(Foto: Juan Barretta)

Sociales

Escritor y periodista cultural tresarroyense

Mariano Vespa: una voz con presencia

10|05|20 09:47 hs.

Por Valentina Pereyra

El timbre del teléfono alertó la atención mí mamá. Del otro lado, una mujer preguntaba por su hijo. “Era Sara Facio, llama en media hora”. 

Sabía que la presidenta de la Fundación María Elena Walsh comunicaba personalmente los premios que se obtuvieran en el concurso literario, así que ese tiempo de espera fue interminable. 

Tal lo convenido treinta minutos más tarde volvió a llamar y, esta vez, llegué y atendí. Al escucharla sentí una enorme emoción, es una referente, la compañera de María Elena Walsh por tantos años, un baluarte nacional, fue muy fuerte. Pensé que podía ser finalista del concurso de género biográfico que organizó la Fundación, pero no que había ganado. Reaccioné cuando Sara me dijo que valoraba mucho el rol del jurado, y me felicitaba. Entonces le hablé de mi emoción y gusto por conversar con ella y por supuesto se filtró el contexto del aislamiento por lo que me dijo que festejara con mi mamá como pudiera, pero que festeje.

Levanto “Presencias simultáneas” y lo sostengo fuerte, pero suave, firme, pero ágil. 

Soy un lector tardío, comencé como hábito o modo de vida tarde y hoy no me puedo pensar sin leer. Ahora me siento más cómodo partiendo de la literatura y de ahí derivar hacia otras artes. 

La escritura vino como consecuencia, hace ocho años comencé en el diario Perfil al que llegué por conocer gente, por conversar… Pienso mucho en los diálogos y charlas con otras personas, con amigos que motivan, Rita Segato habla de “pensar en conversaciones” y eso me estimuló a escribir en los medios. Luego publiqué para la revista del diario La Nación notas sobre arte y literatura. 

Acerco el libro, lo leo, lo veo. 

Un glaucoma de nacimiento me alejó del Jardín de Infantes hasta las últimas salitas, así que estuve con tratamiento inicial y muchas operaciones, por lo que fue complicada la inserción en ese nivel, es que en esos tiempos no se concebía la inclusión como lo es hoy, por lo que mi mamá tuvo que moverse mucho para que me admitieran ya que no veía casi nada. Pasé toda mi vida escolar en el Colegio Jesús Adolescente, estrené el UBA XXI de CRESTA y luego me fui a continuar los estudios de Comunicación Social a la UBA. 


Mariano Vespa (Foto: Juan Barretta)


Mi hermano mayor estaba en Buenos Aires y me ayudó, pero el cambio fue muy grande porque vivir en la capital se convierte en esa cabeza de Goliat y se nota, incluso hasta el año pasado -que ya estaba bastante estandarizado -sentí, noté la neurosis de la vorágine. Al llegar busqué trabajo y conseguí ingresar a la Tarjeta Visa donde estuve nueve años en distintos sectores, pero me daba cuenta que no avanzaba en la carrera, así que dejé y retomé los estudios que terminaré una vez que presente mi tesis sobre el lunfardo. 

Paso las primeras hojas y me detengo, no está terminado, tengo que corregir. 

Un poco la lectura genera en forma pormenorizada la escritura, hay una relación en mí casi tridimensional respecto a la lectura y sus efectos. Creo que además de toda la imaginación que genera, te transporta a otro tiempo y espacio que te moviliza más allá del tiempo físico que estás leyendo, es el tiempo de la historia, el tiempo del libro que te lleva a otro lugar. 

Eso es fundamental, no solo para pensar el ejercicio periodístico o literario, o el saber acumulativo como lo entiende la doxa, sino lo más interesante que tiene la lectura que es la posibilidad del pensamiento, las abstracciones, los caminos secundarios que propone y algún recodo. 

Entonces surge de ahí la escritura, como un bichito consecuente, pero no es prioridad, estoy vinculado a ella por el ejercicio periodístico que te da cierta posibilidad de respuesta rápida a determinado tipo de escritura que no es la misma que la literaria. 

Apoyo el índice en algunas citas que debo releer, recuerdo las conversaciones. 

Recién ahora armé un libro y muy lento, en mi caso, doblemente lento porque al trabajar con el lenguaje y estar rodeado por él, me vuelvo un poco riguroso y autoexigente y, en cierta forma, no esperaba un premio. Me presenté porque las bases del concurso eran sobre el género novela biográfica que es lo que más me interesa, el que más leo y no esperaba un premio con ese jurado integrado por los escritores María Moreno, Pablo De Santis y Tomás Downey (ganador de la primera edición), obtenerlo es un envión para profundizar el camino de la lectura y, a la vez, animarme un poco.


Mariano Vespa (Foto: Juan Barretta)


Recomendaciones 
Dentro de esa vinculación entre escritura y lectura me parece que me interesa Roberto Bolaño, el chileno, pero me cuesta pensar en algún autor que me influencie porque ellos van cambiando, por eso me gustan los libros, los autores que trabajan con el riesgo del lenguaje, que juegan con las posibilidades y las alteraciones en el tiempo como “Zama”, de Antonio Di Benedetto que es una obra fundamental, “Eisejuaz” de Sara Gallardo, o María Moreno que desde el periodismo generó un cambio evidente en el modo de hacerlo, también “El mal menor” de Charly Feiling, descubrí a Yury Herrera en ese juego de palabras, a Fogwill. 

A muchos autores que leo luego los conozco en persona, tal el caso del libro sobre Rafael Pinedo que se nutre de la vinculación y conversaciones con tengo con dos escritores bolivianos, Edmundo Paz Soldán y Liliana Colanzi -que son amigos- y surge a partir del diálogos con ambos. 

Mi única recomendación es la persistencia en la lectura, sobre todo para el que quiere construir su propia voz, es muy difícil generar una voz personal, literaria, desde cero, sin ningún tipo de influencia o lectura. 

Encuentro a Pinedo, me encuentro, estoy. 

Me gusta un libro de Liliana Villanueva que dice que para escribir se necesitan dos cosas: el sentido del lenguaje y el del misterio. En el lenguaje hay misterio. Para ser buen escritor hay que ser buen lector y no se determina por una voluminosa biblioteca, sino por determinados criterios o un poco de intuición, una lectura te lleva a la otra y algo que te genera el libro que te conecta con otro. 

En noviembre me fui a Cuba a un taller de cine y dejé un poco Buenos Aires, regresé y me reinstalé en Tres Arroyos porque quería hacer un poco de base, no para volver definitivamente, en realidad pensaba ir en marzo por primera vez a Europa a visitar museos, a hacer notas, también me proponía conseguir fondos para ir a Brasil a investigar a un autor que me interesa, pero el aislamiento me dejó aquí, la cuarentena abre la incertidumbre. La planificación que hice del primer semestre del año se esfumó como el proyecto de hacer la curaduría literaria para una embajada en un stand de la Feria del Libro, ahora me estoy reinventando, veo si doy algún taller, digitalizo alguna de mis notas, las que más me gustan y estoy corrigiendo el libro para enviarlo a la editorial. Me emociono, releo y disfruto. 

La pandemia me dejó en mi ciudad, me gusta, tengo mi biblioteca, estoy con mi mamá, acá me siento bien, estuve una década en Buenos Aires, por eso me desconecte de la gente de Tres Arroyos, recién ahora conozco de nuevo el ambiente local que me gusta mucho, encuentro lugares maravillosos para retroalimentar los conocimientos a través de las conversaciones con los protagonistas de cada uno. 

Construir comunidades, generar diálogos para relacionar distintas disciplinas… Pienso que la literatura es la reina de las artes, pero la vinculación entre ellas es fructífera y posible. Pensar el presente, discutir, crear un espacio muy abierto para construir cosas… 

“El recorrido de los objetos es tan inusual como los ribetes de la memoria”.

Quise seguir el camino de Pinedo como escritor, que fue un escritor tardío, que murió relativamente joven, justo cuando se empezaba a asumir como escritor. 

“Presencias simultáneas” golpean mi puerta, aquí estoy, dispuesto, cierto, seguro, leo, señalo, dejo, leo, subrayo, cambio, leo, escribo, leo.  


Mariano Vespa (Foto: Juan Barretta)


                ----------------------------

Mariano y la voz de Ricardo Pinedo

“Presencias simultáneas” es un título provisorio y surge a partir de un libro de Matías Serra Bradford, crítico de Clarín, “La biblioteca ideal”, que es un libro inclasificable. 

Me gustó esa frase para entender la biografía que no es clásica de las que se llamaban heroicas, cronológicas, las que narran toda la vida de alguien, sino las que toman determinados tópicos o lugares. Tuve asimismo la influencia de otro libro que publicó la “Bestia Equilátera” de Michael Hollroyd, “Como escribir una vida”. Tarde o temprano las biografías van a ser fragmentarias y van a explotar ese fragmento. Me interesó relatar la vida del escritor Rafael Pinedo que leí hace algunos años y luego empecé investigar sobre él: un escritor formado en matemática, de dos familias tradicionales, hermano de Jorge y nieto de Florencio Escardó, no pensé contar una biografía total, sino cómo estas relaciones familiares se filtraron en su novela “Plop” de un lenguaje muy trabajado, muy metódico, una novela fuerte, desbordada… 

Me llamaba la atención la potencia de “Plop” -luego leí sus novelas post mórtem- pero con ésta tuve un impacto intenso, que me generó adrenalina. Es una novela muy sonora y provoca una fuerte identificación. Con esa fascinante novela apocalíptica, Pinedo obtuvo el premio Casa de las Américas en 2002. 

El libro es una obra fragmentaria y condensada, basada en más de cuarenta entrevistas con familiares, amigos y escritores, como Elsa Drucaroff y Angélica Gorodischer quien me contó que Pinedo era un tipo solo respecto al género, difícil de ubicarlo. La suya podría ser una novela de ciencia ficción o de terror, además pensando en su vida -publicó casi cuando tenía 50 años y murió en 2006- lo fragmentario responde a eso y a sus publicaciones que tienen una lógica casi matemática, fue tomar un personaje y rodearlo. 

Me ayudó leer poesía -sobre todo en la construcción de la forma- porque es un libro condensado, más que breve y para ello lo que más te da elasticidad es la poesía. El mundo de Pinedo es una distopía, los tabúes de “Plop” tienen que ver con el contacto, no dejo de pensar en esta sincronía con la pandemia, otro tipo de presencia simultánea.