Opinión

Escribe Quique Mendiberri

El virus que desnuda las inconsistencias

22|03|20 10:38 hs.

Por Quique Mendiberri


Llegó la hora de hacer que el Estado se haga cargo de su existencia.

Infinitas veces cuestionado en el último siglo, la pandemia llegó también para exigirle protagonismo y desafiarlo a que demuestre su razón de ser.

Así, todos los países hoy tienen que garantizar la cuarentena total a sus ciudadanos para que el mundo no termine peor que en un episodio más de la película Mad Max. 

Para ello, en Italia, España y Francia, los países más afectados de Europa por el coronavirus, nos encontramos con que trabajadores como Raúl Pinella tienen su ingreso garantizado por las partidas de, entre 600 y 900 euros que sus respectivos Gobiernos les aseguraron, entre otras medidas que comprenden a esos trabajadores a los que la pandemia paralizó mientras dure la cuarentena. Por ejemplo, en Italia, los taxis fueron absorbidos por el Estado como vehículo de transporte sanitario (ambulancias), así, reciben 700 euros a cambio de una contraprestación. 

Son emisiones monetarias o utilizaciones de reservas, que rompen la disciplina fiscal prevista por cada uno de ellos para 2020 y que, seguramente, tendrán un impacto negativo en su propia economía cuando el virus esté controlado y haya que empezar de nuevo. 

Para darse una idea del daño a las cuentas que supone, en Estados Unidos un grupo de 51 legisladores republicanos se negó a proveer la ayuda de 1000 dólares que Donald Trump propuso para las víctima del estacamiento económico que esta situación está generando en el gran país del norte, incluso sin cuarentena obligatoria (hasta el momento de escribir esta nota). 

En Argentina, la inmensa necesidad de evitar el contagio masivo empujó al presidente Alberto Fernández a tomar medidas tan necesarias, como peligrosas en materia de respaldo monetario. A la emisión de 100.000 millones de pesos de principios de año, destinada a reactivar la economía tras el enfriamiento de emergencia que, a último momento decidió Macri y lo llevó a una inexorable derrota en la PASO, debió sumarle otra de 600.000 millones de pesos en la últimas horas, con la que elaboró un paquete de 30 medidas que lleva relativa tranquilidad pero, obviamente, no alcanzan a todos. 

Entre ellos aparecen los trabajadores informales. Las personas que no tienen planes, que trabajan de cualquier cosa por el mango que les caiga de las inversiones que puedan hacer sus patrones, quienes también asumen esa ubicación en la cadena del mercado laboral, pero en negro, ya que en Argentina las cargas sociales son tan grandes que significan “un empleado más” para aquel que necesita incorporar personal, esos no reciben ayuda. Ahí entran, choferes de remis, peones de albañilería, deliverys, monotributistas que quedaron afuera del sistema por no poder pagar una cuota que se actualiza con la inflación pero no con su realidad laboral, mensajeros, serenos, jardineros y empleados de locales comerciales, entre otros. 

Pero no dejan de recibir ayuda porque Alberto no los tiene en cuenta, sino porque para ser un número susceptible de recibir un subsidio, antes tenés que estar registrado de alguna manera y, ese registro, por esos días, significa una inversión demasiado onerosa en materia impositiva para quien lo incorpora a su plantilla, como así también riesgosa ante la también enorme cesión de derechos que lo hacen un negocio rentable a la industria del juicio. 

El jueves Alberto le mostró una imagen de liderazgo a muchos argentinos que agradecieron su intervención. Pero eso no es todo. Él más que nadie, sabe que el riesgo del colapso económico está agazapado detrás del COVID19. Es cierto que si supera esta enorme prueba de la pandemia tendrá el enorme crédito político que puede generar un pueblo agradecido, aunque el momento de los informales, como del resto de los argentinos absorbidos por el Estado y sus enormes brazos, es ahora. 

El fenómeno de los “si no trabajo no como” necesita la misma atención que el resto en tiempos de coronavirus. Por eso, nunca es tarde para revisar las razones por las que una persona que se rompe el lomo laburando está afuera de un sistema que no deja de vanagloriarse por contemplar a todos en esta crisis.