Sociales

Sergio Montoya

“Los dolores ya están asumidos y son parte del paisaje”

22|03|20 08:34 hs.

De vivir una pesadilla por sufrir los insoportables dolores de una extraña enfermedad ósea, a cumplir un sueño. Así se resumen los últimos años de Sergio Montoya, un hombre de familia que, casi de un día para otro, se vio obligado a emprender un cambio radical en su vida. 


Como muchos, es un amante del automovilismo; pero conocedor conocedores del mundo motor como él, hay muy pocos. Sergio nació en General Alvear, provincia de Mendoza. De los dos a los doce años vivió en Huanguelén, una localidad cercana a Coronel Suárez, donde logró finalizar la primaria. Luego, en inicio de su adolescencia, llegó a Tres Arroyos, lugar que, como él mismo dijo, le dio todo. Su esposa se llama Verónica, con quien formó una familia. Tiene cuatro hijos: Magalí, Eloisa, Leandro y Alex. “Siempre juntos. Así salimos adelante. Mi sostén es y fue la familia y los amigos”, expresó. . 

En 2003, recibió una noticia que le cambió la vida para siempre, literalmente. Y desde entonces le está dando pelea a una enfermedad que no tiene cura, pero que, a pesar de todo, está sobrellevando como un campeón. El diagnóstico de un especialista provocó un duro golpe de asimilar. “El nombre científico de la enfermedad es muy extraño. Lo tendría que buscar dentro de todos los estudios que me han hecho. Según el médico que me atiende, es una artrosis cartílago-muscular”, fue la descripción que hizo Sergio con respecto a una dolencia que ataca y deforma sus articulaciones y que en la actualidad sólo sufren tres personas en todo el país. 

“Por ahora la vamos llevando bien. Hay días que ando dolorido pero ya me acostumbré”, mencionó, minimizando la situación. 

En 2014, la enfermedad lo obligó a ponerle un candado al taller mecánico que tenía. Los dolores que dicha artrosis provocaron en su cuerpo, hicieron que le resultara imposible seguir adelante con el oficio. 

“Tenía dolores en las articulaciones, como si te estuvieses quemando por dentro. He andado meses enteros caminando con bastón. Era muy difícil trabajar bajo esas condiciones”


Todo comenzó en 2003, cuando Sergio, con el malestar a cuesta, dio con Mario Sammartino, un especialista de la Clínica Ortopédica de Mar del Plata que, al diagnosticarle la enfermedad, le dio dos opciones. “Probar, a modo de experimento, con un tratamiento a base de inyecciones, o quedar en silla de ruedas en el corto plazo”, contó.

“En la vuelta de ese viaje, nos vinimos llorando con mi mujer. El golpe había sido duro”, recordó. No obstante, juntó fuerzas y afrontó el tratamiento que en aquel entonces le propuso el médico. “Hoy en día estoy tomando pastillas. Inyecciones ya no me dan más. Solo se pueden dar cuatro o cinco. Y yo ya tengo 14 en el cuerpo”, detalló. 

Sin el respaldo de una obra social para afrontar el tratamiento, Sergio, con el sostén de su familia y amigos, tuvo que bancar todo de su bolsillo. “He vendido autos, motos... Nunca alcanzaba la plata. El doctor Mario Sammartino pasó a ser un gran amigo. El me llamaba un jueves para avisarme, por ejemplo, que el lunes tenía que viajar a Mar del Plata para ponerme las inyecciones, las cuales, a dinero de hoy, costaban 90 mil pesos cada una. En más de una vez, yo podía juntar diez mil pesos como mucho; pero él me decía que viaje igual y que después le mandara lo que faltaba. Era vivir endeudado. Todo lo que hacía en el taller se lo llevaba la enfermedad”, señaló. 


Sergio, junto a su esposa Verónica y a Alex, uno de sus cuatro hijos. “La familia es todo”, afirmó


El trabajo en su taller, y sobre todo en los crudos inviernos, se tornó cada vez más duro de afrontar para Sergio. “Tenía dolores en las articulaciones, como si te estuvieses quemando por dentro. He andado meses enteros caminando con bastón. Era muy difícil trabajar bajo esas condiciones. De todos modos, siempre traté de no pensar en la enfermedad y me focalizaba en la idea de salir adelante como sea”, explicó.

Mundo motor 
Su vínculo con el universo del automovilismo tiene sus años. De hecho, en su casa, cuenta con una habitación exclusiva en la que guarda todo, desde trofeos, copas, indumentaria especial e imágenes que inmortalizan momentos que jamás olvidará. Hasta se puede ver una fotografía que se tomó con Juan María Traverso, su ídolo, con quien además tuvo la posibilidad de compartir una cena en el museo del legendario piloto. 

Desde muy joven, Sergio se metió de lleno en el mundo motor. Como acompañante de distintos pilotos, entre ellos Guillermo Yané, tuvo la posibilidad de pelear y ganar campeonatos. También se encargó de preparar autos de competición, roles que siempre desarrolló con dedicación y pasión. 

Pero a esa energía la tuvo que trasladar a otro ámbito. Su enfermedad, de carácter crónica y sin una cura definitiva, lo obligó a cerrar su taller. “Trabajaba diez minutos para poner una caja de cambio y se me hinchaban las manos, los brazos y las rodillas. He tenido que poner tres o cuatro tambores cortados en diferentes medidas para bajar a la fosa, arrastrándome, y poder trabajar”, recordó. 

“El nombre científico de la enfermedad es muy extraño. Lo tendría que buscar dentro de todos los estudios que me han hecho. Según el médico que me atiende, es una artrosis cartílago-muscular”


21 de mayo de 2014 
La enfermedad lo empujó a Sergio a cambiar su forma de vida y comenzó a ganarse el pan de cada día de otra manera, tal vez impensada para él años atrás. 

El 21 de mayo de 2014 tomó la decisión y abandonó el oficio que alimentó su pasión desde siempre, una determinación a la que llegó sin tener en claro su futuro. Con el escenario planteado, le buscó la vuelta para seguir relacionado con su pasión fierrera. 

“Con el programa ‘Sinfonía de Motores’ arranqué en 2014, en FM Visión, con Claudio Ibarra. Después estuve en Radio 3 y el año pasado en FM Onda Uno”, fue el camino que Sergio recorrió en el universo radial, con el cual pudo mantenerse vigente dentro del mundo del automovilismo. 

Pero su andar en los medios locales no terminó ahí. Sin experiencia previa, decidió presentarse en CELTAtv para que “Sinfonía de Motores” sea parte de la programación del mencionado canal. “Cuando fui, se quedaron todos sorprendidos. Yo no tengo estudios, ni formación periodística, ni cámaras. Fui solo con la idea y la voluntad de aprender. Gracias a Ariel Wolfram y Andrés Vergnano que me abrieron las puertas desde 2015 hacemos televisión”, dijo. 

Un sueño 
El 2020 lo tiene a Sergio recorriendo el país con cámara, micrófono en mano y cubriendo automovilismo, puntualmente el Turismo Pista. “Uno siempre sueña, pero si en 2014, cuando empezamos con la radio, me decías que iba a pasar todo esto, no lo creía. Me conformaba con tener oyentes en Tres Arroyos”, sostuvo. 

Y agregó: “Ver a la gente de Carburando -un tradicional envío de TyC Sports-, y recibir el saludo, era muy lindo. Y hoy en día compartimos cenas y viajes, por ejemplo, con Andrés Perco, un profesional que lleva más de 30 años en ese programa. Con él compartimos los viajes de todas las carreras”, resaltó Sergio, siempre con la humildad y la sencillez que lo caracteriza. 

“Cuando a la noche algunos dolores de la enfermedad no me dejan dormir, pienso y no puedo creer cómo se abren las puertas. Haber estado y estar con pilotos de primer nivel y con periodistas de gran trayectoria, es un sueño. Los dolores ya están asumidos y son parte del paisaje”, remarcó. 

Si bien no se consideró un ejemplo, dejó un mensaje alentador para quienes atraviesan por una delicada situación personal. “Lo que les puedo decir es que no se rindan, que sigan luchando. No es fácil, pero es cuestión de liberar la cabeza. Todos los sueños se cumplen, a lo mejor más o menos temprano. Todo llega, siempre y cuando tengas el acompañamiento de la familia y de los amigos”, concluyó Sergio, quien puede dar fe de eso.