Interés General

Perdió todo victima de la prevención extrema

Sueños de un argentino que el Coronavirus naufragó en el Caribe

11|04|20 16:56 hs.

Por Quique Mendiberri 


La desesperación ya pasó. Cuando la historia del argentino Ramiro Gayoso se hizo conocida en Colombia, comenzó a recibir la ayuda de distintos actores de ese pueblo y consiguió la tranquilidad que necesita ahora para terminar la cuarentena en Barranquilla y ver cómo empieza su vida desde cero después de la dramática aventura que vivió en plena pandemia del Coronavirus. 

Gayoso es un argentino que, por elección propia como medio de vida, se encontraba navegando en el Caribe desde el 25 de febrero y, como consecuencia del cierre de fronteras en Colombia para evitar la propagación del Covid19, fue obligado a continuar buscando un puerto que le permita revisar la mecánica de su nave, hasta que encalló en una playa del país cafetero, donde le robaron todo antes de quemarle la nave y alcanzar la categoría de náufrago. 

Nativo del barrio porteño de Villa Urquiza y miembro de una familia de gente de agua, Gayoso pertenece a una tercera generación de nadadores y guardavidas.

Precisamente en esta actividad compartió su preparación con el tresarroyense Nicolás Groenenberg, un miembro de la Cruz Roja que suele prestar su servicio en Claromecó y quien acercó la historia a la redacción de LA VOZ DEL PUEBLO, para que por primera vez en nuestro país salga a la luz.


Ramiro Gayoso


Ramiro Gayoso es patrón de vela en yate a motor y capitán de su propia embarcación. Desde los 18 inició su carrera náutica en la ciudad de Buenos Aires, con naves a vela y todo tipo de actividades, hasta alcanzar el título terciario de Instructor Nacional de Navegación a Vela. 

Este objetivo lo empujó a encarar su sueño en el Caribe, ya que sus condiciones climáticas lo hacen un lugar ideal para la navegación y, a su vez, un lugar donde pueden encontrarse buenas ofertas de embarcaciones a buen precio. 

Tras ahorrar durante 13 años, con mucho sacrificio consiguió el dinero que, en 2019 le permitió adquirir el barco con el que navegaría su sueño: un Benetau Oceanic 351 de 35 pies, al que bautizó “Aquarele”. 

En principio, al barco lo alquiló a terceros gran parte del verano, exactamente hasta el 8 de febrero, donde le fue devuelto en Grenada, una de las islas del archipiélago de las Antillas Menores, donde también hizo trabajos con la náutica, antes de empezar con un servicio de chárter entre las islas, un trabajo muy común en esa zona.

Comienza la aventura 
El 25 de febrero salió desde Grenada hacia Panamá y, a pesar de tomar contacto en forma permanente con los puertos y las autoridades de los distintos lugares por los que iba pasando y recibiendo instrucciones sobre su recorrido, asegura que nunca le advirtieron del cierre de fronteras marítimas al pasar por Colombia, “incluso, el primer puerto que tocamos cuando fuimos desde Venezuela era Colombiano y nos envió más adentro de ese país, a Santa Marta, desde donde después, paradójicamente, nos expulsan”. 

Con lo justo en mecánica (debía hacer controles en el motor ya que calentaba y tenía las horas de funcionamiento contadas), llegó al puerto colombiano de Santa Marta, donde ni siquiera le permitieron tirar el ancla. Directamente lo expulsaron del país. “Fueron fuerzas militares, que siguen órdenes. El tema es que hay tratados internacionales, que exceden a la decisión de un presidente, hechos para prevenir este tipo de accidentes. Por eso, es una locura que, con la psicosis del Covid19, una autoridad te expulse, cuando tiene que estar para evaluar la situación de uno, no expulsarlo del país”, dijo al referirse al momento previo a su continuidad rumbo a Cartagena, otro puerto relativamente cercano, donde guardaban la esperanza de que les permitan recibir la asistencia necesaria.

Sin embargo, los problemas en la embarcación los obligaron a tomar contacto antes de tiempo, con la capitanía más cercana en ese momento, la de Barranquilla, donde además de pararse el motor después de navegar 30 horas, un feroz temporal le hizo vivir el momento más desesperante de este viaje. 

“Fue lo peor antes de encallar. En un escenario de noche, con 40 nudos de viento, olas de tres metros y la embarcación volando para todos lados, pensás que se te va a dar vuelta, que te vas a quedar ahí agarrado, la mente viaja sin límites”, recordó. Después de eso, el barco encalló en una playa llamada Bocas de Cenizas, donde recibieron la primera ayuda de unos pescadores que los encontraron golpeados y deshidratados en la playa, “nuestra situación era deplorable”, dijo Gayoso acerca de su estado y el de su navegante, otro argentino que prefiere no ser identificado en la nota.

Luego, las autoridades guardacostas del Departamento de Barranquilla les pidieron que saquen algunas cosas del barco porque iban a ser trasladados ante los representantes de migraciones y, desde ahí, hasta un hospital para ser sometidos a los estudios de Covid19. 

Seis días más tarde, cuando estos dieron negativo, regresaron a la playa y encontraron su barco saqueado e incendiado. Empezaba la desesperación. 

Ayuda e interrogantes 
Su historia, como la de tantos otros afectados por las medidas preventivas del Covid19 fue noticia en medios nacionales del país cafetero. Una circunstancia que terminó jugándoles a favor, ya que les permitió hacer visible su historia y comenzar a recibir ayuda de colombianos que se solidarizaron con ellos, “es un pueblo muy servicial que entendió lo que nos pasaba. Cuando la historia comenzó a difundirse en los medios, nos empezaron a colaborar con comida. Se sumó gente del pueblo, dirigentes y gente del mundo náutico”, dijo. 

Con el correr de los días, también vio cómo las cosas cambiaron donde había sido rechazado y cómo todo podría haber sido diferente si, tal vez, todo hubiera ocurrido unos días más tarde. 

“Todavía no entiendo por qué no siguieron los protocolos. Después me enteré de casos de gente que llegó (a Santa Marta), dejó el velero, bajaron en tierra, les hicieron los estudios, pasaron la cuarentena y permanecen ahí. A nosotros, la orden era que dejemos Colombia, ni siquiera nos dejaron hacer maniobras de fondeo y atraque con el ancla”, subrayó, poniendo el acento en el hecho de que él no pretendía desembarcar, sino simplemente, revisar su nave para poder seguir.

Hoy, en la ciudad de Barranquilla esperan lo que ocurra después del 27 de abril, la fecha anunciada en primera instancia como referencia para el fin de la cuarentena en Colombia, “con los últimos mangos que teníamos en el barco logramos alquilar un departamento por un mes y ahora estamos viendo cómo vamos a hacer el mes siguiente. Vivimos el día a día”. 

Para Ramiro y su navegante, la aventura en Colombia continúa hasta estos días y el final aún es incierto.