Una imagen de la Plaza San Martín y el Palacio Municipal en plena construcción (A. Errea)

La Ciudad

136º Aniversario de Tres Arroyos

Una aldea devenida en ciudad pujante

24|04|20 09:21 hs.

El primer antecedente de la fundación de la ciudad de Tres Arroyos data de marzo de 1865, cuando bajo la denominación de “El campamento de los Tres Arroyos”, el coronel Benito Machado gestionó ante las autoridades a fines de marzo de 1865 la fundación del pueblo. 


El jefe militar que conducía en esta región las campañas para proteger los territorios que se le habían usurpado a los indios había instalado su campamento en proximidades de la confluencia de los tres cursos de agua que luego que le darían nombre al partido. 

El 19 de julio de 1865 se crearon 27 nuevos partidos en el marco de la denominada campaña al exterior del Río Salado. Uno de ellos fue el de Tres Arroyos, siendo dividido en siete cuarteles y contando con una extensión mayor que la que hoy posee. 

En 1869 se realizó el primer censo en la Argentina, el mismo arrojó como resultado que en el partido vivían 560 personas. Doce años después, en 1881, el distrito tenía 6595 habitantes, haciéndose cada vez más necesaria la fundación de una ciudad cabecera. 

Finalmente, el 24 de abril de 1884, el titular del Poder Ejecutivo Provincial, Dardo Rocha, decretó la fundación de la ciudad de Tres Arroyos, situada en proximidades de los arroyos Orellano, Del Medio y Seco, los cuales atraviesan el ejido urbano de la localidad y luego se unen formando el arroyo Claromecó, que le da nombre al principal balneario del distrito y se produce su desembocadura en el mar.

Los inicios 
“Pocas casas había por el lugar, algunas esquinas de campo que proveían las necesidades de los dueños y peones de estancia y el murmullo de los arroyos libres de contaminación que recorrían el lugar y luego se juntaban para seguir hasta su desembocadura en el mar”, describe Stella Maris Gil en uno de sus tantos artículos escritos para LA VOZ DEL PUEBLO sobre los primeros tiempos de vida de la ciudad. 

“Dos años después de la fundación llegó el tren. Inmigrantes y algunos criollos descendían en ese andén de la estación que aún sobrevive, con su equipaje de valijas de cartón o con su ‘mono’ al hombro, donde llevaban sus escasas ropas. Cruzaban Ituzaingó para hospedarse en las fondas a la espera de conchabarse en algún campo o a ‘laburos’ en la construcción. Muchas de esas construcciones persisten aunque ya no está el Restaurant La Toscana en 25 de Mayo, casi Ituzaingó, construido cerca de la llegada del ferrocarril. En el centro de la ciudad, alrededor de la plaza Máximo Paz, hoy San Martín, unos ranchos de adobe eran sede de la Municipalidad y de la capilla”, agrega la historiadora. 

El tren 
El progreso estaba en marcha. Y el ferrocarril era la locomotora que lo impulsaba. “En el barrio del ferrocarril se hicieron construcciones sólidas que aún perduran. Los zaguanes utilizaban materiales importados, el hotel Plaza brillaba con sus arañas y maderas talladas. El edificio de Grandes Almacenes El ABC era un hito monumental entre las casas bajas. Un palacio en una aldea, diseñado por el arquitecto Quinke. Las calles barrosas y con zanjones donde se encajaban los carros se volvieron empedradas y luego asfaltadas”, cuenta Gil. 

“Vinieron las Obras Sanitarias y con ellas el agua corriente, fin de la bomba; las cloacas, fin de los pozos ciegos, aunque en la suburbanía las carencias continuaron por largo tiempo y todavía existen en algunas de ellas. También llegó el gas, fin del querosene y en algunos casos la leña. Muchas calles se mostraron más iluminadas, sobre todo las del centro comercial donde tiendas y confiterías se agruparon en las primeras cuadras de la calle Colón”, agrega la historiadora. 

Los barrios
Llegó un momento en que el trazado original del pueblo traspasó las avenidas que los circundaban y surgieron los barrios. 

La ciudad debía responder a las nuevas necesidades: más escuelas, más salitas de atención primaria, agrandar el Pirovano, mejoramiento de los servicios urbanos, hasta circularon colectivos. 

Más negocios destinados a satisfacer las necesidades del campo, más almacenes, más farmacias y los primeros supermercados locales. 

Tres Arroyos se convirtió en una ciudad de perfil agropecuario, comercial e industrial.