una receptora de ese mundo hacia ella. 

Por lo tanto, millones de extranjeros visitan China por los distintos objetivos de su atracción. Esto provocó que el coronavirus se expandiera de manera natural e imparable. 

Lección - consecuencia, o ambos 
Con esta experiencia en el planeta tierra, se pudo comprobar, sin división oriente - occidente, norte - sur, que los imprevistos no son un “invento” y que los “imposibles” los derriba “un poder”, contra el que la civilización y su tecnología suelen, como en este caso, “sorprenderse” y recibir una alerta que golpea su soberbia, introduciendo dudas existenciales a su presente y futuro, con hechos de contundencia negativa, que desafían sus aparentes “infalibles análisis”, produciendo reacciones, no previstas, que peligrosamente pueden derivar hacia causas desconocidas den los orígenes. 

Hace tiempo que la “ambición” desmedida de “súper estructuras” de producción en muchos órdenes, con afán de lucro, también desmedido, han irrumpido en desafíos a los órdenes naturales de la vida en el planeta, cuyo desenvolvimiento y desarrollo natural, “tardó” millones de años en su evolución para constituir y ordenar, con equilibrio de subsistencia, los diferentes procesos que lo componen. 

La modificación de este sistema por el llamado “proceso tecnológico”, que científicamente transforman estructuras biológicas, para responder a necesidades de negocios “rentables” para beneficio de las corporaciones que los impulsan y pueden comprometer el futuro normal y equilibrado, sin retorno. 

El advenimiento del coronavirus ha provocado pérdidas económicas por centenares de millones de dólares ya en actividades deportivas: automovilismo, fútbol profesional, ciclismo, motociclismo, básquetbol y en empresas vinculadas a otras actividades suspendidas. También en los mercados y el turismo. 

Una cifra: 300 millones de alumnos sin clases.

Hasta las 18 horas de ayer, había confirmados a nivel mundial 118.584 infectados y 4262 personas fallecidas por el coronavirus. En la Argentina, en tanto, se registró un muerto y hay más de 20 casos confirmados. 

La Organización Mundial de la Salud ha expresado al mundo que se prepare para una pandemia. Esto recién comienza y es de esperar un final, si no feliz por las consecuencias acaecidas, al menos por la normalización de la salud mundial. 

Vanidad de vanidades, con base real de la comunidad mundial, sorprendida primero y atrapada después, que un virus es capaz de jaquear exitosamente el poder y la soberbia humana.