Opinión

Psicoanálisis

La vida

10|05|20 18:28 hs.

Por Carlos Baffoni 

Enrique Dussel (*) dijo hace poco, en una entrevista televisiva, que la pandemia es un hecho inédito en la historia de la humanidad. Por primera vez, la especie humana, autoconsciente de ser viva, de que vive, la única en este planeta –las otras especies viven, pero no saben que viven, por lo que sabemos hasta ahora-, es interpelada toda y al mismo tiempo. Cuando dice la primera vez, es en 3500 millones de años que la especie humana apareció en el planeta. 

Es un ataque, una interpelación de la naturaleza a eso que el ser humano llama sistema mundo.

Un invento humano que tiene una fecha precisa: la modalidad, hace 500 años. 

El “descubrimiento” de América pone a Europa (hasta ese entonces una zona casi bárbara) en la centralidad del mundo. Todos lo sabemos, descubrimientos científicos, tecnológicos, extraordinarios, grandes instrumentos civilizatorios. 

Pero, aparece el método científico. Voy a tratar de ser breve y claro, a riesgo de no ser entendido. Este método propone al ser humano como el “yo pienso” (Renato Descartes, Siglo XVII). Define al ser humano como un “yo pienso” ante (ya se ve la oposición) una realidad natural que él llama “res extensa”, cosa cuantitativa, no cualitativa, la naturaleza. El ser humano como centro, y la naturaleza como un objeto, una cosa sin vida. Por lo tanto, manipulable, explotable, utilizada como medios para fines. Hoy casi todo el mundo sabe (los pueblos originarios desde siempre) que es una tremenda mentira que la “res extensa” no contenga vida. Haga un pocito en su jardín y enseguida verá que está lleno de vida. Claro, no humana, pero es vida, como la de nosotros. Qué usted no le dé el valor que tiene la suya, es su opinión, es probable que el gusanito que encuentre no merezca vivir y usted sí. Pero que es vida… No hay duda ninguna. 

Esta mentira (como tantas, llamadas “paradigmas”, o sea las mentiras en que todos creemos), fue y es el sapo que nos tragamos durante casi 500 años. Porque viene de “la Europa”. 

Esta mentira filosófica habilita al ser humano a explotar la tierra y a inaugurar eso que se llama “progreso”. Nace así el capitalismo. El “alma”, humana claro, y el “cuerpo”, sede del pecado, a explotar, a usar, hasta su agotamiento o muerte (50 millones de originarios en la América). 

Este sistema está pensando que va a hacer ante esta crisis, es la primera vez que se enfrenta a algo así. Sin duda, la modernidad tiene cosas maravillosas, ha logrado éxitos impresionantes. 

Pero cometió un error gravísimo, hoy denunciado por muchos: la modernidad no consideró los efectos negativos de su intervención en la naturaleza (*). Que vemos todos, para qué redundar. 

El aumento de la tasa de ganancia a full es el criterio, pero la naturaleza es una cosa viva. Somos parte de ella como seres vivos. El virus es un ser vivo. 

¿La bolsa o la vida? Es la encrucijada en la que nos pone el virus. No se invierte en la vida, porque no aumenta la tasa de ganancia. El virus es un efecto, indirectamente, un efecto de laboratorio. Y notamos, hasta el borde del delirio, intentos de sostener la tasa de ganancia a riesgo de extinguir la vida humana en el planeta. 

Por más que joroben, la gente no quiere ir a trabajar, porque somos seres vivos. Como se ve, la cuestión es fundamental. O la humanidad cambia, o se va a hacer el Harakiri (*). Según la tradición japonesa, el suicidio indigno, no el Sepuku, el digno. 

(*) Filósofo, teólogo e historiador argentino radicado en México desde 1976. 
 -Renato Descartes, “El discurso del método”. 


Carlos Baffoni