Opinión

Por Roberto Barga

Coronavirus: un mundo en transición

26|04|20 17:00 hs.

Isidro Ódena fue un intelectual argentino cercano a la usina de pensamiento que armó Rogelio Frigerio en la década del ‘50 del siglo pasado y que sirvió de apoyo programático al gobierno desarrollista de Arturo Frondizi entre 1958 y 1962. Ódena escribió un libro excepcionalmente claro y didáctico para entender las claves de la época, durante la guerra fría. El texto se llama “Entrevista con el mundo en transición” y segura y lamentablemente debe ser hoy un incunable. 


Isidro Ódena plantea allí el mundo de la posguerra, la bipolaridad que surge como consecuencia de los acuerdos de Yalta y la coexistencia pacífica entre la U.R.S.S y EE.UU. Coexistencia pacífica que se graficaba en conflictos periféricos (guerra de Vietnam o guerrillas en Latinoamérica, por poner algunos ejemplos), pero que en ningún caso provocaban un choque directo entre las dos superpotencias.

Aquel mundo quedó atrás, cayó el Muro de Berlín y parecía que la premisa de Francis Fukuyama, acerca de que la historia había terminado, se cumplía sin contratiempo. El mundo según Fukuyama (cercano ideológicamente al Partido Republicano de U.S.A), sería uno solo, ya no bipolar; la globalización no tendría límites y las democracias liberales se impondrían tras el fin de la guerra fría. O porque el destino es cabrón, como diría Joaquín Sabina o porque las contradicciones de los procesos históricos, como prefieren los marxistas, no se detienen. Lo cierto es que la crisis del coronavirus ha puesto patas para arriba el orden establecido. 

Tomando a los pensadores y ensayistas que cada uno prefiera y. en estas columnas hemos referenciado a varios, todos coinciden en que el mundo hasta ahora conocido, va camino a desaparecer dando lugar a otro distinto. Por supuesto que las experiencias históricas no son extrapolables y que como decía ese judío alemán llamado Carlos Marx, que se estará revolviendo las tripas en un cementerio de Londres viendo las tensiones que afronta el capitalismo, lo que ayer fue tragedia, hoy puede repetirse como comedia. 

Es probable que surja un mundo de nuevos bloques liderados respectivamente por EE.UU., Inglaterra y Alemania por un lado y China y Rusia por el otro, y que los países periféricos orbiten en torno a alguno de estos nuevos polos. A resultas del Covid-19, la globalización tal como la conocemos pasará al arcón de los recuerdos.

China, afronta su Chernobyl (accidente nuclear que funcionó como presagio de la caída de la Unión Soviética), con consecuencias inciertas. Algunos analistas, suponen que la economía del gigante asiático no va a crecer más del 4% anual, cuando necesita no menos del 7% de crecimiento para sostener su mercado doméstico de consumo. La estrategia de China de aquí en adelante, será mostrarse solidaria y colaborativa con el mundo, para intentar no perder mercados que se desinflan ante la caída del consumo. Puede dar fe de está “solidaridad”, el gobernador Kicillof, que compró por 10 millones de dólares barbijos y equipos de protección. 

El otro “bloque” también está viviendo su dantesco Chernobyl. Decíamos hace tres semanas que EE.UU. había perdido desde el comienzo del terremoto virósico seis millones de empleos. Bueno, al momento de escribir estas líneas, la crisis del coronavirus se ha llevado por delante 24 millones de contratos laborales. En consecuencia es inevitable preguntarse cuál será la suerte que correrá Donald Trump en noviembre venidero, cuando le toque jugarse la reelección. Los estudios demoscópicos disponibles al momento indican que el oponente demócrata Joe Biden , lo aventaja considerablemente y la brecha se agranda en los menores de 30 años. Dicho esto, sería una irresponsabilidad dar la contienda electoral por concluida, sobre todo porque Trump es un presidente que entiende como nadie el lenguaje comunicacional moderno, es el campeón del significante vacío (construir mensajes que quieren decir una cosa y la contraria a la vez) y porque toma medidas que agradan a sus votantes, volviéndolos más fieles. Por ejemplo, acaba de suspender las visas de inmigración laboral por 60 días. Recordemos que en U.S.A. el voto es optativo, de ahí, la importancia de fidelizar el voto.

Va quedando claro que desde que se desató este infierno, esta crisis es una crisis de perdedores. China lidiará con el agujero que le provocará la caída brutal de exportaciones, a la par que tendrá que ensayar alguna explicación coherente de lo que pasó en Wuhan. Las democracias liberales occidentales verán en el derrumbe del empleo y en el cierre de empresas el comienzo de interminables conflictos sociales. Más que cooperación, el devenir apunta a bloques comerciales duros, llenos de aranceles, penalidades y denuncias ante la Organización Mundial del Comercio. 

Capítulo argentino 
Más allá de la situación periférica que nos concede la cartografía mundial, pero, sobre todo, nuestra condición de país exportador de productos con poco valor agregado, la Argentina y su presidente Alberto Fernández como máximo conductor del timonel, deberán tener sintonía fina a la hora de comprender como funcionará el mundo que viene. Nuestro país no tiene una lista de aciertos a la hora de comprender qué música suena en las distintas coyunturas mundiales. Esa es cuestión para otro material. Pero un diagnóstico preciso de donde estamos parados es esencial para saber qué se debe y qué se puede hacer. 

Sin dudas viviremos en nuestro país tiempos de mantas cortas. Darle a la maquinita de hacer billetes no es una opción entre otras, es la única opción para que el derrumbe sea parcial. Sostener la demanda, sobre todo de alimentos, acarrea transferencia de recursos a sectores monopólicos y a las puntas ligadas a la comercialización, que automáticamente convierten sus ganancias en moneda dura o sea en dólares. 

Hay que sumar a la tensión cambiaria de estos días, la baja sostenida de la tasa. Hoy los bancos pagan al ahorrista 26% de interés contra una inflación que tranquilamente terminará el año arriba de 60%. Bajar la tasa es el imperativo de la hora si se quiere prestar dinero a las empresas para que aguanten el temporal. El problema es que no será con los pesos de los ahorristas, estos se están yendo al “blue”, hecho constatado en estos días al ver como se deshacían los plazos fijos. La caída en las renovaciones es vertical. 

Serán tiempos donde la travesía estará entre Guatemala y Guatepeor.