En la peluquería. La pandemia ha provocado que Fernández este sin poder llevar a cabo su actividad

Sociales

Juan Fernández, peluquero. Payaso en sus ratos libres

“Fundidos podemos arrancar, muertos nunca”

19|04|20 09:54 hs.

Juan Fernández es peluquero de profesión y payaso de corazón. Hiperactivo, con el humor en cada palabra y optimista por naturaleza le cuenta a LA VOZ DEL PUEBLO como transcurren sus días. Ya habiendo terminado de hacer la cena -“que me permite descargar adrenalina”- y haciendo la digestión atendió al diario vía whatsapp. 


“Por supuesto que también me retan, porque como rápido y todas esas cosas”, dice riéndose. Y agrega “vos imaginate un hiperactivo que está al p… Yo duermo de cuatro a cinco horas por día normalmente, ¿sabés cómo estoy?... Mi mujer es enfermera de Neonatología del Hospital y ella entra a trabajar a las 5.30 ó las 6, se levanta a las cinco. Entonces ahora es la primera vez que me acuesto temprano y a la 1.30 ya me desperté, ya está… ya dormí -señala entre risas-. 

El aislamiento modificó su vida y la de la familia porque “yo me tuve que venir de casa. Nosotros estamos juntados pero cada uno en su casa; en mi caso yo tengo a mi papá que tiene 84 años, con EPOC. En el mismo lugar pero en un departamento, arriba, está mi hija que tiene un bebé de 4 meses, entonces por una cuestión de seguridad de ellos yo me voy, porque soy el que salgo y hago los mandados. Yo me quedo en lo de mi señora y soy el que vuelve a la mía a llevarles las cosas, charlo con ellos con mucha distancia y me voy. Mi otra hija más chica convive con su mamá y el del medio está en Capital estudiando”.

Hábitos cambiados 
Juan es alguien que está muy acostumbrado a estar con muchas personas durante el día, además de hacerlo con sus hijos, y “esto de no estar con ellos es muy loco. Los hijos se extrañan y esto de la ignorancia te ayuda a conocerte más”, señala. 


Juan aprovecha esto de ser un “payaso en cuarentena”


Recordando que con la pandemia ya pasó el cumpleaños de su hija más chica, el de su hijo del medio, el de su padre, el de una de sus hermanas… “Nosotros somos muy familieros y pasarlo de otra forma es difícil. Uno se hace el payaso todo el tiempo pero te jode bastante, pero uno debe ponerle la cuota de risa y humor. Nosotros somos de esa generación que puteamos mucho contra los teléfonos, la tecnología con la que muchas veces en una cena estamos hechos unos idiotas y que hoy en día gracias a Dios nos acerca muchísimo a la gente que uno quiere y extraña. No podés de otra forma, pues no sólo es una cuestión de distancia sino de cuidados, porque si no mirá la cantidad de muertos a nivel mundial. Nosotros tenemos un grupo de Whatsapp de peluqueros que somos un montón y estamos hace ya un tiempo con que queremos hacer una carta para ver cuándo nos van a dejar trabajar. Por supuesto con todos los medios, recaudos, con turnos, todo eso; y yo les decía que mucha gente se empieza a enloquecer: ‘A ver, muchachos, fundidos podemos arrancar, muertos nunca’. Así que hay que hacerlo realmente a conciencia sin maximizar ni minimizar la cosa, ser conscientes de lo que está pasando. La cosa económica es horrible pero se sale y se recupera de alguna forma pero, el tema es que sigamos como hasta ahora: un solo caso, cero muertos”. 

Reflexivo
Refiriéndose a la cuarentena en sí, Fernández comenta que varios amigos que tiene en Europa le habían anticipado: “Miren que esto es bravo. Por eso es que fui de a poco comprando cosas para mi casa, por eso comida va a haber. Hoy por hoy yo, por mi profesión, no estoy trabajando, pero mi mujer sí. El tema es la gente que no lo puede hacer y se hace el mango día a día. Cómo van a hacer para liberar la gente para que pueda trabajar, porque hay costumbres que las tenemos muy internalizadas. En mi rubro se podría trabajar tranquilamente con un barbijo puesto, con una sola persona en el local, cuando se va higienizás el lugar y ya está. Es cuestión de educar… Pero si a los tres días de liberar tenés la peluquería llena, el tema es muy finito. Con el afán de pagar lo que tenés pendiente en vez de hacer un corte por hora hacés tres y ya la empezaste a c… si no aprendemos de todo esto ¿qué?... vamos a ver cuando retomemos una vida más o menos normal lo que ocurre, porque si uno no aprendió, guarda con las recaídas”. 

En el final, cuenta que lo que más extraña en todo esto es “los afectos primarios, porque somos muy pegotes. En el caso de los peluqueros está eso, nuestros negocios son la casa, en muchos de los casos nuestros clientes han visto crecer a nuestros hijos. Al punto tal que en mi caso me ha pasado que clientes míos me han llamado para ofrecerme dinero porque saben que no estoy trabajando. Pero sé que todo esto va a pasar, el tema es saberlo llevar adelante”. 

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“Payaso” con ventajas 
Juan Fernández es, además, integrante de un grupo de payasos y siempre tratan de ponerle la cuota de humor y hasta brindarle a la gente un show vía Facebook o Instagram. “Intentamos jugar, dentro de todo; siempre nos quejamos de que no teníamos tiempo… bueno, ahora lo tenemos. Y hay que aprovechar eso, dentro de la mitad llena y hacerlo con la vacía”. 

Los payasos que integran el grupo Detonados y la Compañía Había Una Vez le llevan en muchos aspectos una gran ventaja al común de la gente. Pues ellos han transitado durante mucho tiempo los pasillos de clínicas y hospitales de la ciudad, Bahía Blanca, Capital Federal y el conurbano. 


Juan Fernández


En la mayoría de esos casos dando su cuota de alegría y esperanza a los chicos y adultos y en muchos aspectos se han estado codeando mano a mano con la muerte por representarlo con imagen. 

Esto a Juan le lleva a pensar que hay mucho de paralelismo con esta situación: “Creo que esto todavía no arrancó y va a llevar un tiempo importante. Y que nos vamos a fundir un montón sí, pero de esa se sale, se empieza de vuelta… De la otra no. Y hay que ver lo importante de la vida, el tener a tu gente grande, a tus padres o a tus hijos bien, es lo importante y tenemos que salir de esta sanos. Para poder arrancar de vuelta y seguir. Cuando viajamos a Capital con Guillermo Jaime, su mujer, Verónica y la gente de allá se lo pasa diciéndonos ‘gracias’, es algo que no entiendo, porque el milagro es el de ellos, de volver al lugar donde han visto enfermos a sus hijos, algunos de los cuales murieron. Y van a acompañarlos con la mejor energía para decirles que se tiene que seguir viviendo; eso es el ejemplo que hoy tenemos que tomar”.