Opinión

Por Roberto Barga

Coronavirus: la política terminó su cuarentena

03|05|20 11:57 hs.

La política argentina comienza a dar señales de respirar con cierta autonomía en relación al coronavirus, o se adapta a él, y, desde la pandemia, cada actor va realizando su juego. Un inusual y a veces imperceptible movimiento, da cuenta que, las capas tectónicas de la política tienden a reacomodarse. Veamos. 


Desde hace dos semanas, el jefe de Gobierno porteño es incomodado un día sí y otro también con noticias adversas. Primero fue por la compra de barbijos con sobreprecios. 

Después la polémica lo envolvió, porque el gobierno de la Ciudad autónoma quería que los mayores de 70 años avisaran al teléfono 147 si salían de sus casas. Este intento de control quedó abortado ante la avalancha de quejas que iniciaron vecinos reconocidos, a los que la medida afectaba por pertenecer al grupo etario en cuestión. El gobierno de CABA ha tomado desde la gestión Larreta medidas mucho más polémicas que la restricción de movimiento a la tercera edad. Restricción, por otra parte justificada en un encierro que abarca a toda la población, no sólo a los mayores. Sin embargo, llovieron gatos y perros sobre la administración Larreta. 

Luego otra denuncia involucraba a una hermana de Horacio Rodríguez Larreta en la administración de hoteles porteños que albergan a argentinos provenientes del exterior, que deben realizar la cuarentena obligatoria. 

Otra denuncia periodística da cuenta de la compra de tests para detectar coronavirus a una empresa del amigo de la “vida” de Mauricio Macri, el empresario Nicki Caputo. Y por último, por lo menos por ahora, se conoció que los barbijos de marras, estaban vencidos. 

A juicio de este cronista, quienes crean que este conjunto de hechos es fruto de la casualidad, pecan de mínima, de cierta ingenuidad. Horacio Rodríguez Larreta cultiva un rasgo determinante de la comunicación postmoderna, que es la “positividad”. Byung Chul-Han, el filósofo que mejor describe la estética del momento, se sorprendería del andamiaje positivo que le dedican los medios masivos y no masivos de comunicación al jefe de la CABA. Sin embargo, las balas de algunas terminales mediáticas comienzan a pegar en la línea de flotación del larretismo y no son balas enemigas, más bien el fuego es amigo. ¿Por qué?, pues porque los constantes pegoteos que se dedican el presidente Fernandez y el jefe de Gobierno, desagradan a muchos integrantes del PRO, que se sienten relegados de esta corriente de empatía de la que gozan los gobernantes que están en la primera línea de lucha contra la peste. 

Del otro lado del arco político también hay movimientos, tal vez más sutiles. La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner apura su jugada. Le pidió a la Corte que se expida sobre el funcionamiento telemático del Senado y esta le respondió que ese no era asunto de su incumbencia. Algunos medios, tal vez cegados en el odio que le dispensan a la vicepresidenta, vieron en esa respuesta un revés para Cristina. Más bien es todo lo contrario, tiene libertad de acción para el tratamiento del “impuesto patriótico”. Otra cosa es lo que luego interpreten los jueces, con respecto a la validez de lo que sancione el Senado, pero eso es harina de otro costal. Lo que importa aquí es el volumen político que adoptaría Fernández de Kirchner, para tratar un tema que a un tiempo ratifica adhesiones a su liderazgo y que opera como condicionante para Alberto Fernández , toda vez que este es acusado de tibio y conciliador con los poderes fácticos. 

Hay que sumar dos episodios que agregan voltaje a las internas del oficialismo nacional. El “tema” presos y sus salidas anticipadas opera como aglutinador del arco opositor. Salvo la izquierda troskista, todos se plegaron a la campaña “antisalidas”, bajo el eje convocante de “vamos a terminar como Venezuela”. Más allá de la torpeza del Gobierno a la hora de comunicar (porque una cosa es hacer prensa, ejemplo: los reportajes que da el presidente, un día sí y otro también, y otra es tener una política comunicacional), es evidente que los sectores opositores duros arrastran al resto. Hasta Larreta se vio obligado a despegarse del tema. 

La otra interna que mueve los cimientos políticos es la salida de Alejandro Vanoli del Anses. La decapitación de Vanoli estaba decidida hace días, pero el momento de anunciarlo operó en conjunto con la oportunidad y la conveniencia. Qué mejor momento que anunciar la salida que cuando al Gobierno le cascotean el rancho con el asunto de las cárceles. 

Su reemplazante es Fernanda Raverta, cuadro de La Cámpora. Esta organización demuestra músculo y poder, al consolidar su dominio sobre una de las grandes “cajas” del Estado, más en tiempos de derrumbe, donde para muchos argentinos, lo único que llegará será la larga mano del Estado. 

Todos para la foto 
Parece ser que a los que “ni están ni se les espera”, en las mesas de Olivos, no les agrada que se piense el futuro sin ellos. En el PRO y en el peronismo, saben que afuera llueve y hace frio. 

En esa zona de “confort” llamada cuarentena (lo decimos por la alta adhesión que tiene todavía la medida en la opinión pública, más allá de algún descenso), también pasan cosas. El “café para todos”, expresión usada durante la transición española para justificar que todos recibían algo a la hora de repartir beneficios, se termina. Las primeras desinteligencias surgieron entre los gobernadores y el presidente a la hora de tomar medidas para iniciar el desconfinamiento. Alberto Fernández comunicó en una cuasi cadena nacional que quedaban habilitados los paseos recreativos de una hora. Las ilusiones de mucha gente de tomar un poco de aire, quedaron hechas trizas en poco tiempo. Tres gobernadores (Perotti, Schiaretti y Kicillof) y un jefe de Gobierno (Rodríguez Larreta), dieron por tierra con la medida presidencial, al plantear que era de difícil instrumentación. 

Más allá de las razones y conveniencias de cada político, en el medio está la “gente” como se dice ahora, a lo que antes se llamaba el pueblo. Sería mejor que a los experimentos, los dirigentes se los guarden para los laboratorios y que a la gente les bajen las medidas ya consensuadas, sobre todo en un momento de tanta angustia e incertidumbre. 

Si los números del coronavirus en la Argentina se proyectan como hasta ahora, la desescalada de la cuarentena es inevitable. Los gobernadores podrían doblar la apuesta presidencial y plantear una agenda pública sobre cómo darle logística seria al trasporte público o al distanciamiento social en la apertura de todos los negocios. El desconfinamiento es complejo, pero aparte de peinarse para salir en la foto del supuesto éxito de la lucha contra el virus, la “política” tiene que estar a la altura, porque si algo demuestra la opinión pública es que es tremendamente inestable.