Opinión

Por Roberto Barga

La pandemia, la culpa y el relato

05|04|20 11:39 hs.

Italia y España, avisan que la famosa curva de contagios del Covid-19 comienza a remitir. El foco atencional empieza a posarse en EE.UU. Por estas horas, el imperio registra el mayor índice de infectados, pero con la salvedad fundamental de que su tasa de mortalidad es de 2,19 %, contra 11,86% de los italianos y 8,86% de los españoles. 


Como dicen los galenos, en medicina nadie puede asegurar casi nada. Esto no es óbice para inferir que alguna clase de luz aparezca al final de este auténtico túnel de la angustia llamado coronavirus. 

Por tanto, con el correr de los meses se abrirá una lucha sin cuartel entre distintos actores por dominar el relato de las culpas y, aquellos que se adueñen de las narrativas, correrán con ventaja para imponer sus objetivos.

La pandemia, como todo hecho conmocionante y transversal, ha desatado todo tipo de teorías conspirativas. Las teorías conspirativas encajan perfectas como piezas de rompecabezas, pero la realidad suele presentar tantas irregularidades y contradicciones, que muchas veces dejan a estas teorías en “off side”. 

A la hora de buscar culpas, sin dudas, las palmas se las lleva China. No sólo porque fue allí donde nació y se propagó como reguero de pólvora el coronavirus, sino por sus maneras de producir y de invadir mercados, que convierte al país de Mao, en un conquistador de nuevo cuño. Se dice desde distintas usinas, que China fomenta este tipo de ataques epidemiológicos para provocarle al capitalismo occidental, un desplome del valor de las empresas. Luego, el gigante asiático, aprovechando su favorable saldo comercial, producto de sus exportaciones, compraría esas empresas a precio de saldo y quedaría entonces en una clara posición dominante, casi como líder de un nuevo imperio. 

Sin embargo, lo que daría un relanzamiento a China a posiciones de dominio y liderazgo, no es la compra de empresas occidentales, sino un nuevo “producto de exportación”: La ciberseguridad. 

China se ofrecería a otros Estados, a través de la tecnología 5G, capaz de saber vida y obra de cada persona, como el que podría controlar este tipo de desastres. Una noticia de calado profundo ha pasado desapercibida estos días: la Comisión Europea estaría dispuesta de manera excepcional a que sus Estados miembros accedan a los datos de telefonía móvil de los ciudadanos. Ya sabemos, no hay momento más oportuno de colar semejante tema y que pase como si nada, que cuando cunde el pánico y la desesperación. 

Otro enfoque de las teorías conspirativas liga a poderes facticos de USA con la pandemia. Según esas versiones, en el mes de octubre pasado se llevaron adelante en China unas olimpíadas militares, en las que participaron las Fuerzas Armadas de EE.UU. En dicho evento, los militares americanos habrían aprovechado a diseminar por territorio chino el virus, recreando con fuerza la idea de guerra bacteriológica. 

El objetivo de tamaña empresa sería desprestigiar al país de la muralla infinita y señalarlo como el causante de pandemias recurrentes que cada vez con más frecuencia traumatizan al resto del mundo. Vale recordar que las últimas pestes, salvo el ébola, vienen de China, una de origen porcina, la otra de tipo aviar y esta aparentemente proviene de los murciélagos. 

Lo que no entra en discusión en ninguna teoría es la manera de producir que tienen los chinos. 

Aviso para navegantes y curiosos: vean American Factory, está disponible en Netflix. Allí se expone con meridiana claridad por qué China se está comiendo al mundo. Sin ánimo de “spoilear”, el documental cuenta cómo “fabrica” China: jornadas laborales de 15 horas diarias, dos francos mensuales, prohibido los sindicatos y conducción militarizada de las fábricas. 

Si algo debe quedar claro en esta coyuntura, es que hay que evitar cualquier debate que no tenga relación con la salida de esta encrucijada


Mientras China ignore olímpicamente las reglas de la Organización Mundial del Comercio, es imposible que su avance no sea imparable. 

A la trama de conspiradores se suma, como no podía ser de otra forma, la industria farmacéutica, capaz dicen, de dejar escapar la peste, para aparecer luego con la vacuna que la remedie. Al poder y la capacidad de lobby del imperio farmacéutico no lo vamos a descubrir ahora, pero adjudicarles este verdadero terremoto a los vendedores de remedios es demasiado arriesgado. 

Conviene dimensionar que para muchos intelectuales y filósofos de la talla del marxista Zizek y del postmarxista Byung-Chul Han, estamos ni más ni menos, que frente a un cambio de paradigmas. Cada uno con su mirada diametralmente opuesta, pero en ambos casos en la coincidencia de que el mundo se empezará a medir en antes y después del Covid-19. 

Para Slavoj Zizek “el capitalismo acaba de recibir un golpe a lo Kill Bill que puede tumbarlo”. Para el coreano Chul Han, muy por el contrario, “el capitalismo saldrá de esta situación con más pujanza y China fortalecida con sus programas de ciberseguridad”. 

Capitulo argentino 
Los largos días del encierro empiezan a dar lugar a los cuestionamientos del momento: las dudas serían, ¿salud primero, después economía o salud y economía pueden y deben convivir en estos momentos? ¿Puede la Argentina, someterse a un encierro casi total, con el 40% de su población en la informalidad económica? Si abren los supermercados, ¿no pueden abrir los bancos para todo tipo de trámites, respetando las distancias de seguridad? ¿Es necesario que la actividad agropecuaria esté parada? Francia, país afectado en gran número de contagiados, acaba de pedir a sus trabajadores de las ciudades que se desplacen al campo para recoger las cosechas ¿Sabiendo que la población de riesgo es esencialmente la de adultos mayores, no habría que establecer un cordón sanitario sobre esa franja etaria y liberar a las fuerzas del trabajo para que la ya golpeada economía argentina no termine de derrumbarse? 

A estos interrogantes se suma un peligroso regreso a la grieta. Comienza un cuestionamiento por parte de un sector de la población a la “clase” política y le exige una rebaja en sus sueldos. 

En estos momentos de tedio y agobio, una preocupante inflación en productos de primera necesidad irrumpe con potencia. Cualquier viandante que salga a hacer las compras cotidianas verá cómo escalan los precios de frutas, verduras y carne. 

Parece por estas horas haberse ralentizado el debate sobre si es conveniente o no, centralizar en un mando único estatal, las camas de urgencia. Esto es: los pacientes con necesidad de respiradores, serán asignados a lugares disponibles, tengan o no planes de medicina prepaga. Para descartar cualquier giro socializante del gobierno de Alberto Fernández, hay que decir que Corea del Sur o Irlanda han adoptado una medida similar. 

En cualquier caso, si algo debe quedar claro en esta coyuntura, es que hay que evitar cualquier debate que no tenga relación con la salida de esta encrucijada. El editor del diario La Vanguardia de Barcelona, Enric Juliana, sostiene durante estos días, que España tiene que recuperar el espíritu de los Pactos de la Moncloa para afrontar la debacle que les espera. ¿Y si Argentina probara por estas horas dramáticas poner en marcha el tan demorado Consejo Económico y Social? 

Ahí tiene Alberto Fernández una buena iniciativa para explorar durante estos días de cuarentena. Resultaría más importante que otros encuentros fotogénicos que realiza el Presidente, que parecen secundarios en este complejo momento.