Nacional

.Por Roberto Barga

En medio de la peste: difícil, pero no imposible

08|04|20 12:39 hs.

Sugeríamos en la última columna, la oportunidad, el mérito y la conveniencia de que el presidente Alberto Fernández, aproveche la coyuntura y convoque de una vez al Consejo Económico y Social.


Pero esta vez no debería ser cualquier convocatoria. A juicio de este cronista, es probable que Argentina enfrente una encrucijada tan o más compleja que la crisis del 2001. El pronóstico de los economistas de cualquier pelaje ideológico, va de una caída del PBI del 5% al 10%. Hay gobernadores que piden ya la impresión de cuasimonedas. Sin fuentes de financiamiento externo, con las materias primas en un proceso descendente y en la perspectiva de un mundo que va camino a cerrarse. Todo indica que los países comenzarán a vivir intramuros. Las 10 plagas de Egipto parecen cernirse sobre la Argentina. 

La crisis del coronavirus será también el pretexto de muchas naciones para aplicar las recetas más heterodoxas jamás vistas desde el crack de 1929 y desde el Plan Marshall de la posguerra. Alberto Fernández tiene la oportunidad de convertir la desgracia de la peste en la convocatoria que jamás pudo llevar adelante nuestro país desde los tiempos de la independencia. 

¿Es posible armar una mesa amplia, muy amplia, donde estén las fuerzas del trabajo (sindicatos), los empresarios, la “clase política”, los representantes de la sociedad civil y de los credos más representativos? Como decía “El padrino” en esa inmortal escena en la que reunía a sus conseglieris y en la que Michael Corleone preguntaba si se podía matar a un traidor custodiado por el FBI : “it is very dificult, but not impossible.” 

Fernández corre con el hándicap que otros presidentes no han tenido. La situación se presenta tan disolvente, tan dramática, que quien se anime a sacar “los pies del plato” como decía Perón, podría ser acusado de insolidario, egoísta y ventajero. 

Octaedro, 62 modelo para armar 
Como en las novelas y cuentos de Cortázar (hay que leer a Cortázar, no sólo de Netflix viven el hombre y la mujer), el formato de la mesa amplia puede tener múltiples formas, títulos o características. Pero de lo que no se puede carecer es de una hoja de ruta que contenga discusiones programáticas: sugerimos tratar el frente fiscal, el modelo productivo con sesgo mercado internista, la cuestión laboral, la discusión salarial y un pacto de rentas, para ver si de una vez por todas los sueldos, por lo menos le empaten a la inflación. 

Deberían quedar expresamente prohibidos los significantes vacíos, esto es esos slogans que sirven para una cosa y la contraria. Al decir de Julio Anguita, aquel dirigente del Partido Comunista español de los ’90, “lo que sirve son tres palabras: programa, programa y programa”. 

Con exagerada facilidad en la Argentina se tira de archivo y hemeroteca y se arrojan al viento las palabras “Pactos de la Moncloa”, sin tener conocimiento cabal en qué consistían. Los Pactos de la Moncloa fueron la resultante del agobio a un tiempo, económico y político, que vivía la península Ibérica en 1977. Conviene recordar que en aquel año la crisis del petróleo originaria de la creación de la OPEP, le imprimió una inflación a la economía española de 30%. 

Y al mismo tiempo la E.T.A hacia crujir las tablas de la transición del tardo franquismo a la democracia, cargándose militares un día sí y otro también. 

Curiosamente, quien no quería firmar esos pactos era el por entonces joven Felipe González, sabedor de que la rueda de la política lo conduciría más temprano que tarde a la presidencia de Gobierno. Pero como se señaló en esta columna, hay momentos en que no se puede sacar los pies del plato. 

Un párrafo aparte, para el rol fundamental que cumplió en esos acuerdos de Estado el partido Comunista español en cabeza del histórico Santiago Carrillo. El P.C controlaba al sindicato Comisiones Obreras, un sindicato de clase que había vertebrado la resistencia al franquismo desde las fábricas. Sin embargo, esa mesa grande, que la integraban tanto dinosaurios de la dictadura como Fraga Iribarne; demócratas de nuevo cuño como Adolfo Suárez que había sido Presidente de Televisión Española con Franco; Felipe González; Jordi Pujol (a la sazón eterno Presidente de la Generalitat de Cataluña) o Javier Arzalluz, líder de Partido Nacionalista Vasco, se apoyó en el Partido Comunista y “su” sindicato para homologar con su firma “el Pacto” , que encerraba, entre otras cosas, un aumento de salarios del 22% , cuando la inflación era del 30%. 

Épicas y relatos 
En la Argentina no sabemos el nombre de esta convocatoria, puede tener un título épico. Siempre los buenos relatos abroquelan, pero no debe faltar nadie o casi nadie. Cuanto más grande el llamado, mejor. 

Episodios como los que sucedieron en las interminables colas de los bancos para cobrar jubilaciones y asignaciones, demuestran la fragilidad social del momento. El “bancogate” que atravesó la sociedad argentina en momentos de extrema sensibilidad, fomentada por el largo encierro, nos hace pensar sobre la labilidad coyuntural. Lo que ayer eran puras adhesiones, pueden convertirse con un paso en falso, en un mar de reproches. 

Urge ampliar la base de sustentación.