“La queja” (Sir Edward Burne-Jones)

Opinión

Psicología

Que la queja no te frustre

26|04|20 11:03 hs.

Por Claudia Torres (*)


Épocas difíciles, momentos que quizás podrían servir de replanteos y adaptaciones que nunca habíamos tenido que experimentar. Cambio de costumbres, de hábitos, tanto a nivel personal como a nivel social.

Y aparecen diferentes manifestaciones internas en este nuevo contexto. Miedo, ansiedad, angustia, tristeza… entre otras. También es muy recurrente y se torna casi cotidiana, en estos momentos, la queja y la frustración. Sin embargo, pienso que las crisis son oportunidades donde también se encuentran sentimientos positivos que deberíamos valorar. 

Pero hoy me pregunto, ¿Qué es la queja? ¿Cumple la queja alguna función? ¿A quién va dirigida la queja? Quien se queja es porque está descontento y porque de alguna manera quiere conseguir algo. 

Podemos definirla como una manifestación o demostración de desconsuelo pena, pesadumbre, sufrimiento, dolor, angustia, pesar. 

Tengamos en cuenta que todos hemos experimentado alguna vez las consecuencias de la queja constante, ya sea en primera persona o escuchando a otros hacerlo. 

Claro que no estamos hablando de una queja aislada en un momento determinado que nos agobia, nos sobrepasa; sino de la queja como hábito, como forma de vida.

En realidad la queja es un mecanismo valido, útil en términos psicológicos, ya que esta proporciona un beneficio al individuo. Sirve básicamente para exteriorizar las emociones y pensamientos negativos y movilizarse así para la acción. Está comprobado que esta forma de desahogarse es práctica en determinados momentos. Pero cuando una queja se queda solo en eso, entonces comienzan a aparecer los problemas. 

Este tipo de queja es el que lleva en muchas ocasiones a permanecer inmóviles, lo cual se ha comprobado que es bastante perjudicial para la salud emocional del sujeto. Así podemos ver que, el fin primario de la queja es llevar a la acción de cambiar aquello de lo que uno se queja. 

Esta es la queja útil. Aquella que utilizamos como forma de vida en la que solo te desahogás y solo te quedás con mal humor, no lo es.

Lo perjudicial de este comportamiento es que, no afecta solo a la salud física y mental de la persona que se queja sino también a la de las personas de su alrededor, llevando a alejarlas cada vez más. 

Si esto puede llegar a ser así, y corremos el riesgo de quedar aislados o al menos cada vez más solos, entonces ¿Por qué lo hacemos, para qué? 

El camino fácil sin duda es pensar que cuando esto ocurre las personas se han marcado como propósito amargar la vida de todos los de su alrededor, y aunque esto de hecho puede llegar a ocurrir, hay que tener en cuenta que en estos casos se está utilizando la queja como forma de relacionarse con el mundo porque se ha aprendido a hacerlo de esta manera, porque las experiencias previas y relaciones con los demás han reforzado esta actitud. 

Esto significa que las personas que actúan así no saben hacerlo de otra manera porque es lo que han aprendido. 

Lo podríamos tomar como algo negativo, en la medida en que la dificultad que existe a la hora de cambiar las creencias de una persona, cuanto más adulto más difícil, nos dificulta el cambio en su conducta.

Pero esto tiene su lado positivo, si estamos hablando al fin y al cabo de mero aprendizaje, eso significa que podemos desaprender lo que hemos aprendido mal. ¿Qué nos sucede cuando a pesar de haber planeado y deseado algo, no lo podemos llevar a cabo? 

Solemos tener proyectos, sueños que queremos cumplir; podemos tener mil ideas diferentes, deseos que pretendemos concretar…y sin embargo, no llegamos a hacerlos realidad por diferentes razones. 

A veces la realidad nos golpea fuerte y quedamos ahí…con nuestros planes sin plasmar. Este sentimiento que se genera cuando no logramos satisfacer un deseo planeado se denomina frustración y todos la hemos sentido en algún momento. 

La frustración es un sentimiento de impotencia, una respuesta emocional que emerge cuando ciertos deseos y expectativas no pueden ser cumplidos. 

Es esa discrepancia que se nos presenta entre lo que consideramos ideal y aquello que es real. Junto con la ira, la frustración es una de las emociones humanas más comunes, que si no aprendemos cómo manejarla y eventualmente superarla, acarrea como consecuencia un sentimiento estable de decepción. ¿Nos puede afectar a todos? 

La respuesta es sí; claro que tanto chicos como jóvenes y adultos tenemos este sentimiento por diferentes razones. Un niño o un joven puede sentir frustración y desanimarse al rendir mal un examen o al no satisfacer las expectativas de quienes confían en su talento artístico o deportivo.

Es natural que uno sienta decepción e impotencia al no superar sus objetivos y es fundamental la contención, la comprensión y el acompañamiento del entorno para minimizar los efectos, superar el trance y no extender la presión y la exigencia. 

Los adultos la padecemos tanto en nuestras vidas privadas como en nuestro entorno laboral. Podemos llegar a experimentar frustración por no concretar nuestras metas, por ejemplo, al tener algún problema con nuestras parejas, no lograr tener un hijo de manera natural, no encontrar empleo, esforzarse a diario en materia laboral y que, aún así, el sueldo no alcance para cubrir necesidades o expectativas personales, no rendir al máximo en la actividad o deporte que nos apasiona, la desilusión de aquel negocio o inversión que ha salido mal, son algunos generadores que podemos mencionar e identificar. 

Tengamos en cuenta que la frustración es un estado transitorio y por lo tanto reversible, tendríamos que saber gestionarla para que no nos produzca tanto malestar. 

Si logramos reconocer nuestros límites, sabiendo que no todo lo que nos proponemos lo podremos llevar a cabo. 

Aceptando, aunque cueste la realidad aunque nos resulte injusta o desilusionante. Siendo flexibles y plantearnos expectativas realistas que a la vez nos facilite aprender de nuestros errores, quizás nos haga más tolerantes a la frustración y nos brindemos una mejor calidad de vida. 


(*) Lic.Claudia Eugenia Torres 
M.P.:40256 
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