Opinión

Editorial

Lo que falta

12|04|20 10:41 hs.

El mojón se corre más adelante en cada presentación presidencial. Y el futuro avizora un extensión mayor, administrada, flexibilizada o como queramos denominarla. Llegados a este punto, nos hemos acostumbrado a las limitaciones que el estado de cosas supone y se han potenciado en diverso grado formas nuevas de sociabilidad. Por otro lado, algunos se reencontraron con hobbies abandonados; otros u otras retomaron vínculos postergados; los más vieron limitarse su trabajo cotidiano y una porción pudo acomodarse a esa situación y la posibilidad de adaptación pudo hacerse efectiva. 


El lado B de esta realidad, se debate entre las crecientes dificultades en generar ingresos personales y familiares; el miedo a perder el trabajo; los problemas psicológicos que supone un aislamiento obligatorio, el hacinamiento en barrios vulnerables y el incremento de la violencia doméstica en donde existía con antelación. Pero la realidad no se divide en partes, cruza a uno y otro lado de ella misma, en forma continua. 

El espejo del mundo nos devuelve el espanto desde algunos lugares en donde las medidas tomadas fueron implementadas a destiempo o en donde la situación fue frivolizada por la cúspide del poder. Es un impacto que muestra el costo de suponer que la especie humana, con su innegable talento, su capacidad científica y tecnológica y la menos virtuosa de sus cualidades, el egocentrismo, puede afrontar todo aquello que se presente en su larga vida en el planeta, rápida y eficazmente. Y quizá esta experiencia dolorosa, relativice esa visión desmedida sobre nuestras capacidades. Pero es muy rápido para extraer conclusiones sobre lo que dejara esta coyuntura larga en el seno de la sociedad humana. 

Los cristianos celebran la resurrección de Jesús. A la Argentina, herida y golpeada con ferocidad, le ocurrirá lo mismo, si transitamos lo que falta, sin importar cuanto sea, con la mayor dignidad posible


Para aquellos que son creyentes y para los que no también, estos días de Semana Santa han sido extraños, porque forman tradicionalmente parte de jornadas de reencuentros y viajes, a un lado u otro del país y dentro de las mismas ciudades y pueblos, para reunirse, con o sin fervor religioso. Para los argentinos y argentinas, la amistad es un culto y la comida resultado de ella, provoca la conversación y la sobremesa, que son parte de nuestras ceremonias comunes. En nuestros mandamientos criollos esta primero. Sin amistad, no hay nada. ¿O sí? Hoy quizá es un día para buscar a aquellos y aquellas que están más lejos y no podemos visitar, con los medios virtuales que tengamos disponibles, para reforzar nuestro convencimiento de que al final de este camino común, las cosas van a estar mejor. Seguramente, cuando estemos allí, lo celebraremos reuniéndonos a comer algo, por más sencillo que sea. 

No hay escuela como la adversidad, escribió alguna vez un político importante del viejo continente cuando su nación estaba asolada por las bombas y la devastación originadas por la violencia criminal nazi. En aquellos años la radio, era el medio para sostener la moral de un pueblo atemorizado que necesitaba encontrar sentido y esperanza en medio de la peor de las realidades que le toco vivir en su historia. La gente se reunía en torno al aparato desde donde salía una voz que recitaba un discurso firme y calibrado; lo escuchaba y luego repetía, con cada uno que se encontraba, que lo que estaban haciendo tenía sentido aunque no lo pudiesen visualizar en su presente frágil. 

Hoy los medios e instrumentos son más eficaces para transmitir algo similar. También son aptos para comunicar el desconsuelo, la inquina y un futuro tremendista. Hemos perdido en el camino de esta batalla contra un enemigo invisible, algunos de los nuestros y nuestras. Perderemos más, eso es seguro y cada vida vale en sí misma. Si esa circunstancia no nos vuelve más disciplinados, más comprometidos el uno con el otro, este conflicto se habrá llevado lo mejor que tenemos: el valor de reconocer en el otro a un ser humano. 

Como todos los domingos como hoy, los cristianos celebran la resurrección de Jesús, el Nazareno, luego de un calvario insoportable y atroz. A la Argentina, herida y golpeada con ferocidad, le ocurrirá lo mismo, más tarde o más temprano, si transitamos lo que falta, sin importar cuanto sea, con la mayor dignidad posible. Ofreciendo nuestras voces y medios para sostener a los que más nos necesitan en esta encrucijada.