Opinión

Cuento, de Marina Villanueva

Cubiertos al descubierto

26|04|20 11:15 hs.

Por Marina Villanueva    

Siempre me interesaron los cubiertos. Hasta su ubicación es importante. Casi como las personas… que si a la izquierda, que no, que ese primero… Que si la cuchara más plana es para el helado, que la pequeña para el café, la que sigue para el té, la otra para el postre, la última para la sopa y por fin don Cucharón… 

Se llamaron cubiertos porque se presentaban, precisamente, cubiertos. 

Ahora cuando quedan al descubierto, cómo se expresan… 

Anoche, sin pensar en mucho tiempo atrás, es decir te cuento lo de ayer, no de la semana pasada, escuché la conversación que mantenían algunos de ellos. 

El cuchillo se quejaba del poco trabajo que tenía; "cada vez comen en esta casa menos carne o sea que tengo menos presencia y cuando traen la carne trabajo muy duro, tan duro como compran la carne dura”. -“Ella dice que le gustan otras comidas y no el asado de él, que chorrea sangre." 

El tenedor también rezongaba de su poca utilidad y lo escuché: "primero las hamburguesas, luego la pizza, los sandwichs y ahora los finger food. Vuelven en este hogar a lo cavernícola: comer con la mano.”

"¡Hogar? dijo la cuchara, siempre metida en todo menos en la sopa que ya ni se sabía qué era que llevaba.- "Si esto es hogar…si hasta lavavajillas hay”.- Cada sacudón con agua, luego el sauna, todo está patas para arriba desde los vasos, hasta los platos en fila india.

–“Demasiada lluvia, detergente abrasivo, ese calor que te seca y te saca las ganas de hablar ¿Y ellos también andan patas para arriba o no? Los de la casa. Lo digo yo que soy la más metida, la cuchara, señores.”

El cucharón rememoraba diciendo: "Antes nuestra familia era de plata, nos lustraban, nos acariciaban, Hasta nuestro parientes pobres, los de alpaca relucían por las caricias del brilla metal. -“Yo soy el nuevo, el que es de acero inoxidable pero igual siento los cimbronazos en el lavavajillas y en la casa.-Por suerte entre ellos más que platos no se tiran.- Los cubiertos, en ese sentido somos respetados, aunque no respetuosos porque ¿contamos todo, no?" 

El lavavajillas harto de escuchar los cubiertos terció diciendo: "Acá no hay nadie conforme.- Ustedes discuten por ustedes y se la agarran conmigo.- Mercedes y Gervasio discuten entre sí para ver si carga a ustedes en mi pobre rejilla.- Hay que oírlos y le saco la "hache" y digo Ay que oírlos porque duele escuchar esas pavadas por las que pelean."

Gervasio grito¨:"te compré ese maldito lavavajillas y lo estoy pagando y tendré que seguir pagándolo un año y medio más.-Ni al cine iremos. Claro, a la señora le da asco tocar los platos sucios y encima quiere que su maridito los enjuague. Quien paga el lavavajillas? Yo, y siempre yo.- Que las uñas, que el esmalte, que las manos… que me tenés cansado ya" 

"Querido, queridito qué pena que lo cargaste, no funciona y se acabó la garantía. Vos no quisiste comprarme el bueno, no quisiste ampliar la garantía.- Lo barato sale caro. y esto se acabó y se acabó. Lo nuestro también se acabó.-La garantía, el lavavajillas, mi paciencia y el matrimonio. Se acabó.” 

Los cubiertos quedaron mudos, aunque se la venían venir. 

Quedaron ellos hablando y gritando. Los cubiertos en silencio pensando en su destino al partir los bienes. 

Pero ellos eran males. El lavavajilla y ellos.

Tiempo después, no mucho después, vino la abogada de ella, linda morocha por cierto, buenas manos, uñas largas, seguro que tenían quien le lavara los platos (marido o mucama) y empezaron el inventario para repartirse los bienes. 

Mercedes dijo "lavavajillas es una porqueria, cubiertos para él. Elementos de cocina nada para mi nuevo hogar, el sommier, heladera. De ahora en más finger food, dips, sushi.” 

Otro día les cuento más, hoy quedaron los cubiertos todos calladitos, calladitos y no dijeron ni a.