La sensación de perder lo cotidiano, la actividad de todos los días. El miedo a lo desconocido.

Sociales

¿Una historieta anticipada a nuestros tiempos?

“El Eternauta” y el coronavirus, las coincidencias

22|03|20 12:31 hs.

Por Hugo Costanzo


Creado en 1957 por Héctor G. Oesterheld (guión) y Francisco Solano López (dibujos) fue publicado en formato de episodios en la revista “Hora Cero semanal” una de las historietas más recordadas y con infinidad de reimpresiones en Argentina y el mundo. Hace pocos días se conoció la noticia que Netflix producirá la serie de este personaje filmada en nuestro país, con actores, técnicos y director también de aquí. 

Pensada y realizada como una historia de ciencia ficción que transcurre en Argentina, mereció distintas interpretaciones políticas y sociales. 


Razonamiento del científico del grupo: Favalli. Muy extremo. Sin embargo muestra sin concesiones el momento que viven. El egoísmo de algunos y el “sálvese quien pueda” sin importar el otro. No respetando en absoluto la vida ajena


Juan Salvo, El Eternauta, aparece, casi como un fantasma, en una fría madrugada, en el estudio de un guionista de historietas. Luego de la sorpresa inicial del escritor, cuenta, con infinidad de detalles, por qué se transforma en un viajero del tiempo buscando a su familia: Elena, su mujer, y Martita, su pequeña hija. 


La esperanza de poder ayudarnos entre todos. La familia, los amigos. Héroes en emergencias y en todas las circunstancias.


La historia comienza cuando Salvo y sus amigos juegan un partido de truco en la buhardilla, pomposamente llamada laboratorio, allí los amigos realizan sus hobbys y se reúnen en franca camaradería. Favalli, un profesor universitario de física; Lucas Herbert, un empleado de banco, loco por la electrónica; Polsky, el jubilado que construye violines; y Juan Salvo, dueño de casa, propietario de una pequeña fábrica de transformadores. 

Esa noche se inicia el tremendo drama. Una nevada mortal destruye a la raza humana, sólo sobreviven quienes se encuentran a resguardo. Luego la lucha de los humanos en esta invasión extraterrestre. Un Buenos Aires destruido y un grupo de civiles y algunos militares tratan de resistir. Brevemente es el argumento de “El Eternauta”. No es la intención describir esta clásica historieta de los ‘60, sino el analizar algunas (por no decir muchas) coincidencias que se encuentran con el momento que vivimos. En estos tiempos del Coronavirus o Covid-19, enemigo invisible que cambia el mundo y amenaza a los humanos, sin importar raza o creencias. La manera de hacer frente a esto es siempre en equipo. Nunca solos. 


La sensación de perder lo cotidiano, la actividad de todos los días. El miedo a lo desconocido.


Escribe Héctor G. Oesterheld como prólogo de su creación: “Siempre me fascinó la idea del Robinson Crusoe... La soledad del hombre, rodeado, preso, no ya por el mar sino por la muerte. Tampoco el hombre solo de Robinson sino el hombre con familia, con amigos... El héroe verdadero de El Eternauta es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe ‘en grupo’, nunca el héroe individual, el héroe solo”. 

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Estas “tiras” corresponden al inicio, cuando el drama se desata. Más tarde en las páginas siguientes la lucha por la sobrevivencia de los personajes es intensa, dramática. Leída con detenimiento se encuentran más coincidencias con la actualidad. Los dibujos de Solano López crean el clima adecuado detalladamente cada rincón de la ciudad lo que hace más real la historia. 


Una segunda versión, se publica en la revista “Gente” dibujada por Alberto Breccia que, lamentablemente, se interrumpe abruptamente por decisión de la editorial. Este es uno de los dibujos, con una enorme calidad plástica y cargado del dramatismo que necesita el relato.


Fundamentalmente la idea de esta nota es destacar los enormes valores humanos de la solidaridad. Estar todos juntos para derrotar al enemigo más poderoso. Sólo así vamos a salir de la pesadilla, cualquiera que esta sea. 

No me despido sin mostrarles los últimos cuadritos de “El Eternauta” e invitarlos a que la lean completa. Es apasionante y demuestra que la historieta hecha con talento y trabajo tiene valores éticos y humanos fácilmente reconocibles.