Sociales

Lo que siente como desafío y pasión Alfredo Alvarez

Por el placer de sentir el viento

15|03|20 10:04 hs.

Alfredo Alvarez y Gustavo Uzcudún son amigos casi desde la infancia. El colegio los cruzó por primera vez y luego esa relación se fue acrecentando en el tiempo.


Alfredo vive en Bahía Blanca, es agrimensor, trabaja en la Municipalidad sureña y a contraturno en un estudio junto a profesionales amigos. En tanto Gustavo Uzcudún sigue con la tradicional concesionaria familiar de maquinarias rurales sobre la ruta 3 y su pasión por la aeronáutica.

Esto de viajar en moto surgió en 2018 cuando se cruzaron en una charla comentándose lo de hacer un viaje “sin presiones”. En ese momento Alfredo tenía un scooter Yamaha 155 NMax -ahora la cambió por una Bajaj Dominar 400- y Gustavo una Honda Tornado 250. 

Sobre esta primera salida Alfredo recuerda que “se nos ocurrió cargar las motos en el tren El Patagónico que va a Bariloche, compramos los pasajes, armamos bien el viaje pero tuvimos un inconveniente: en los vagones de carga para las motos habían dado de baja a uno de ellos y no nos dieron permiso para llevarlas. Entonces en el término de 3, 4 días rearmamos el viaje y cambiamos, bancándonos hacer muchos kilómetros. Fue sin ningún tipo de premeditación, más bien resolverlo en el momento, sí las distancias, dónde cargar combustible, pero así fue la primera aventura. Recorrimos 2600 kilómetros desde Bahía Blanca a Neuquén, Zapala, Temuco en Chile, Pucón y Villarica, entre otras ciudades”.

A ritmo de disfrutar 
La premisa que se han puesto en cada una de las salidas es “cero presiones, cero objetivos. Vamos a ver qué hacemos cada día”, esto lo tienen pensado fundamentalmente por la seguridad. “Porque la presión de llegar a un lugar te exige, y después, por la premisa de desconectarse de las cuestiones diarias. Vamos a lo que sentimos, sabemos que tenemos que parar cada 200 kilómetros para echar combustible, estirar las piernas, tomar unos mates, vas al baño o lo que sea. Después metemos otros 200 más, vemos qué pueblo sigue y así lo vamos haciendo”. 



En el caso de este viaje, teniendo la experiencia del anterior, estaban “un poco más confiados -cuenta Alfredo-. La experiencia de las rutas, el tema camiones, yo estaba probando la moto porque era nueva, si bien la había viajado hasta La Plata a ver a mis hijos en diciembre. Estábamos un poco más cancheros, sabíamos la autonomía de las motos, Gustavo llevaba bidones de combustible. Las previsiones las tuvimos en el primer viaje y en este también. Además tengo un amigo que viaja constantemente, entonces el me aconsejó lo del kit de reparación de cubiertas, aceite y refrigerante para la moto y combustible. La hoja de ruta ya la habíamos decidido, la idea era ir a Mendoza y por ahí, si podíamos, ir a Chile. Dio la casualidad que cuando estábamos en viaje nos enteramos por Facebook que había un encuentro nacional de motos en Uspallata, ahí estuvimos a la ida y a la vuelta desde Chile. No llegamos a Santiago pero hicimos noche en un pueblito que se llama Los Andes. Un lugar muy recomendable porque es de estilo colonial, con muchas referencias históricas, calles angostitas, un pequeño palacete de gobernación, una iglesia antigua. Al otro día volvimos por el Cristo Redentor, del lado chileno, que es bastante complicado para hacerlo en auto, en moto es más fácil y la bajada del lado argentino está un poco mejor. Volvimos a pasar por Uspallata. 

Uno de los grandes inconvenientes en la subida al Cristo Redentor fue la falta de oxígeno, por estar pisando cerca de los 4000 metros. “El tema del apunamiento también -cuenta sonriendo-; pero bueno, arriba de la moto, la que más sufre es ésta a pesar de que había tramos que los hacíamos en primera. Una de las cosas preocupantes es el frío con respecto a lo que es la base, ahí hacía 25 grados y arriba no sé, pero no más de 10, y mucho viento”, algo que se nota en lo videos del viaje. 

Recorrido 
La ruta en esta oportunidad fue desde Bahía Blanca. “Gustavo me pasó a buscar. Agarramos la ruta 35 hasta Winifreda -La Pampa-, de ahí por una provincial y terminamos en Santa Isabel, que es el último pueblo pampeano a 30 kilómetros del límite con Mendoza. Ese primer día hicimos alrededor de 650 kilómetros y Gustavo hizo 200 más desde Tres Arroyos, creo que fue el de mayor recorrido. El segundo día hicimos desde ahí hasta San Rafael, pocos kilómetros, unos 250. Nos instalamos ahí e hicimos unas excursiones por el cañón del Atuel, la Usina Hidroeléctrica de Nihuil, todo en ripio, y al tercer día fuimos a Chile. Y la vuelta fue desde Los Andes (Chile) hasta Mendoza, donde hicimos algunos recorridos y después por San Luis, por la ruta 7 hasta Vicuña Mackenna, ahí tuve un error con el GPS del celular y nos mandó por un camino alternativo que era intransitable. Se nos hizo de noche y esta era otra de las premisas, no viajar de noche. La noche no es muy amiga de la moto pero solo fueron 100 kilómetros hasta Huinca Renancó, donde paramos en un hotel muy simpático, Los Vascos, imaginate cómo estaba Gustavo. Estaban los carnavales locales así que nos fuimos a verlos, estuvo fantástico. Esas cosas son muy lindas. Me encontré en la estación de servicio con un motoquero mejicano que hacía dos años que había salido de su país, con el que hablamos como una hora preguntando datos de por dónde viajar. Hay una comunidad motera muy interesante. Acá en Bahía Blanca, más precisamente en Argerich hay un lugar llamado Refugio Motoviajeros Ruta 22, donde vos pedís alojamiento, te cobran muy poco y si pinta hasta te esperan con un asado también. La comunidad motera, yo no estoy muy metido porque no viajo mucho, pero es de mucha camaradería, de mucho asado -dice sonriendo-. Aunque sea un viaje corto; tengo unos amigos que me invitan, yo me he prendido en un par de viajes, pero ellos viven para juntarse”. 



Detalla que desde Huinca Renancó llegaron a Bahía Blanca y Gustavo siguió para Tres Arroyos; “en total yo hice 3200 kilómetros y Gustavo 400 más. Pero lo más importante es que en la última estación de servicio que paramos antes de llegar a Bahía Blanca ya pensamos en la próxima travesía que vamos a hacer” señala Alfredo Alvarez.      


            -----------------------

Hacer algo distinto de la vida diaria


Entrando en lo que le dejan estas experiencias como sensaciones personales, Alfredo reconoce que primeramente “son desafíos. Se siente que uno puede hacer algo distinto a lo común. Yo tengo una actividad poco creativa, mi trabajo es rutinario y esto te pone en un lugar más desafiante de la vida de todos los días. Me salgo de todo esto y me desafío a mi mismo en hacer algo distinto. Después, me pasó con Gustavo que de no vernos hace un montón de años, aunque tenemos charlas esporádicas, vivir con una persona siete días juntos es un desafío importante. Es la segunda vez que lo hacemos y la verdad es que parece que no hubiera pasado el tiempo. Eso fue fantástico, también cada uno ha vivido cosas distintas, hemos ido por caminos distintos, pero la esencia nos encuentra en el mismo lugar. Parece mentira”, dice nuevamente sonriendo. 



“El tema de la amistad de años pasa porque no se necesita estar todos los días cultivándola, pero sí reencontrándose. Y después es el terminar de viajar, para ver dónde ir la próxima… es un poco eso. En la última estación de servicio que paramos resolvimos a dónde y de acá a seis u ocho meses lo vamos a estar resolviendo. Seguir… seguir hasta donde nos permita el cuerpo. Quizás cada uno tenga formas distintas de ver la vida, puede haber ideologías políticas distintas pero el objetivo es otro: pasarla bien y disfrutar el viaje. Para mí es de muchísimo aprendizaje pero hay que estar muy preparado para eso y yo lo tengo. Mi desafío es viajar solo, estar una semana solo, todavía no estoy preparado pero sé que lo voy a hacer. Esto en la ruta lo hemos visto; es la templanza de cada uno y lo que no aconsejan es hacerlo en grandes grupos, por la diversidad de opiniones.  


           ------------------------

Ese viento que tiran los camiones


Hay algunos detalles a tener en cuenta que destaca Alfredo Alvarez, como la incompatibilidad que hay en el tránsito entre autos y motos y camiones y motos. Son dos cosas distintas, tanto en aceleración como en frenaje y muchos automovilistas desconocen a la moto y hasta por ahí tienen cierto desprecio o maltrato.



Se ve mucho más en ciudad que en ruta; en esta hay una premisa fundamental para el que viaje: “yo aprendí de estos motoqueros que uno tiene que tratar de ocupar todo el carril y si lo hacés de a dos, no uno tras el otro, sino al lado, ocupando lo que pisa una rueda delantera del auto y el otro pisando lo que ocuparía la otra. Primero por seguridad, pues el auto que te va a pasar se tiene que abrir como corresponde al otro carril. Yo he visto gente que viaja en moto y lo hace por miedo pegado a la línea de la banquina: es peligroso porque estás al límite del terreno y segundo porque el auto o vehículo que te pasa no se abre sino que sigue dentro del mismo carril con el riesgo de ‘apretar’ al motero y a una velocidad prudente dependiendo de la moto. El otro tema a aprender es el del viento lateral en la estabilidad y cuanto te pasa un camión. Esto último es hermoso porque forma parte de la libertad ‘ese viento que te tiran los camiones’; es como sentir que estás volando, es muy lindo. En este viaje los últimos kilómetros los hice pensando cuántos meses pasarían para mi próxima salida, mi cuerpo estaba muerto por el viaje pero lo disfrutás hasta el último momento. Esa sensación de libertad es muy interesante; esa es la premisa nuestra. Yo me subo al auto y lo que quiero es llegar, en cambio me subo a la moto y quiero disfrutar el viaje, son dos cosas distintas. Vos me preguntás qué es y no sé decirlo”. 



Lo importante es la seguridad. Un buen casco, pantalón con protecciones, unas buenas botas. El equipamiento para andar en moto en ruta es de todo precio, en la comunidad motera nosotros vimos dos personas que viajaban a Chile en dos motos, una Honda African Twin y una BMW que valen muchos dólares y el equipamiento que llevaban era similar. Sin embargo vinieron a ver las motos nuestras y a preguntarnos a nosotros. Una cosa de locos; me pasó otra vez que cuando yo andaba en el scooter vimos un matrimonio que andaba en una African Twin y le pedí a Gustavo me sacara una foto y el hombre me decía ‘subite, dale por favor’, mientras yo le contestaba que cómo lo iba a hacer si su moto valía 30.000, 35.000 dólares. En la ruta se ve de todo…”.